Pues nada, amiguitos, primer viernes de julio y última entrada del curso hasta septiembre. Y es que se me han acabado las ideas. Hace tiempo que no compro vinilos y de los que tengo, se me hace pesado buscar de cuales se ha hablado ya en este espacio y de cuales no. Así que en estos meses estivales me pongo como deberes actualizar mi stock para poderos dar buena cuenta de ello a la vuelta. Para esta ocasión os traigo una nueva reseña de los británicos Judas Priest. No lo he comprobado, pero apostaría que soy el que más álbumes de ellos ha traído por aquí. Así que, para poner otra tesela en el mosaico particular de la banda, hoy os hablaré de Stained class aunque creo no equivocarme si aseguro que pocos o ninguno de nosotros se convirtió en fan del grupo gracias a este álbum de portada diseñada por Roslav Szaybo y fotografiada por Ronald Kass. De hecho, no se editó en nuestro país hasta 1984, dentro de la serie barata Precio Redondo de CBS caracterizada por la correspondiente etiqueta adhesiva que algunos quitábamos de la cubierta porque la afeaba, algo que dejaba una marca indeleble en la misma.
Total, que antes del cambio de sonido e imagen que los convertiría en dioses internacionales del metal, los Priest editaron esta especie de obra de transición que suponía un timido prólogo a lo que ese mismo año mostrarían en su siguiente Killing machine. CBS les había asignado al productor Dennis Mackay, que les quería librar en parte de su querencia por los temas extensos con tendencia al prog setentero promoviendo una mayor inmediatez y concentración de la energía en canciones más directas. Con ese objetivo en mente, la banda –Rob Halford a las voces, K.K. Downing y Glenn Tipton a las guitarras, Ian Hill al bajo y el recién llegado Les Binks a la batería, que se había incorporado a finales de la grabación del Sin after sin y aguantaría sólo dos álbumes de estudio– se retiraron a un entorno pastoril donde en otoño de 1977 grabarían los temas que os comentaré seguidamente en los Chipping Norton recording studios, unas instalaciones ubicadas en la localidad del mismo nombre en plenos Cotswolds, una bucólica región llena de verdes campos ondulados y suaves colinas despejadas. Y aunque al parecer el proceso de grabación permitió aflorar ciertas tensiones entre Tipton y Downing, el resultado musicalmente hablando fue bastante satisfactorio. Al lío.
La primera cara se inicia con Exciter, un tema rápido y un buen ejemplo de
ese intento de giro de volante aunque de momento algo tímido, que en el álbum tan
solo dos temas bajan de los 4 minutos, pero que cristalizaría en su sucesor
Killing Machine. Con un sonido más aposentado en la zona de confort de la
banda le sigue la estupenda White heat, red hot, más que recomendable y por
la que tengo una especial simpatía, quizás porque es de esos temas de los
que nadie espera nada y a mi me parece muy logrado. Todo lo contrario que la
siguiente Better by you better than me, versión de la original de los Spooky
Tooth que CBS les obligó a grabar en el último momento de cara a hacerlos
sonar en las emisoras de Estados Unidos. Nunca me ha resultado simpática y de hecho me
parece poco ético que un grupo edite singles de presentación con canciones
que no son propias, aunque como en este caso la supiesen llevar
admirablemente a su terreno. Si eso refleja la confianza del sello en el
material propio de la banda, apaga y vámonos. Por lo menos les sirvió para
descubrir a James Guthrie, productor del tema ya que el álbum estaba en fase
de mezclas y Mackay no estaba en el estudio. Los Priest quedaron tan
contentos del resultado que escogieron a James para producirles su siguiente
trabajo.
Otro de los temazos del álbum es el tema título, un Stained class que sigue
sin despegarse del todo de las sendas progresivas de sus primeros discos en
las que la banda se siente tan cómoda. Y antes de dar la vuelta al vinilo
llega a lomos de una nave alienígena Invader, otro de los temas míticos del
disco.
En la cara B encontramos Saints in hell, quizás la menos directa de las
canciones del disco, que sigue arrastrando esa mezcla de psicodelia y prog
que tanto gustaba a la banda –ojo, y que tanto me gusta a mi– pero que al
parecer no es lo que buscaban para evolucionar. Y si no eran muy directos
del todo en lo musical, al menos en los nombres lo intentaban. Le toca a
Savage, tercer tema con título de una sola palabra y para mi gusto bastante
resultón aunque sin una personalidad propia entre el resto de canciones del
disco.
Todo lo contrario que la impresionante Beyond the realms of death, la más larga del álbum con sus casi siete
minutos y según afirma Halford –que la compuso junto a Les Binks–, su
favorita del disco. Todo un clásico y una verdadera joya en la que se lucen
Tipton y Downing con sus solos emotivos y sensibles. El disco finaliza con
Heroes end, uno de esos temas que nadie nombra entre las decenas de títulos
que recuerda pero que a mi me parece estupendo por su riff, arreglos y
sonido general. En fin, que Stained class es en mi opinión un disco
imprescindible sin duda, lleno de temazos del todo
reivindicables.
Y como ya os he dicho que en el pasado le había dedicado varias entradas a los Priest, completo la reseña de hoy con los enlaces al resto de sus álbumes de estudio entre el 78 y el 84.
Killing machine (1978)
British steel (1980)
Point of entry (1981)
Screaming for vengeance (1982)
Defenders of the faith (1984)
¡Feliz viernes, felices vacaciones cuando os lleguen y a atiborrarse de
música!
@KingPiltrafilla
Este no necesito escucharlo. Una joya. Mejor que el anterior y peor que el siguiente. Pero hablamos de una banda con un puñado de discarrales. Aquí Halford ya suena a lo que luego fue, aunque, claro, falta ese toque directo, rugoso y épico que arrancó unos meses después. Y sí, eres el más priest del vlog. Un abrazo.
ResponderEliminarNo te escaquees. Siempre se necesita escuchar una y mil veces los discos clásicos de Halford & Co. Un abrazo. KING
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