viernes, abril 30, 2021

Axxis - II (EMI, 1990)

 



Los años ochenta fueron, sin duda, y como también atestigua este blog, una época dorada para el hard rock, tanto en lo comercial como en la calidad artística. Entre la pléyade de músicos que levantaron sus cabezas buscando ganarse bien la vida en el mundillo, el mercado Alemán tuvo su cuota de éxito; de hecho, hubo una especie de "deutsche rock" al final de la década con bandas como Bonfire, Pink Cream 69, Victory o estos que hoy traigo, Axxis. 

La banda estuvo dando tumbos con diferentes nombres y formaciones varios años, hasta que un golpe de fortuna llevó una de sus maquetas a la mesa de un directivo de EMI Electrola. La maqueta contenía una sola canción, pero fue suficiente para que recibieran un contrato por cinco discos. Aquella banda, que por asuntos legales acabó cambiando su nombre al definitivo Axxis, la formaban Bernhard Weiss a la voz, Walter Pietsh a las guitarras, Werner Kleinhans al bajo y Richard Michalski a la batería. Juntos grabaron el debut Kingdom of the night en 1989 bajo la producción de Rolf Hanekamp. El álbum se convirtió en un éxito en el mercado centroeuropeo, alcanzando el disco de oro en Alemania. Ese éxito les empujó a grabar este segundo disco, titulado simplemente II, al año siguiente. Vendieron incluso más que su predecesor y tuvieron una mordida en el mercado yanqui, pequeña, pero suficiente para que la compañía les trasladara a grabar su tercer largo hasta los estudios de Joey Balin en Pennsylvania e intentar dar el saltito atlántico. The big thrill (muy recomendable) se publicó en 1993; volvió a vender en Europa como sus predecesores, pero el mercado yanqui ya no estaba para hard rock. Tras dos discos más (Matters of survival en 1995 y Voodoo vibes en 1997) finalizaron su contrato con EMI y se desbandaron. Bien es cierto que dos años después Bernhard Weiss retomó la historia de Axxis, pero ya sin los miembros originales.

Así, este II se grabó tras el (moderado) éxito del debut de la banda (muy recomendable) con  la misma fórmula. Canciones de hard rock directas, riffs pegadizos y estribillos majestuosos, basadas en la particular voz de Weis, con excelentes arreglos y una producción muy "de época". El resultado, como confirmó el público y la gira como cabezas de cartel posterior por buena parte de Europa, igualó (si no superó) a su primer largo. Lo produjeron Weiss y Pietsch (componen todas las canciones) junto a Rolf Hanekamp, un ingeniero de EMI en Alemania que comenzaba sus primeros pasos en la producción. En el álbum escuchamos la batería bastante procesada, con eco casi todo el tiempo en los toms, unos platillos discretos y un bombo muy seco, lo que da una sensación de relleno agradable; el bajo siempre ocupa el centro del sonido junto a una de las guitarras; el teclado suena indistintamente por uno de los canales mientras una segunda guitarras se escucha por el contrario, creando una dinámica curiosa. Sobre esta base instrumental, la voz aguda y algo chillona de Weiss maneja líneas melódicas marcadas con voces dobladas en puentes y estribillos, incluso acercándose en algunos momentos al iniciático power metal. Al cuarteto de músicos del debut se unió de manera oficial el teclista Harry Oellers.

La cara A empieza con dos trallazos. The world is looking in their eyes habla de la libertad y la esperanza de una generación que acababa de ver caer el muro de Berlín: "the dream of freedom/tat is yet unknown/is bursting out of their hearts". El riff y la batería suenan de muerte y el estribillo se pega en seguida. La propuesta se endurece en Save me, con un rollito power en la construcción y las armonías y un toque de delay en la voz de Weiss. Buen teclado además. "Save me/my life is your life/and your life is mine/we belong together/since the beginning of all time". Bajamos el tempo para Touch the rainbow, con un ritmo cercano al reggae y una melodiosa guitarra, nos animan a volar lejos, a buscar nuestro futuro, a ser optimistas: "Touch the rainbow/and all dreams come true". La batería que introduce Rolling like thunder nos devuelve a la senda hard rock con un ritmo cortante, guitarras dobladas y una de las mejores interpretaciones vocales en esta canción de concierto: "I feel the sweat/and I'm trembling all over/minutes before the show". El temblor previo al concierto, el griterío de la muchedumbre "exhausted every night/my heart is beating". La entrega y la emoción del directo. Uno de los mejores solos de Pietsch incluido. Cierran esta parte con la balada (semi)acústica Hold you, única canción de amor hasta el momento, y nada empalagosa, ni por la letra ni por la melodía. "When the wind turns to you/you feel a fresh breeze hits your sails/the voice of life whispers and sings/I wanna hold you in my arms". La canción tiene un crescendo lento hasta el apoteósico final.



El tema de la libertad y el final de las barreras vuelve al inicio de la cara B en Ships are sailing, que nos sitúa en la noche que cayó el muro: "The wall has fallen down tonight/I can't believe this dream/tears of joy everywhere". El protagonismo de la voz y el mensaje es innegable, con una efectiva pero discreta instrumentación y un estribillo que pretende ser himno a las nuevas oportunidades: "ships are sailing across the water/all the white lights shinning bright". Pietsch vuelve a meter un solo excelente, ahora más técnico, más lucido. Uno de los mejores cortes del álbum se escucha justo después, Little look back, de magnífico trabajo armónico y una melodía de guitarra preciosa. Las estrofas repiten el título de la canción en el último verso creando una rítmica distinta al resto de canciones y se remata con un buen estribillo "what I need I'll never get/all that you've left me/is just a little look back". El juego de voces al final junto con la repetición de la melodía en guitarra y teclado remata el tema. Face to face intenta traer la cara amarga de las guerras a través de la memoria de un soldado superviviente que reflexiona sobre los amigos muertos: "face to face with their death/and with only memories left/in this moments full of pain/you feel like you are goin' insane". La forma en la que alternan las estrofas sobre el fondo de guitarras y teclado con el estribillo más rudo vuelve a dar personalidad a la canción, y la repetición de la figura principal en la guitarra funciona como hilo conductor. De hecho, el corte es el más largo del disco y en la mitad cambia de tono, creando una atmósfera algo melancólica unos instantes para volver a estallar con el estribillo final. Para el cierre nos dejan dos pelotazos roqueros. Get down suelta un estribillo de directo "get down/from the throne in the light/get down/to stay right by my side" y permite lucirse de nuevo al guitarrista. El tema juega con los cambios de tempo también. Gimme back the paradise recrea la vida en la carretera "every day another town/every night another gig" donde "you giv everything/tonight in the show". Rocanrol del bueno, con un piano setentero al fondo "this is a rock n'roll paradise/and I hope it will never end". Así sea.

El vinilo es original de la época, copia española. El artwork no es la bomba, con el número romano en grande y el logo de la banda en pequeño. Contiene una separata con las letras y los créditos.

Disfrutad del fin de semana a golpe de buena música. 













viernes, abril 23, 2021

WASP – Inside the electric circus (Capitol records-1986)


Ladies and gentlemen, boys and girls and wild ones of all ages... vamos allá. Tal como ya os dije en mi anterior entrada, voy a ir tirando de colección y a traeros vinilos de los que aún no haya hablado nadie, aunque en el fondo no tengan ninguna característica que los haga especiales, más allá que mi amor por ellos y las innumerables ocasiones en las que la aguja de los tocadiscos que he tenido a lo largo de los años ha discurrido por sus dos surcos. Total, que este viernes les toca a los WASP. Y si hace ya unos añitos os hablé aquí de The headless children, hoy os presentaré a su anterior álbum de estudio, el controvertido Inside the electric circus. Controvertido por su portada, por el giro comercial de su sonido y por los cambios de formación, todo por obra y gracia del señor Steven E. Duren, más conocido como Blackie Lawless, quien además ha declarado alguna vez que este es el peor disco de WASP, algo en lo que no estoy de acuerdo para nada. 
 

Y es que, tal como cuenta Randy Piper en una divertida entrevista, se dio cuenta de que era el momento de irse de la banda cuando Blackie trajo como idea para la cubierta del tercer disco que él aparecería en la portada así, en la parte trasera asá y en la funda interior de otra forma. Según Randy, él le preguntó si al menos aparecería alguna pequeña foto suya por alguna parte. Piper no recuerda cual fue la respuesta pero estaba demasiado claro a esas alturas que Blackie consideraba la banda como una proyección de su persona por lo que para el guitarrista de San Antonio era el momento de tomar las de Villadiego. No obstante, el tipo parece no albergar demasiado rencor para con Blackie y afirma que le encanta Inside the electric circus y que le parece que The headless children es el mejor álbum del grupo, un disco en el que tampoco tocó. Sea como sea, la despedida de Piper permitió a Lawless regresar a la guitarra rítmica –que ya había tocado en Circus Circus, la banda que con Randy en sus filas supuso el germen de WASP– y propició el fichaje como nuevo bajista de John Tumminello, más conocido como Johnny Rod. Por aquel entonces los King Kobra estaban a punto de ser echados de Capitol –el mismo sello en el que estaban WASP– tras editar un segundo álbum con el que nadie quedó contento. 
 

Por suerte en ese momento de incertidumbre, el management de WASP contactó con él y Johnny se sintió libre de unirse ilusionado a la banda de Blackie en medio del proceso de grabación del Inside the electric circus. Según el propio Rod, la química surgió en el primer encuentro con Blackie, que estaba trasteando en la mesa de mezclas y le preguntó si conocía I don’t need no doctor, un viejo tema de Humble Pie –en realidad lo escribieron Ashford & Simpson y lo grabó Ray Charles años antes– que Johnny Rod adoraba y que tocaba desde hacía años. Así que cogió el bajo, la tocó... el tema acabó en el disco y él en WASP
 
Total, que con Blackie Lawless a las voces, guitarra rítmica y ejerciendo de productor junto a Duane Baron y Alex Woltman en los Pasha music house studios de Spencer Proffer –que había producido The last command– , el alocado Chris Holmes a las guitarras, Steve Riley a la batería y el recién fichado Johnny Rod al bajo, los WASP pusieron en las tiendas un Inside the electric circus que, con una portada polémica –mezcla del Animalize y el Bark at the moon que algunos calificaron de homoerótica– diseñada por Lawless y Rod Smallwood que fotografío Dick Zimmerman, tenía el siguiente track list
 
A 
The big welcome 
Inside the electric circus 
I don’t need no doctor 
9.5-N.A.S.T.Y. 
Restless gypsy 
Shoot from the hip 
 

B
 
I’m alive 
Easy living 
Sweet cheetah 
Mantronic 
King of Sodom and Gomorrah 
The rock rolls on 
 
Con The big welcome, una introducción a modo de bienvenida a ese circo eléctrico en el que nos vamos a sumergir, da inicio Inside the electric circus, el tema título del álbum, con ese sonido marca de la casa acojonante y una presencia aplastante de Holmes, un guitarrista que si no hubiese sido por sus graves problemas de alcoholismo y tener al lado a un tipo con el ego como un autobús de dos pisos, hubiese podido alcanzar mayor reconocimiento. Entonces llega la primera versión del disco, esa I don’t need no doctor que ya os he mencionado antes y que resulta más que solvente. 9.5-N.A.S.T.Y. es el pedazo de single que se lanzó como presentación del disco y es otro tema inolvidable con esos estribillos típicamente lawlessianos en el que Holmes se luce. Con unos aires a lo grabado en su anterior The last command nos llega la estupenda Restless gypsy, una power ballad emotiva con otro gran solo de Holmes. Temazo. Y la cara finaliza con Shoot from the hip, más flojito aunque totalmente reivindicable. La verdad es que no puedo entender cómo Lawless o incluso Holmes tienen en tan baja estima a este álbum cuando, para mi, forma parte del cuarteto imprescindible de la historia de la banda. Sí, ya sé que la mayoría tenéis a The crimson idol como la obra cumbre de Lawless, pero yo antes salvaría todas sus obras precedentes. 
 

En fin, que le damos la vuelta al plástico y la banda nos presenta I’m alive, otro tema marca de la casa que también me trae ecos de su anterior álbum. La segunda versión del disco es una estupenda Easy living en la que Holmes vuelve a darlo todo y que me encanta. Vamos, que no lo harían tan mal cuando consiguieron que su autor –Ken Hensley– aceptase a tocar los teclados para su siguiente The headless children. Le sigue Sweet cheetah, otro tema marca de la casa aunque –en mi opinión– con un estribillo demasiado parecido al de L.O.V.E. machine de su debut. La parte del solo es matadora. Luego llega Mantronic –que comienza engañosamente como una baladita– y que es otro temazo igual que la trallera King of Sodom and Gomorrah. Finaliza el disco maldito de WASP para varios de sus componentes –repito, no estoy para nada de acuerdo– con The rock rolls on, otro de esos temas sin nada especial excepto que es un chute de energía y suena a WASP por los cuatro costados... and I like it
 
Lo dicho, un fantástico disco –cuyas mezclas corrieron a cargo de Michael Wagener, poca broma– que no pondría por encima de sus dos predecesores pero que –quizás por ello– hizo aún más grande a su sucesor. De todas formas, yo lo considero imprescindible. No dudéis en darle una escucha si no lo habéis hecho ya. 
 
 
 
¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla

Led Zeppelin - Whole lotta love (Dirty Funker remix) (2006, White Label)

Las adaptaciones del rock a la música de baile son arriesgadas y hay una línea finísima que separa un buen remix de asesinar una canción. Los puristas se echan la manos a la cabeza y los amantes de la electrónica y del rock lo ven como una bendición, aunque entre el blanco y el negro está el gris, no todo es bueno ni malo. No obstante es lo que suelo aportar en este blog, una visión distinta dentro de un mundo tan peculiar como es la música electrónica y su conexión con el rock. Hoy os traigo un vinilo especial en muchos sentidos, principalmente porque hablamos de una canción que reposa merecidamente en el ideario de la historia del rock, por trascendencia, influencia, sonidos y su puntito de polémica, claro.

He visto que se han revisado, y muy bien por cierto, varios álbumes de Led Zeppelin en el blog. Yo saco hoy de mi colección un maxi, de nuevo en formato White Label (sin sello), con el parche en el ojo y planchado por una sola cara, que formaba parte de una edición limitada de 3 vinilos con remixes al "Light my fire" de The Doors, "Welcome to the machine" de Pink Floyd y a los propios Led Zeppelin. 


La canción que nos atañe hoy es una versión del
"Whole lotta love". Qué decir, uno de los riffs de guitarra más famosos de la historia, marca de la casa Jimmy Page, una canción que abre el álbum "Led Zeppelin II" (2º de la banda) y publicada como single el 7 de noviembre de 1969. Como álbum, un bombazo, como single, otro: 1 millón de copias, disco de oro y para muchos el primer gran éxito de Led Zeppelin. Y bueno, acusaciones de plagio aparte, es innegable el alcance que ha tenido como canción con el paso de los años y su relevancia y huella posterior. El riff, la técnica utilizada, los gemidos de Robert Plant, el uso del theremin, el delirante y casi psicodélico break del tema, su fuerza, su sexualidad y ese puntito algo sucio y duro lo colocan en el olimpo del rock en cuanto a canciones se refiere y para muchos, el mejor tema de Led Zeppelin. 

Dirty Funker es un productor inglés, de perfil bajo y poca trayectoria internacional que sin embargo durante un tiempo se hizo popular por sus adaptaciones y remixes a grandes bandas, los mencionados Pink Floyd, The Doors y también Coldplay y Radiohead, entre otros. Solía lanzar los trabajos a través de su propio sello, Spirit Recordings, una pequeña compañía con el alcance capado por no contar con los derechos de autor, de ahí que los vinilos normalmente llegaran a las tiendas fuera de UK con la galleta en blanco y planchados sólo por una cara, evitando así que los rastreadores de las grandes compañías tiraran del hilo y llegaran fácilmente a él. Si el vinilo era un White Label, poco podían hacer contra él. Tuvo varios nombres dentro del mundillo para según qué estilo y si bien no ha gozado de mucha fama, sus trabajos en torno a las grandes bandas son bastante reseñables.



El remix de Dirty Funker, que vio la luz en 2006, parte de una premisa fundamental: acelerar el tema original (88 bpm) para encajarlo en los estándares de velocidad de la música "House", que fluctúan entre 120 y 128 bpm (en este caso el tema navega a una elegante velocidad de 121 beats por minuto), sin notarse excesivamente los 30 bpm de diferencia porque mantiene casi intacto el tono original, para después confluir en una perfecta adaptación de los sonidos electrónicos dentro de la canción: base rítmica discreta pero con fuerza, algo de percusión, línea de bajo redonda, sampleo y loopeo del riff y de las voces de Plant y muchos efectos de producción, que, a modo de guiño claro de la técnica usada por Page en el riff, están en su mayoría basados en el eco. Como curiosidad, en el break del tema Dirty Funker incrusta un extracto de un concierto en directo de Led Zeppelin, con el público coreando la canción. El remix está muy currado, los sonidos perfectamente integrados y bueno, en su momento se portaba muy bien en la pista de baile, algo para lo cual fue concebido. Este tipo de trabajos hay que escucharlos sin prejuicios y evitando comparar original y remix. He vuelto a escucharlo con el paso de los años y envejece sin muchas arrugas. Guardo un muy buen recuerdo de él porque lo pinché y disfruté mucho en sesión. Actualmente su venta está bloqueada en Internet y sólo se puede acceder a él en ese "black market" que además te rasca el bolsillo sin compasión alguna.







Depeche Mode – “Ultra” (1997, Mute Records [reedición de 2019])

Vuelvo a la carga con Depeche Mode (hola, @Rockologia, 😝). En esta ocasión con uno de los álbumes que más controversia crean entre sus fans: a muchos nos encanta y otros dicen que fue el principio del fin de su declive, porque fue el primero que lanzaron sin Alan Wilder en la banda, algo que algunos no les han perdonado aún a los de Balsildon. Si bien es cierto que su ausencia se nota (y mucho) no deja de ser un trabajo magnífico, y, como otras grandes obras, fue creado en las peores circunstancias posibles, lo que podría haber dado como resultado una mierda como un piano o un gran disco. En mi opinión fue lo segundo. El 14 de abril de este año se cumplieron los 24 de su lanzamiento.


viernes, abril 16, 2021

Stevie Wonder - In square circle (1985, Tamla Records)

 

 


Voy a compartir con vosotros uno de los LPs de mi colección con una portada más vistosa o curiosa. No es que sea, musicalmente hablando, uno de mis favoritos. Pero bueno, esa portada en 3D y el libreto en plan CD pero a tamaño de vinilo, son fantásticos.






A sus 35 años, en 1985, Stevie Wonder publicó este disco. Todos conocéis más o menos su historia: éxitos en los años 60 siendo un niño prodigio. Lo rompió en los 70 editando varios clásicos. Y a principio de los 80 tuvo su época dorada en ventas: “I just called to say I love you” de la película La mujer de rojo fue todo un éxito, como su colaboración en el “We are the world”. Con este disco ganó en los Grammys del 86 la categoría de Best Male R&B Vocal Performance vendiendo más de 4 millones de copias a nivel mundial, la mitad de ellas en USA.

En este disco, Mr. Wonder, reservó la cara A para las canciones de amor y la cara B para las que tenían un contenido más político o social.


 

Part-time lover” fue el primer single y nos habla de un romance fuera de la pareja. En los coros tenemos a grandísimos cantantes como Luther Vandross y Philip Bailey. Es la única que de verdad me gusta de esta primera cara. El resto podría sonar perfectamente en la banda sonora de Vacaciones en el mar. Por cierto, excepto los coros, todo lo que escuchamos hasta el momento está tocado por Stevie Wonder. Un yo me lo guiso yo me lo como en toda regla. Y más teniendo en cuenta que los arreglos, la producción y la composición corren a cargo de Stevie.


 

En la cara B tenemos un “Spiritual walkers” en la que defiende la rectitud de los testigos de Jehová. “Land of La-la” cuenta cómo niños y niñas ambiciosos abandonan sus pueblos y son estafados en la gran ciudad. Esta me recuerda bastante a Prince. En “Go homeStevie se muestra orgulloso de cómo dejó ir a una mujer por su bien a pesar de que su vida se vino abajo. Me imaginó que será por el pensamiento de la era Reagan, pero vaya tres formas de tratar temas sociales: alabar a unos fanáticos fundamentalistas, culpar a las victimas de sus desgracias y, por último, el machismo de sentirse orgulloso de hacer que la chica haga lo que él dice. Tengo que decir que “Go home” me gusta bastante a pesar de todo.


 

Overjoyed” me parece una pequeña maravilla. Probablemente es la canción más exultante del álbum, combina los sonidos reales de grillos, pájaros y guijarros arrojados a un estanque, con sintetizadores y una orquesta de cuerdas. Bueno, yo creo que son sonidos reales aunque es posible que esas salpicaduras también sean sintetizadas. “It´s wrong (Apartheid)” es una denuncia al régimen autoritario y racista de Sudáfrica. El propio Stevie lo sufrió en sus carnes cuando no se le autorizó actuar en el país.

En fin, un disco que quizás en su momento tenía su aquel, con muestreos digitales, Fairlight y toda la mandanga que era novedosa en aquellos tiempos. La verdad es que no sé con exactitud que hace en mi colección. Imagino que las tres canciones que conocía y que os he dicho que son las que me gustan hicieron que me llevase el disco de la zona de oportunidades. Como podéis ver en las fotos, tiene un troquelado en una esquina y eso haría que estuviese más barato. Y sí, era muy bonito pero al final de los 80/principios de los 90, no era en lo que más me fijaba para gastarme la pasta en un vinilo.

Buen finde a todos.

 

 

Dünedain - Memento mori (Clifford Steel, 2019)

 


Hay personajes (casi) desconocidos a los que tendríamos que admirar públicamente por su empecinamiento en mantener vivo un género tan poco popular en España hoy en día como el heavy metal. Tony Delgado es una de esas personas. Cerebro pensante de la banda avilesa Dünedain viaja con sus secuaces Miguel Arias y (simplemente) Mariano  desde su maqueta iniciática en 2002. Estos años han grabado cinco largos, girando por donde han podido y manteniendo un pulso compositivo de los más interesantes del panorama actual. Se codea, por estilo, con bandas como Avalanch, Nocturnia, Warcry o Dark Moor, subiendo en ocasiones al metal más clásico y en otras llenando de ramalazos power los estribillos. 

Para Memento mori se metieron en los estudios Rock Lab de Haro (La Rioja) con Dan Díaz, quien también lo mezcla y masteriza. Las cancones están compuestas por Tony Delgado, alias Tony Dünedain, y arregladas por la propia banda y el productor. Junto a Tony en la voz y las guitarras, los nombrados Miguel Arias a la batería, Mariano a las guitarras, Carlos Sanz a las voces y Alberto Velasco al bajo. 

Varias claves marcan los nueve cortes del álbum. La primera, el intercambio de voces, sobre todo de Tony con Carlos, más aguda y vibrante, pero también con invitados, como Tete Novoa (qué vozarrón) y Rubén Kelsen. La segunda, el trabajo de guitarras, anteponiendo la canción al exhibicionismo innecesario y dejando excelentes melodías, algunas dobladas, y varios solos de mucho mérito. El tercero, la contundencia de la tríada rítmica: bajo, batería y guitarra se combinan para machacar cuando el tema lo requiere, de manera industrial en ocasiones, de manera más clásica en otras, sin artificios. El cuarto, los arreglos bien pensados de teclados y sintetizadores. Y la producción y la mezcla magnífica, tanto en la versión comprimida en streaming como en la dedicada al vinilo. Solo faltan buenas composiciones.


Y las hay.

Pocos discos hoy en día comienzan con una canción tan impactante y definitoria como Unidos. Todo lo bueno del estilo musical en una composición ambiciosa de ocho minutos. Desde las guitarras intercambiando y doblando las líneas melódicas de la introducción y el solo, los arreglos orquestales, el piano que aparece lo justo, la cálida pero robusta interpretación de Carlos, el brutal acelerón "¡lucharé!" hacia un puente-estribillo casi glorioso: "hasta el fin estaremos unidos/hasta el fin lucharemos por la libertad". Y esto no va de batallitas épicas, si no de la vida diaria: "navegué en mil pesadillas/tan solo por ser un soñador". No estás solo. Sigue peleando hasta el final que mañana otro sol brillará. Literalmente, Memento mori significa "recuerda que puedes morir". Y de eso va la canción: de no esperar, de amar ahora, de luchar por lo que quieres, de pelear las batallas del día a día. "Si en la vida tienes algo por lo que vivir/no lo pienses más y echa a volar/vuelve a caminar y no pierdas tiempo en sufrir/pues la muerte siempre te va a acechar/está esperando por ti". Grande el trabajo de guitarras y las armonías del estribillo. Cobra todo el sentido el intercambio de voces, la de Carlos con las acústicas y la de Tony en las partes medias, para unirse en la parte central. Más oscuro, con un rollo industrial, sobre todo por la impronta del riff grave, y el protagonismo de los teclados, A un paso del cielo se queda pegado. La única canción que no llega a los cuatro minutos, podría ser un sencillo de éxito en la escena metalera y un imprescindible de los conciertos, sobre todo por el estribillo "Ahora sabes bien que estás a un paso del cielo/sientes que no puedes parar/puede ser tu último aliento/grita, siente, vuelve a levantar/¡luchando hasta el final!".

Que Dünedain son una banda melódica, quizá power, quizá metal, lo afirma, una vez más, Eterno. Larga intro con el tema melódico principal en las guitarras; un instante de silencio y comienzan las acústicas con la voz de Carlos para, tras dos estrofas, recuperar el pulso. Curioso la importancia del arreglo de teclados para conducir la canción. Puente in crescendo y estribillo de voz gloriosa: "por volver a caminar/que sea eterno nuestro amor/regresa hacia mí/ven por favor". Uno de esos temas que marcan todo un álbum.Con Tete Novoa (Saratoga) de invitado, la épica de El viento en la batalla invade el blog: "déjame sentir/el viento en la batalla un día más/sólo sé vivir/cabalgando siempre hacia la tempestad". Las ráfagas de batería junto a los riffs cortados en las estrofas y el adorno melódico en el estribillo son de destacar. "Nunca dejará de de latir/el corazón del guerrero". Y aunque parezca una canción de guerra, en realidad es una reivindicación del propio artista: "no rendiré ante la mediocridad/seguiré firme hasta el fin". Esto es una cuestión de Fe. Tralla en el riff de apertura de Luchador, veloz intro con las guitarras sumándose para dar un corte y dejar la voz en las estrofas con la batería, el bajo y un teclado (qué grande hubiera sido una orquesta aquí). Las guitarras vuelven en el puente y el estribillo, de mis favoritos: "luchar por encontrar la libertad/su dios camina junto a él/abandonado por la realidad". El cambio entre Carlos y Tony da dinámica al tema y la armonización en el estribillo redondea la parte vocal.


Con un toque moderno (por ahí se acercan al metal al estilo Sôber) y una guitarra acústica que funciona muy bien junto al golpeo de los toms, Venus es un medio tiempo de estribillo contundente "voy cayendo, sigo ardiendo/sé que nada va a cambiar/solo quiero despertar/y volver a caminar". El solo con las guitarras dobladas da un punto fantástico al corte. Una balada metalera de estructura clásica, Siénteme, arranca con una cama de sintetizadores bajo la voz del invitado Rubén Kelsen "he aprendido a caminar sin ti/y hoy el miedo me acompaña otra vez". Agranda el registro a partir del primer estribillo, con un fenomenal trabajo vocal y un emotivo solo de guitarra. "Siénteme/en esta melodía solo hay amor". Hasta el fin con la batería y el doble bombo marcando el paso a una intro a dos guitarras que se continúa con un corte de rollo folk en las acústicas, el adorno de flauta y la línea vocal y desemboca en un estribillo simple y contundente. "Si la noche te aburre y no quieres soñar/no aprendiste que algo debes cambiar". Un final con largo y bonito intercambio de solos de guitarra donde participa Alex García (Debler).

La edición en vinilo la publica Clifford Steel, cuyo lema es "hard as steel, hot as hell". Casi nada. Muy bien terminado, con cuidado, incluyendo un encarte con letras y créditos y una foto de la banda. La portada, las fotografías y el artwork son responsabilidad de Marcos Rodríguez.

Disfrutad de la música "de proximidad" siempre que podáis. Buen fin de semana.













viernes, abril 09, 2021

John Norum - Total control (CBS, 1987)

 


Es sorprendente que un músico abandone una banda en plena ola de éxito. Quizá John Norum no se imaginó el pelotazo que acabaría pegando el álbum The Final Countdown (1986) en el planeta Tierra o precisamente por eso decidió escaparse del amparo de Europe para volar por su cuenta. Lo cierto es que no fue una cuestión de "desavenencias musicales" exclusivamente; también de problemas con el reparto de los royalties, la relación con el manager, por entonces, de la banda sueca, y las perspectivas de futuro. Por otro lado, si tu padrastro es un directivo importante y productor de la compañía que te ampara, hay menos miedo al salto. Con todo, John Norum decidió dejar Europe en octubre de 1986 con el disco en pleno ascenso. Y de inmediato tuvo firmado un contrato para grabar tres álbumes con la misma compañía, CBS, en Suecia.

Así, con cierta urgencia por sacar un producto (aprovechar el tirón, vaya), reclutó a un antiguo colega, Marcel Jacob. La historia de Jacob, y de cómo acabó aquí, es interesante. Comenzó como bajista en la primera banda de Yngwie Malmsteen, Rising Force; tras un par de años se unió al embrión de Europe, que, por entonces, se hacían llamar Force. Marcel se fue finalmente con Malmsteen a grabar su debut en solitario (Marching out, 1985), pero duró poco en la banda. Cuando Norum le llamó estaba más que disponible. Juntos compusieron en poco tiempo la mayoría de las canciones del álbum, tirando de maquetas del propio Jacob. Usaron de dos canciones de compositores externos para completar los diez cortes del álbum.

El propio padrastro de Norum, Thomas Witt, lo produjo mano a mano con el guitarrista y la ayuda de Pet Blom, quien también tocó los teclados. Reclutaron al batería Peter Hermansson y al cantante Göran Edman para encargarse de tres canciones. Grabado en Estocolmo, se publicó en octubre de 1987, casi a la vez que el último single (Cherokee) de The Final Countdown. El título, Total control, ya nos indica qué pretendía hacer John con su música, algo que en una banda, quizá, no podía hacer. Tener el poder.


Abre un fantástico solo de Norum la canción Let me love you, para cantar él mismo sobre una batería machacona "looking at my picture/on your wall/just like a thousand times before". Ámame que me dejo, vaya. Un corte muy al estilo Gary Moore de Run for cover (1985) con buena presencia de los teclados y excelente solo. Eso es una tónica de todo el disco, el gran trabajo del guitarrista. Además de poseer una voz agradable, que mantiene excelentes melodías, técnica, pero poco explosiva. Quizá por ello reclutó a un cantante con algo más de registro para Love is meant to last forever, un corte rápido, donde la melodía de las guitarras (dobladas) se mezclan extraordinariamente con la voz. Lo cierto es que, tanto por composición como por producción, hubiera encajado en los discos anteriores de Europe. La balada, inevitable en aquellos discos de los ochenta, aparece a continuación: Too many hearts recuerda muchísimo a sus adorados Thin Lizzy, casi puede uno imaginarse a Phil Lynnot cantando aquí "see the fool inside me/breaking far too many hearts". Bonito, aunque nada espectacular. La intro de Someone else here nos devuelve al hard rock mamado de Lynnot y Moore con un fantástico estribillo. Esa sombra se diluye en  Eternal flame, rápido, agresivo, recordando a lo que Malmsteen hizo en sus primeros discos, esta vez en la voz de Edman. De mis temas favoritos."Into the fire/into the eternal flame". El solo es de los más veloces y trabajados del disco.

La cara B comienza con el primer préstamo compositivo. Back on the streets está firmada por el guitarrista Vinnie Vincent, quien la grabó también en el primer disco de su banda, Vinnie Vincent Invasion. El regusto blusero del ritmo y el riff dan un toque distintivo a esta canción, con un buen equilibrio entre las guitarras y el apoyo del teclado. Edman canta de nuevo, con maestría. Una de esas canciones que se quedan grabadas. Por cierto, Göran conoció la canción unos meses antes, cuando la grabó en unas maquetas con el mismo Vincent. Blind mantiene el pulso heavy en la guitarra y el bajo y la voz de Norum intenta sonar más agresiva, con un rollo Glen Hughes; los cortes rítmicos y los adornos vocales en el puente y el estribillo redondean una buena canción. Menudo solo se marca este muchacho. Law of life fue otro préstamo, esta vez de Max Lorentz y Mats Lindfors. Lorentz mete un Hammond en un corte más pausado, de marcado tono melódico, con un rollo rítmico pegadizo. Como curiosidad, Jacob y Lindfors formaron la primera versión de Talisman, juto a Jeff Scott Soto. El guitarrazo a doble mástil con que abre We'll do what it takes together y el estribillo brutal son de lo mejor de este Total control; una letra de cierta rebeldía y queja: "dreaming of a better world/fighting for the children/screaming or we won't be heard". Quizá también de las mejores interpretaciones vocales de Norum. Cierra el disco el instrumental In chase of the wind, de guitarra acústica preciosa y un largo solo con el que John redondea una obra nada ambiciosa, pero muy bien ejecutada. 


La banda se fue de gira por Escandinavia y parte de Europa con Edman, Jacob, Hempo Hilden a la batería y Mats Olausson a los teclados, finalizando en el Hammersmith casi un año después. Vendió bien en Alemania, Japón y Suecia (disco de platino), donde ganó todos los premios posibles. John Norum se había convertido en el chico de moda por allí. 

Tras eso, intentó formar una banda con Glen Hughes, por entonces bastante perdido en sus adicciones, que no llegó a ninguna parte, y aceptó la oferta de Don Dokken para participar en su primer álbum en solitario, Up from the ashes (1990). No sería hasta 1992 cuando grabaría otro disco con su nombre, Face the truth, con (por fin) Glen Hughes. Pero esa es otra historia y ya será contada.

Pasad un buen fin de semana.