viernes, julio 23, 2021

Dama Feudal- Dama Feudal (1989 – Avispa)

Mi relación con el blog, aparte de esporádica, debe estar influenciada por las ganas de acercarme a él en días de temperaturas extremas. Si mi última entrada fue en plena furia de Filomena, hoy Toledo parece las calderas de Pedro Botero.

Para aliviar este sofocante calor, y mientras el emperador del Japón da por inaugurado los JJOO de Tokio (seguro que alguna entrada habrá en el blog de ellos), os traigo otra rareza de las mías. Por supuesto, una banda del hard rock y/o heavy metal español de los ochenta, formada en la madrileña ciudad de Alcorcón -creo- en 1985, esta vez repleta de guitarras melódicas e historietas de amor y lugares idílicos. Tachánnn… Dama Feudal.

Queen II. “El gran desconocido”. (EMI/ Parlophone; Elektra /Hollywood Records, 1974)

 

El final de la escritura y la publicación de mi libro “La luz interior de George Harrison” en mayo de este año 2021 ha traído de nuevo la curiosidad de explorar en carreras de otros grupos a los que nunca había prestado atención, como es el caso de Queen. Con el propósito de hacer un nuevo viaje musical comencé a escuchar la discografía de la banda, aunque de momento me he quedado enganchada en su segundo trabajo, un disco de esos que no se puede dejar de escuchar una y otra vez. Tanto me ha gustado que he adquirido una copia del mismo y me encuentro escribiendo esta reseña, gracias a la que he regresado a la Comunidad de #FFVinilo después de más de un año de ausencia en el que me he dedicado por completo a la carrera y figura de George Harrison.

El segundo disco de Queen, titulado simplemente Queen II, supuso el despegue en listas de la banda, tras un primer álbum que había pasado algo más desapercibido. Con los años se ha convertido tal vez en un disco no demasiado conocido, tal vez subestimado, pero sin duda es uno de los trabajos preferido por los fans de Queen, que con los años ha ido ganando posiciones como disco de culto. La crítica considera que se trata de un trabajo en el que se asientan las bases de lo que sería la música de Queen hasta la década de 1980, cuando se desviaron hacia estilos como el pop rock, dance, funk o R&B. Para la grabación de Queen II el grupo insistió en que Trident Studios les diera la opción de grabar en horas de trabajo en lugar de durante el tiempo de inactividad del estudio, como había sucedido con el primer álbum, lo que les facilitó la labor y les dio la posibilidad de experimentar con nuevas técnicas y sonidos.

Queen II fue publicado en marzo de 1974 por EMI Records. Grabado entre los Trident Studios y Langham 1 Studios, está considerado como el álbum más heavy de Queen. En él se combina el rock duro con el progresivo y el glam, junto con un ambiente grandioso y dramático muy del gusto del grupo. No fue un álbum conceptual, como explicaba Freddie en el libro Freddie Mercury: Su vida contada por él mismo, de Greg Brooks y Simon Lupton: “En este álbum no había ningún significado profundo ni ningún concepto. Durante la grabación lo pensamos de manera impulsiva. Escribí una canción para el disco, “The March of the Black Queen”, y fue entonces cuando tuvimos la idea de tener una cara blanca y otra negra, reflejando un estado de ánimo luminoso y otro oscuro. Supuso un buen contraste”. Efectivamente, el disco tiene una cierta unidad derivada de la fantasía, que prima como temática de las canciones y del concepto utilizado para nombrar las dos caras del disco, Side White, considerada más emocional, y Side Black, donde prima la fantasía. Cuatro de los cinco temas de la cara Blanca pertenecen a Brian May y el quinto a Roger Taylor. La cara Negra está íntegramente compuesta por Freddie Mercury. Hay que señalar que por entonces John Deacon aún no había empezado a componer. La estructura y concepto del disco representa de alguna forma la encarnizada “batalla” compositiva que se libró entre Brian May y Freddie Mercury.

La inolvidable fotografía de portada es obra de Mick Rock, un reconocido fotógrafo que también trabajó con T. Rex, Syd Barrett, Lou Reed o Iggy Pop y al que se considera el “fotógrafo oficial de la música de los setenta”, en especial por su trabajo junto a David Bowie en la época de Ziggy Stardust. Se cuenta que la pose de los cuatro, en especial la colocación de las manos de Freddie, está inspirada en la famosa imagen de Marlene Dietrich en Shanghai Express, película de 1932, dirigida por Josef von Sternberg, una de las más icónicas de la diva alemana. Siguiendo el juego de la dualidad entre el blanco y el negro, Rock les inmortalizó con vestuario blanco sobre un fondo blanco, imagen también usada en el disco y en algún single. El concepto de la foto de portada fue retomado posteriormente por Queen en el video de “Bohemian Rhapsody” para el disco A night at the Opera.

El grupo reconoció en numerosas ocasiones la influencia que tuvieron en este disco grandes bandas de la época: “Led Zeppelin y The Who probablemente estén en Queen II en algún lugar, porque estaban entre nuestros grupos favoritos, pero lo que estamos tratando de hacer de manera diferente a cualquiera de esos grupos es este tipo de sonido en capas”, reconocía Brian May en el libro de Mark Hodkinson, Queen: The Early Years, editado por Omnibus Press en 2004. Como anécdota, Queen colocó en el disco el aviso: “No Synths” como respuesta al periodista musical Chris Wels que había elogiado en la revista británica Melody Maker el trabajo de la banda con los sintetizadores, cuando en realidad se trataba de incontables sonidos de guitarra superpuestos. Aquello enfureció a la banda, en especial a Brian May, que había trabajado muy duro para conseguir ese efecto. Como una broma, pero picados por la crítica, la banda colocó aquella etiqueta, que aparecería también en los álbumes Sheer Heart Attack y A Night At The Opera. Queen no utilizaría sintetizadores hasta la década de 1980, a partir de su undécimo álbum, The Game. Un caso curioso en el que se llevaron los efectos sobre la guitarra realmente lejos es el de la canción “Get Down, Make Love” del álbum de 1977 News of the World, donde aparece un solo (que recuerda a la música de los juegos de marcianitos) que May ejecutó con la guitarra y un pedal Electroharmonix Frequency Analyzer. Con respecto al puntilloso trabajo instrumental que ofreció el grupo en el disco, el periodista Daniel Ross afirmaba: "Dondequiera que escuchen tus oídos, hay un sonido que no pueden explicar”. Queen siguió experimentando en discos posteriores, pero Queen II “Es mito, es ópera; es un concurso de bravuconería y una constante exhibición de genio deslumbrante”, concluía Ross. En el vinilo de Queen II que tengo en casa aparece la siguiente leyenda: “(…) and nobody played synthesizer… again”.

Estas son las canciones que componen Queen II:

Side White

“Procession”. 1:12. Esta breve pieza instrumental de Brian May supone el comienzo del disco con latidos de corazón y guitarras, además de cuerdas con reminiscencias de la ELO, que dan paso sin interrupción al siguiente tema.

“Father To Son”. 6:14. Composición de May, con una épica que la acerca a momentos de Tommy, la ópera rock de The Who. El estupendo trabajo de Brian May a la guitarra le confirma como uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Este largo tema de seis minutos se enlaza a con la siguiente canción.

“White Queen (As It Began)”. 4:34. Una de las preciosas baladas que contiene este álbum, compuesta por Brian May. En la canción destacan unos evocadores coros, el gran trabajo de May con la acústica, en especial en el breve solo con reminiscencias orientales que recuerdan al sitar. Con el tiempo, su autor contó que se inspiró en una compañera de estudios para componerla. La Reina Blanca de May pone el contrapunto a la Reina Negra de Mercury que aparece en la otra cara.

“Some Day One Day”. 4:23. Este tema de reminiscencias folk, compuesto y cantado por Brian May, destaca por la profusión de guitarras, tanto acústicas como eléctricas, todas tocadas por él con su habitual maestría.

“The Loser in the End”. 4:02. Esta potente canción con toques glam es la única compuesta y cantada por Roger Taylor en este disco, con un tono que recuerda por momentos a Robert Plant. Taylor también se encargó de tocar la marimba. Una agradable sorpresa, aunque hay parte de la crítica que critica que fuera incluida, ya que no cuadra con el resto de canciones del álbum.

Side Black

La desbordante fantasía de Freddie Mercury se reveló en todo su esplendor en la siguiente cara, donde todas las canciones están compuestas por él. Batallas de ogros, personajes de cuento, reinas oscuras, hadas y reinos míticos, que habitan una música compleja y llena de detalles y matices, efectos, armonías vocales y un absoluto dominio instrumental. Una cara intensa, oscura y enigmática.

“Ogre Battle”. 4:10. Escrita por Freddie Mercury en 1971, no fue grabada hasta este disco. La canción que abre la cara dedicada a la fantasía, arranca con el final del tema reproducido al revés, junto con un potente riff de guitarra y los grandiosos coros habituales en Queen. Los efectos de sonido, coros, batería y guitarra simulan la batalla de ogros que da título a la canción. Su atronadora energía hace que en cada escucha resulte más impresionante. Los efectos de sonido, confundidos con sintetizadores, fueron realizados por Brian May con su guitarra Red Special, conocida también como The Fireplace o The Old Lady. Fue construida entre 1963 y 1964 por el propio Brian con la ayuda de su padre, Harold May, ingeniero electrónico, y Brian lo hizo en parte por el elevado coste que tenía para él una guitarra Fender o Gibson, pero también como desafío para lograr lo que él consideraba el instrumento perfecto. En el libro Freddie Mercury: Su vida contada por él mismo, Freddie recordaba que para esta canción usaron un gong enorme: “Era incluso más grande que el que utilizaban Pink Floyd en directo, ¡y se necesitó toda la fuerza de Roger tan solo para levantar el mazo!”.

“The Fairy Feller’s Master-Stroke”. 2:40. Una canción de rock progresivo con cierto aire de cuento, escrita por un Freddie inspirado por el cuadro del mismo título, pintado por Richard Dadd, que puede visitarse en la Tate Gallery de Londres. Dadd fue un pintor inglés que vivió en el siglo XIX, cuya obra, de inspiración fantástica y onírica, está plagada de hadas, gnomos, elfos y duendes, con un sentido del detalle casi obsesivo. Gran parte de su obra la pintó mientras estaba ingresado en un hospital psiquiátrico, en el que había sido recluido por asesinar a su padre, al que consideraba un “príncipe de las tinieblas”. Freddie reconocía que había sufrido cierta obsesión con esta obra y con la figura de Dadd. Así, escribió una letra en la que hacía referencia directa a las situaciones que se detallan en el cuadro y en el poema que escribió el propio Dadd para acompañar la pintura, y donde aparecen personajes como Queen Mab (según el folclore británica un hada que mediante hechizos gobierna los sueños), Waggoner Will, Tatterdemalion o Titania Oberon y (la reina y el rey de las hadas). En este tema Freddie toca el piano y el clavecín, reforzando el aire de cuento de una canción que termina con una armonía vocal entre Mercury, May y Taylor. Las voces fluyen hacia el piano tocado por Freddie que se funde con el comienzo de la siguiente pista.

“Nevermore”. 1:20. Esta breve balada, romántica y dulce, habla sobre los sentimientos que surgen después de un desamor. Preciosa y altamente emocional, se vale de elementos de la naturaleza, como el mar, la lluvia, la brisa, el valle, los rayos de sol, para construir acertadas imágenes.

“The March of the Black Queen”. 6:33. Otra larga canción, de seis minutos y medio en este caso, que está considerada una precursora de “Bohemian Rhapsody”. Esta compleja pieza llevó varios años a Freddie hasta que pudo completarla. Según explicaba, había empezado a escribirla incluso antes de que Queen se formara. Para los entendidos en técnica musical, la canción contiene dos escalas al mismo tiempo para completar un maravilloso derroche compositivo y de interpretación musical y vocal, en la que Freddie se ve ayudado por Roger Taylor. Compuesta por diferentes partes y cambios de tempo, es otra muestra del gusto de Freddie en aquella época por los cuentos de hadas con un toque oscuro y significado oculto, una “excursión a esas zonas extrañas” que tanto le gustaban a Freddie, en palabras de Brian May. Grabar esta canción fue todo un desafío para las técnicas de grabación que había en la época y el grupo contaba que de tantas sobregrabaciones la cinta se volvió “transparente” porque el óxido casi desapareció. Por su complejidad nunca fue tocada por completo en vivo. Sin duda, una de las obras maestras de Queen, menos conocida de lo que merece y que sentaría las bases de su opus magnum, el tema “Bohemian Rhapsody”.

“Funny How Love Is”. 2:50. Se cuenta que Freddie compuso la canción en el estudio, mientras grababan el disco. Producida bajo las técnicas del muro de sonido que recuerda a las grabaciones de Phil Spector, contiene un bonito juego de armonías vocales.

“Seven Seas of Rhye”. 2:50. Freddie Mercury empezó a escribirla antes de entrar en Queen. Según contaba el propio Brian May, completaron juntos la canción, aunque en el álbum aparece acreditada sólo a Mercury. Referida a un reino de fantasía, Rhye, finaliza con las dos primeras frases del coro de la vieja canción de music hall “I Do Like To Be Beside the Seaside”, compuesta a inicios del siglo XX. La parte del piano me recuerda a la interpretación de Elton John en “Pinball Wizard”, para la película basada en la ópera rock de The Who, Tommy. Fue el tercer sencillo de la banda y el primero en entrar en listas. El tema cuenta además con la interpretación de Roy Thomas Baker al estilófono, un teclado analógico en miniatura que funciona con un lápiz óptico, inventado en 1967 por Brian Jarvis. Según el foro Amino, dedicado a Queen, el reino de Rhye fue una invención de Freddie y su hermana Kashmira, cuando eran niños, un reino que tiene una gran variedad de animales fantásticos, desde caballos voladores hasta monos azules. El reino de Rhye también es mencionado en la canción "Lily of the Valley" y se hace alusión a este lugar de fantasía en los temas “Great King Rat”, “Mad The Swine”, “My Fairy King”, “Ogre Battle” y “The March of the Black Queen”. Sobre este tema, en el libro Freddie Mercury: Su vida contada por él mismo se recogen estas palabras de Freddie sobre “Seven Seas of Rhye”: “Es sólo pura ficción. Sé que es como salirse por la tangente, o dar una respuesta fácil, pero es sólo eso. Era tan solo producto de mi imaginación. En esa época estaba aprendiendo mucho sobre cómo componer canciones, cosas como la estructura de la canción. Aprendía técnicas diferentes todo el tiempo”. Según se cuenta, la idea del grupo era abrir el disco con “Seven Seas of Rhye”, pero finalmente se decidió dejarla para cerrar el álbum. La interpretaron en su aparición en el programa Top Of The Pops en febrero de 1974, una oportunidad que les llegó “de rebote” tras la cancelación a última hora del mismísimo David Bowie. Según se cuenta, la BBC destruyó muchas de estas grabaciones, pero un fan ha rescatado diferentes clips en blanco y negro y color para recomponer aquella mítica actuación. Un ya carismático Freddie, vestido de satén negro con un cinturón de cadenas, se come la pantalla. La canción se sacó como single en febrero de 1974 aprovechando el tirón de la actuación televisiva. No consiguieron llegar al número uno, se quedaron en el número 10 en la lista de singles, por lo que no pudieron alcanzar el éxito internacional que la banda esperaba.

Épico, sin complejos, un disco tremendamente emocionante, con una grandiosidad que alcanza cotas magníficas según avanza la escucha y que se ha ganado por derecho propio estar en la cima de los discos de rock imprescindibles de la década de 1970. Como curiosidad, compré mi copia en la Feria Internacional del Disco celebrada en Madrid en plena pandemia de COVID. El vinilo tiene impresa la foto de portada por una cara y el logo de Queen en la otra. Una copia a la altura de un disco majestuoso como es Queen II.



El altar del holocausto – Trinidad (Throne records-2021)


Si no me falla la memoria, que a mi edad podría ser perfectamente, con la excepción de Barón Rojo, no recuerdo haber publicado ninguna reseña de vinilos patrios. Para eso ya estaba Paco. Sin embargo, como hace tiempo que se dedica a otros quehaceres, recojo el testigo y os traigo hoy a la banda salmantina El altar del holocausto. Con casi una década de existencia, lo cierto es que los conocí hace muy poco, apenas un par de años atrás con motivo de la publicacón de IT. Su sonido me atrapó y me apenó no poder conseguir una preciosa edición en vinilo que se agotó en poco tiempo. Por eso, tan pronto como este año anunciaron la publicación de este Trinidad, me afané en encargar una copia que se ha hecho esperar varios meses por diversos cambios en la fecha de entrega, supongo que por culpa de la COVID19. Pero puedo deciros con satisfacción que a estas alturas ya poseo mi flamante edición del álbum en su edición amarillo arena –con regalo de una fotografía de la banda autografiada por los cuatro miembros– que en las versiones en vinilo edita el Sello asturiano Throne records


El concepto del grupo es de lo más llamativo. Sumad la teatralidad de Ghost, la aparente honestidad de Stryper y la iconografía pascual castellana y os haréis una idea de la propuesta estética de El altar del holocausto que, al igual que los penitentes de la Semana Santa salmantina, guarda el anonimato de sus integrantes. Ataviados con sus túnicas inmaculadas, sus miembros están rodeados de un halo de misterio que ríete tú de Tobias Forge y sus nameless ghouls. Y eso no es todo, se llaman hermanos entre ellos, se refieren a sus seguidores como fieles y llaman homilías a sus conciertos. 
Como todo lo que sirve de inspiración al grupo, su nombre está sacado de la Biblia y se refiere al altar de madera de acacia en el que se hacían sacrificios en honor a Dios para el perdón de los pecados. Ahora bien, lo que haya de sinceridad o de imagen en todo esto queda para los componentes de la banda ya que, particularmente, no me importa en absoluto y me lo tomo como un elemento más del espectáculo. 


Formada como dúo con Reaper Model a batería y Skybite a guitarra, la banda comenzó a pisar los escenarios en 2012. Eso sí, para grabar su primer álbum ya entró Weasel Joe a la guitarra y Skybite se pasó al bajo. En la actualidad –tras la adición de Reverb Myles a la guitarra– parece que el grupo ha encontrado la formación definitiva con la que continuar su andadura (o debería decir via crucis). Aún así, está claro que hay más personas involucradas en el proyecto. Por ejemplo, en una reciente entrevista, los miembros oficiales nombraban a un tal Cardenal Shake como un técnico que les había ayudado en la preproducción de este Trinidad, que suena menos oscuro y doom que su predecesor y goza de un sonido más limpio y progresivo. 

Por cierto, en la hoja interior hay un error de imprenta y versa ESPEZANZA donde debería poderse leer el nombre de la segunda virtud teologal del catolicismo y título del segundo tema de la obra. 


Grabado, mezclado y masterizado en el madrileño Estudio Uno por el ingeniero Pablo Pulido, el track list del álbum es: 

A 
Fe 
Esperanza 

B 
Caridad 
Crvucis (Remastered) 
Resurrectionem (Remastered) 


El primer temazo del disco es Fe, que posee diversos cambios de ritmo, con pasajes cristalinos y punteos limpios alternados con riffs muy gruesos totalmente doom. Es decir, la marca de la casa. Esperanza resulta menos densa, más reposada e incluso jazzy al principio aunque poco a poco va tornándose –digámoslo así– alegre y animada. Podría ser perfectamente un tema de Joe Satriani. Con ella finaliza una primera cara que resulta breve. 


Ya en la cara B y finalizando la Trinidad propiamente dicha, pese a que el estilo de esta gente es el que es y no hay que darle más vueltas, tenemos a la ¿progresiva? Caridad que goza de momentos que perfectamente encajarían en un álbum de Dream Theater mientras el tema va transitando entre pasajes de enorme calma con otros más enérgicos. Más doom son las versiones remasterizadas de los temas de su EP homónimo de 2016 que la edición en vinilo incluye como bonus, con un Crvcis que es un viaje lisérgico acompañado de un bajo poderoso y siniestro y una guitarra que le lleva a uno en volandas por caminos en los que la luz y la oscuridad se alternan y un Resvrectionem, más progresivo que el anterior pero igual de hipnótico, con largos desarrollos de guitarras limpias cubiertos de capas de gruesos acordes de guitarra y bajo. En general, una obra cuyo sonido te envuelve con su fuerza e intensidad interpretativa, una gozada, vamos. 


Y es que aún recuerdo la época preinternet, cuando uno pillaba en la FM algunos programas dedicados al heavy metal y tenía suerte si en onda larga captaba alguna emisora internacional en la que escuchar los singles y poco más de los álbumes que editaban sus bandas preferidas. Luego, después de comprar el disco en la tienda, corríamos a casa a escuchar con atención el álbum –en mi caso– tumbado en la oscuridad, con los auriculares puestos, que para mi gusto es la mejor manera de sentirse envuelto por la atmósfera de la grabación, con el cerebro concentrado en el sentido del oído. 


Así es como creo que debe disfrutarse la música en general y propuestas como las de El altar del holocausto en particular. Después de una experiencia así, cuando la aguja llega al final del surco uno quizás no ha entrado en comunión con el Señor... pero poco le ha faltado. 



Feliz viernes y que la gracia de Dios os acompañe, amigos. 
@KingPiltrafilla

viernes, julio 16, 2021

C. Tangana - El Madrileño (Sony Music 2021)

 

Si alguien me hubiese dicho hace unos meses que compraría este vinilo, le hubiese dicho que estaba loco, ni de coña me compro yo un disco del Tangana…bueno pues aquí estamos.

El Madrileño, editado en vinilo por Sony Music en Abril de 2021. Carpeta gatefold con diseño de portada y contraportada del artista Iván Floro que creo le da el aire nostálgico y a la vez de vanguardia que necesita un trabajo tan ecléctico como este y que rompe completamente con la línea musical que venía siguiendo C. Tangana, Rap, Hip Hop…  del cual no conozco nada y que ciertamente no tengo intención de escucharlo.


Portada

                                                                             Contraportada



Hace unos cuatro meses en Twitter Jonás Muz @jotauvefree me comentó que escuchase el disco de C. Tangana “El Madrileño” que era un discarral y algo muy punk, así que con bastantes prejuicios, pensando que esto no tenía nada que ver con lo que me gusta y aunque ya había escuchado uno de los temas del disco Tú me dejaste de querer  que ya sonaba bastante, lo escuché en streaming, me gustaron un par de temas y lo dejé algo aparcado…como decía… aquí estamos porque he vuelto a escuchar el disco muchas veces más y aunque me negaba a comprarlo, fui consecuente y lo compré, me gusta mucho este trabajo. Creo que este disco se seguirá escuchando cuando pasen los años, pero sobre todo creo en cortar etiquetas que no suelen servir para nada y defender lo que me gusta, por muy loco que parezca porque siempre he sido así, porque no puedo negar que he sido una rara avis toda vida y nunca he renegado de mis gustos musicales, aquí que he escrito siempre con total libertad, tampoco voy a renegar ahora, lo cuento.

Este es un disco de fusión, de mezclar diferentes culturas, la música tradicional con la música urbana, es un puente entre la música española y la latinoamericana, este disco es una reunión, es un viaje transgeneracional.

El LP sencillo contiene 14 temas, siete en cada cara, todos ellos en colaboración con diferentes artistas, la mayoría de la vieja escuela y otros que provienen de la música actual, urbana.

Un disco que principalmente le canta al desamor, lleno de samples de canciones que ya hemos escuchado pero combinadas con letras nuevas, con un lenguaje actual, con cierta actitud punk y mucha mezcla de ritmos, mucha rumba, sintetizadores y mucha música para bailar.

CARA A



Demasiadas Mujeres es el tema con el que arranca “El Madrileño”, una canción sobre recuerdos de relaciones y lo hace con el inicio de una saeta siguiendo a ritmo de pasodoble (Campanera), con vientos y con dejes techno. Este tema me recuerda mucho a algunos de los temas de Lichis y su Vestidos de Domingo.


Tú Me Dejaste De Querer es posiblemente el tema más escuchado del disco, es una rumba, muy en el rollo de aquella moda del techno rumba, en la que acompañan a Pucho, La Húngara y el Niño de Elche. Es una canción de reproche en la que se puede escuchar el “son ilusiones” de los Chichos que me parece un acierto brutal.

Comerte Entera con la colaboración de Toquinho, esta canción con una base de bosanova, algo de bolero y un poco reggaetón a la que el maestro brasileño le da un toque precioso al tema con el que puedes sentir más ese deseo del que hablan.

Nunca Estoy es uno de los primeros temas que se grabaron antes de que el disco tomara forma definitivamente. Es una canción sobre echar de menos, la distancia en una pareja. El tema incluye dos samples, el más importante “como quieres que te quiera” de Rosario y “quién me va a curar el corazón partío” de Alejandro Sanz.

Párteme La Cara es una canción urbana en la que colabora el mejicano Ed Maverick que nos habla sobre las opiniones de los demás.

Ingobernable es uno de los temas que más me gusta, otra rumba, es una colaboración con los Gypsy Kings que me han flipado toda la vida y además esta es una canción que habla sobre mujeres fuertes, ingobernables.


Nominao esta canción habla sobre el día que se conocieron Pucho y su colaborador en este caso, Jorge Drexler dentro de la industria de los premios de la música.

CARA B


Un Veneno (G-Mix) esta canción que abre la Cara B es un bolero, es otro de los temas que se grabaron antes que saliese el disco en su totalidad y que inicialmente se grabó con El Niño de Elche y en esta ocasión cuenta también con el gran José Feliciano. El tema habla sobre la fama y las ganas de crear, el ansia por el show business con sus cosas buenas y no tanto. Temazo.


Te Olvidaste una melodía con base de bolero y con una letra en la que Tangana va a seguir haciendo su vida y seguir con su melancolía digan lo que digan. Colabora el mejicano Omar Apollo.

Muriendo de Envidia es una para mí una de las maravillas del disco sin duda alguna. Cuenta con la colaboración de lujo de Eliades Ochoa, comienza a ritmo de rumba catalana, no en vano es una canción que le cantaba Antonio González “El Pescaílla” a Lola Flores, y anunciando a “El madrileño” nos traslada hasta Cuba a ritmo de son cubano.


CAMBIA! Una canción que habla sobre el cambio de la masculinidad, de lo que se espera de uno. En este caso con las colaboraciones de Carin Leon y Adriel Favela.

Cuando Olvidaré es un tema que me gusta mucho y con la melodía del bolero “Historia de un amor”, historias de amores locos, con sus toques de sintetizador y ritmos latinos, la colaboración de este tema es una conversación insertada como si fuese una sobremesa de charla entre flamencos y cuando lo escuché la primera vez creía que se trataba de Marchena pero es Pepe Blanco que le llamaban “el Marchenita” y todo tenía sentido, es un puntazo esa inserción en la canción, me parece algo muy madrileño y de otra época.

Los Tontos canción que hace con mi adorado Kiko Veneno, con ritmo de rumba y que cuenta eso que le pasa a mucha gente, no se puede ser bueno y tonto hasta el infinito.


Hong Kong cierra este viaje con Andrés Calamaro y el nombre de la ciudad china que podría haber sido cualquier otra, una letra muy macarra y directa con un sample de una canción de los primeros años de Calamaro en la banda Los abuelos de la nada, Mil horas, “tengo un cohete en el pantalón” que es un tema que me encanta desde hace mucho más de esas mil horas y algún otro guiño a las geishas…

 

Os recomiendo que escuchéis el disco, dejéis los prejuicios a un lado y le deis una oportunidad. Jonás tenía razón desde el principio, es un discarral y cada vez que lo escucho le encuentro algo nuevo, algo que me había pasado desapercibido. ¡Feliz fin de semana!






Billy Idol - Charmed Life (1990, Chrysalis Records)

 




Billy Idol estaba a punto de lanzar su nuevo disco Charmed Life. Pero en enero de 1990, salió a pasear con su moto por Hollywood y se saltó un stop. Resultado de aquello: el hueso atravesó los pantalones después de haber destrozado los músculos. Idol reconoció que, si el accidente hubiese ocurrido diez años antes, le hubiesen amputado la pierna, pero consiguieron salvársela gracias a los adelantos médicos. De todas formas, en los primeros momentos en el hospital no tuvo esa preocupación porque la morfina se encargó de hacerle pensar que el mundo es un lugar muy agradable. Luego vinieron tiempos duros de recuperación y rehabilitación. Pero seguro que se le hicieron más llevaderos porque aquel disco tuvo mucho éxito. No tanto como sus anteriores trabajos, sobre todo el Rebel Yell del 84, que fue el que le posicionó como superestrella en todo el mundo. Pero vamos a centrarnos en este trabajo, el primero de Idol sin la compañía de Steve Stevens, guitarrista y coautor de muchos temas de Idol. Stevens es el encargo del solo de guitarra del “Dirty Diana” de Michael Jackson. El caso es que Billy se mudó de Nueva York a Los Angeles tras reconciliarse con su novia Perri Lister. Allí tuvieron un bebé al tiempo que Billy se compró una motocicleta nueva y se aficionó a la actuación…todo ello manteniendo un nivel de consumo de drogas bastante alto. También perdió la batalla de mantenerse fiel a Perri y tuvo un lio con una chica 13 años menor que él a la que dejó embarazada, terminando la relación con Perri. En L.A había conocido a gente de Hollywood y consiguió un papel protagonista en la película “The Doors” de Oliver Stone. Y fue en este punto cuando cogió la motocicleta, un poco pasado de vueltas, y se torcieron, además de sus piernas, algunos de sus planes, principalmente el de la película, pues al final hizo una aparición menor, un cameo. Afortunadamente, tenía prácticamente terminado este Charmed Life, con el batería de sesión y su productor de confianza, Keith Forsey (ganador del Oscar por el tema “Flashdance…What a feeling” y compositor del “Don’t you (forget about me)” que hicieron famosos los Simple Minds aunque estaba pensada para el bueno de Idol) a los mandos.

 


Una guitarra retumbante abre el lado A en “The Loveless”. La canción se inspiró en la película de 1982 del mismo nombre protagonizada por Willem Dafoe. Billy sintió que era un título apropiado para la canción, ya que describía sus sentimientos de soledad y estar desconectado de todo. No es una pista de rock fuerte para la canción de apertura, pero tiene un buen ritmo y Billy suena genial.

 


En “Pumping on Steele” nos habla de construir una motocicleta. Con Mark Younger-Smith en la guitarra, hubiese estado mucho mejor como apertura del disco, en mi opinión, gracias a un gran ritmo de batería un potente riff.


 

Prodigal blues” es un gran medio tiempo, muy al estilo de su éxito “Eyes without a face”. Fue el tercer single y el video fue rodado cuando Billy estaba prácticamente recuperado, cabalgando en una motecicleta,  todo con estética motera a tope y su clásico look copiado en la maravillosa “Buffy cazavampiros” por el vampiro Spike.


 

Toca el turno al segundo single, una versión del clásico de The Doors, “L.A. Woman”. En esencia, sigue el patrón de la original, quizás un poco más densa y con un final más psicodélico. El propio Billy dijo de ella: "Hicimos una versión muy acelerada, impulsada por la cocaína, que se aceleró un poco diferente a la versión original de Doors, que era un boogie de piano honky-tonk de bar un poco más lento". En el video rodado para la canción, se puede ver a Billy cojeando y con bastón, en las primeras etapas de su recuperación. La última canción del Lado A es "Trouble with the Sweet Stuff". Una canción de antorcha épica de 6 minutos con un trabajo de bajo serio y un gran trabajo de guitarra. Un rock de ritmo un poco más lento con algunos coros femeninos y una melodía fantástica en general. Billy está admitiendo su amor por ... bueno ... por las cosas dulces y su adicción al sexo, creo. Quizás la que menos que gusta del disco, todo hay que decirlo.


 

Y comienza la cara B con “Craddle of love”, uno de los mayores éxitos de Billy. La canción era para la película de Andrew Dice Clay, "Las aventuras de Ford Fairlane". Trata sobre una gran cantidad de rockeros “asaltacunas” como Jerry Lee Lewis. Es un clásico made in Billy Idol y tiene todo lo que sabes y amas sobre su sonido, incluso un pequeño tufillo a pop comercial. Demostró que podía hacerlo sin Steve Stevens, diablos, y la canción llegó al número 2 en el Billboard Hot 100. Mención aparte su incónico video, dirigido por David Fincher, y que fue un cambio de planes tras el accidente de Billy. De hecho, Idol apenas sale en él. Y sus secuencias se rodaron de forma que pareciese que él se movía cuando, en realidad, lo hacía la cámara. El video trata sobre una joven adolescente que seduce a un hombre de negocios y se convirtió en un icono de los últimos estertores de la década de los 80.

Mark of Cain” es hipnótica y con tintes electrónicos, quizás enseñando lo que que Idol haría en los 90. Sigue “Endless Sleep” que es otro cover, esta vez es una teenage tragedy de los 50's. La canción fue originalmente grabada por Jody Reynolds en 1958. Billy moderniza el sonido, pero mantiene un ambiente que es a la vez hermoso e inquietante. Es una canción interesante. Luego se acelera el ritmo con "Love Unchained", corte con un buen ritmo, pista bailable. Un solo de guitarra y mucho gruñido y actitud de Billy. Al estilo Simple Minds.


 

"The Right Way" es otro gran corte. Desde la ametralladora de la caja de apertura al principio hasta el riff de guitarra y la gran entrega vocal de Billy, la canción resuena y mantiene el tren en marcha con un buen momento. 



Y finalmente llegamos a la última pista, “License to Thrill”. El álbum termina con un gran trabajo de guitarra, teclados asesinos y Billy en estado puro gritando en las voces. Una forma genial de terminar el álbum. Acción sin parar y emoción a raudales.

En definitiva, un álbum de rock entretenido. No vamos a ponerlo en un altar, pero para pasar una tarde agradable, da más que de sobra.

En la siguiente década, Idol intentó desmarcarse con Cyberpunk, un fracaso comercial con sonidos muy industriales del que sólo se salva el “Shock to the system”. Ya en el nuevo siglo, rehaciendo su vieja amistad y colaborando con Stevens, ha publicado dos álbumes bastante flojos y se ha centrado más en las colaboraciones con otros artistas (como Miley Cirus)