Hoy por fin es el día
en el que dedico una entrada a uno de mis guitarristas favoritos. Mi admirado
Jeff Beck. No voy a repetir eso que siempre de dice de él: que es un
guitarrista infravalorado, que no esta a la altura, en cuanto a reconocimiento
y popularidad, de otros compañeros de generación como Jimmy Page, Jimi Hendrix
o Eric Clapton. Ni siquiera que debería aparecer siempre en esos primeros
puestos de las listas de los mejores guitarristas eléctricos de la historia.
Aunque lo pienso. Porque eso de ser “el mejor” es siempre subjetivo. Hay muchos
y muy buenos guitarristas, pero hay un criterio que no falla si uno quiere
establecer esa famosa lista de los mejores guitarristas. Si uno pregunta a los propios
guitarristas quién es aquél que más les ha influido, o al que más admiran, hay
un nombre que se repite: “Jeff Beck”. Algo debe de haber hecho bien para que la
mayoría de los guitarristas de rock a partir de los años 70 le nombren como una
de sus grandes influencias.
Aquí tenéis reseñada
una de sus obras maestras: “Blow by Blow”.
¿Y qué ha hecho
Jeff Beck para merecer la admiración de tanto guitarrista? Pues, sobre todo,
innovar en el uso de la guitarra eléctrica: su tremenda habilidad para las
melodías, el uso y el control minucioso de los efectos (feedback, talkbox,…),
el uso de la palanca de vibrato, su timbre inconfundible, su sensibilidad, y
una manera de tocar guiada por el instinto, por la improvisación, totalmente
imprevisible, pero con una carga emocional extrema. Lo curioso es que, aunque
era un virtuoso, siempre daba preferencia en sus interpretaciones a su
capacidad para transmitir, por encima de cualquier demostración de destreza
técnica o velocidad. Algo que iba en consonancia con su personalidad:
inestable, impredecible, pero siempre sincera e instintiva.
La historia del
disco que traigo hoy comienza de forma muy curiosa un 13 de julio de 1969, en
el Queens Singer Bowl de Nueva York. The Jeff Beck Group, su grupo de entonces
comparte cartel con Ten Years After y Vanilla Fudge. En un momento dado del
concierto, algunos miembros de Led Zeppelin salen al escenario para unirse al
Jeff Beck Group en una versión del “Jailhouse Rock”. John Bonham, completamente
borracho, acaba haciendo un Striptease, provocando la intervención de la
policía y el desalojo de la sala. Al día siguiente, Bonham, ya recuperado, les
cuenta a Carmine Appice y Tim Bogert, batería y bajista de Vanilla Fudge, que
Beck es un admirador suyo y que esta deseando tocar con ellos. Los históricos
Vanilla Fudge son uno de los grupos precursores del Hard Rock, y Jeff Beck
estaba impresionado por su sección rítmica desde que escuchó su primer disco un
par de años antes. Vanilla Fudge fueron especialistas en hacer versiones,
ralentizando el tempo, e imprimiendo una contundencia inusual a su sonido,
sobre todo en la batería (por eso Carmine Appice merece un hueco en la historia
del rock). Ese sonido “pesado” sería una de las primeras piedras en el inicio
de la historia del hard-rock y el proto-metal.
Jeff Beck ya había
hecho historia con los Yardbirds, uno de los grupos más importantes de la
escena del rhythm and blues británico de los 60, y con sus dos primeros discos
con The Jeff Beck Group: “Truth” (1968) y “Beck-ola” (1969). Discos que merecen
estar como mínimo al mismo nivel de importancia histórica de otros discos seminales
de Led Zeppelin, Cream, o la Hendrix Experience. El ambiente en el grupo de
Beck estaba por entonces muy degradado. Rencillas personales entre Rod Stewart
(voz) y Jeff Beck, Ron Wood (bajo), pensando ya en marcharse con su amigo
Ronnie Lane a los Faces, Tony Newman (batería) enfadado por la inestabilidad
del carácter de Beck, y demandando al manager Peter Grant. Newman acabaría
formando parte de May Blitz. En general, todo el grupo bastante frustrado
viendo como los Zeppelin triunfaban y ellos no lograban el éxito comercial.
Jeff Beck, en una de esas decisiones que podían haber cambiado la historia del
grupo, decide anular su concierto en Woodstock, que ya tenían apalabrado.
El caso es que esa
confesión de Bonham a Appice y Bogert provoca la llamada de Appice a Jeff Beck,
y quedan para un primer ensayo el 3 de noviembre en Nueva York. Aunque Appice y
Bogert proponen como cantante a Rod Stewart, Beck se opone. De todos modos,
Stewart sigue a su amigo Ron Wood a los Faces. En cualquier caso, ya habían
echado el ojo a otro cantante llamado Rusty Day, de los Amboy Dukes. La víspera
de ese primer ensayo, Jeff Beck sufre un grave accidente de coche (su otra gran
afición) y queda convaleciente durante varios meses.
Dada la incertidumbre
sobre si Jeff Beck lograría recuperarse y volver a tocar la guitarra, Appice y
Bogert deciden formar Cactus. Aquí las reseñas de sus excelentes discos:
One Way … or another (1971)
Restrictions (1971)
Jeff Beck se
recupera finalmente y da una nueva vida a su Jeff Beck Group, dotando al sonido
de su grupo de un toque “soul” y “rhtyhm and blues”, y nuevamente haciendo
historia.
Cuando Cactus se
separan en 1972, Jeff Beck ve la oportunidad de dar forma a su proyecto, de
hacer realidad su sueño, aunque tres años después. Algunos piensan que el
escaso éxito comercial del grupo (solo publicaron un disco de estudio) se debe
a que ya había pasado la moda de los power tríos y de los “super grupos”. Puede
ser, aunque por entonces los West, Bruce & Lang también publicaban su
primer disco. El objetivo era, además de divertirse, hacer “ruido”. Adoptar
claramente un sonido pesado. Ese del que Beck había sido pionero, pero con el
que aun no había tenido el reconocimiento comercial que buscaba.
Es de justicia
recalcar que, durante toda su carrera, Beck nunca ha seguido las normas de la
industria. Todo lo que ha grabado es porque ha considerado que tenia algo
interesante que aportar. Si no tenía nada artísticamente interesante que
ofrecer no tenia problemas en pasar años sin grabar, antes de hacerlo por meras
obligaciones contractuales. En fin, un tipo que nunca ha encajado en el molde
de la industria discográfica, y eso es lo que ha evitado que su nombre haya
traspasado al gran público. Bueno, al menos esa es mi lectura personal.
Los tres músicos
comienzan ya a tocar juntos a partir de septiembre de 1972, incluso antes de
grabar el disco. Entre las canciones que tocan en directo, hay un tema que
luego grabarían para su disco de estudio, compuesta por un tal Stevie Wonder:
“Superstition”. Y aquí es donde cuento esa anécdota del nacimiento de esta canción,
que forma parte ya de la historia de la música popular.
Jeff Beck ya había
grabado una canción de su admirado Stevie Wonder en el disco “The Jeff Beck
Group”, del año 1972, su 4° disco tras dejar los Yardbirds. Stevie Wonder le
invita a pasarse por el estudio a meter algunas guitarras en el disco en el que
está trabajando oactualmente “Talking Book”. Lo que haría dejando su solo de
guitarra en “Looking for another pure love”. El acuerdo era que, a cambio de la
participación de Jeff Beck en el disco, Stevie Wonder le daría una de sus
canciones en exclusiva. Así que Jeff Beck vuelve un segundo día al estudio para
intentar componer esa canción que se llevaría a su disco. Beck comienza a hacer
un ritmo improvisado en la batería, sobre el que Stevia Wonder encuentra la
inspiración para componer el riff del siglo (según palabras del propio Jeff
Beck). Ese riff seria la base para una de las canciones más reconocibles e
influyentes de Stevia Wonder: “Superstition”. Una canción que estaba destinada
a ser grabada en exclusiva por Jeff Beck, ese era el trato. De hecho, Beck,
Bogert y Appice tocaban en directo la canción antes de que se publicase en
ningún disco. Lo que ocurrió después es que cuando la Motown escucho la
canción, no tuvieron ninguna duda de que esa canción tenía que grabarla Stevia
Wonder, y tenía que ser su próximo single. Hasta el propio Stevie Wonder se dio
cuenta del potencial del tema. así que, en octubre de 1972, se publicaría el
single “Superstition”, grabada por Stevie Wonder, al mismo tiempo, que su disco
“Talking Book” 1972. Esa es la versión que haría historia. Beck, Bogert y
Appice, la grabarían en estudio en diciembre de ese año, y publicándose en el
disco de BBA ya al año siguiente, 1973. Así que Beck no solo perdió la
exclusiva, sino que su versión quedo eclipsada por la publicación previa de la
versión de Stevie Wonder. Es curioso
escuchar esta versión del “Superstition” completamente diferente de la que
todos tenemos en mente.
El disco comenzó a
grabarse en los estudios Chess de Chicago (en lo que cuentan que fueron unas
sesiones caóticas) y se termina de grabar en Los Ángeles. Producido por Don
Nix, que incluso contribuye en la composición de algunas canciones.
Musicalmente
hablando es un disco más variado de lo que puede parecer a priori: blues rock,
heavy blues, baladas soul, boogie rock, y soft rock.
Como curiosidad,
también participa en el disco Duane Hitchings (ex-cactus), en la composición
(“Lady” podía ser perfectamente una canción de Catus) y en algunos teclados
(“Oh to Love You”).
Admiro a los músicos
que saben dar un paso atrás para dejar espacio a los demás. Y eso hace Beck en esa
“Oh to Love You”, canción donde la guitarra es sorprendentemente discreta. Y
esas armonías vocales tampoco son habituales en el hard rock (Bogert y Appice
se reparten las voces en todo el disco).
Tampoco es habitual el uso de un sitar eléctrico, es esa misma canción,
o de pianos (en “Sweet Sweet Surrender”). Tampoco debería sorprender el toque
funk de “Lose myself with you”, incluido el wha-wha omnipresente de Beck.
Cuando escuché por
primera vez este disco, esperaba una incesante tormenta de blues rock
acelerado, pero aquí vais a poder apreciar, además de eso, muchos más matices y
pasajes más delicados. Ya sea en esos arrebatos de hard rock, o en las baladas
mas sensibles, es una gozada apreciar todos los matices, texturas y arreglos
(algunos muy discretos) que es capaz de aportar Beck en cualquier situación. Un
absoluto deleite escuchar esa guitarra sea cual sea el tono de la canción.
Una de las posibles
causas que se evocan con respecto al fracaso de critica y publico de este disco
es el papel “excesivamente” discreto de Beck, tanto en directo como en el
disco. Conviene señalar que, aunque se suele hablar mucho del ego de Beck, el
propio guitarrista no quería ser la estrella del grupo. En realidad, no quería
que nadie fuera “la estrella”. Los tres eran unos super músicos, pero quería
evitar el protagonismo individual de cualquiera de ellos. Buscaba una maquina
“compacta y engrasada” de rock pesado, capaz de crear dinámicas y matices
variados, pero ningún individualismo. Y aquí es donde cuenta que, quizás el
excesivo protagonismo de Tim Bogert, que no podía evitar dar rienda suelta a su
virtuosismo con el bajo, pudo ser uno de los detonantes de la separación del
grupo.
Este disco es solo
una pequeña muestra de una de las múltiples y variadas facetas guitarrísticas
de Jeff Beck, pero siempre es un placer escucharle, ya sea haciendo blues,
rockabilly, jazz-rock, ryhthm and blues, soul, hard-rock, música electrónica, o
pop. Un absoluto maestro de la guitarra.
Espero que lo
disfrutéis.
Ruben Diskobox




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