Venga, vuelvo a la senda que empecé con el vinilo de Halestorm de traer rock moderno al blog. Y con voces femeninas. Y qué mejor que otro grupo que descubrí a la par que a los de Lzzy Hale y que la próxima semana estarán de concierto por España: los Pretty Reckless de la frontwoman Taylor Momsen. En este caso, como con los Halestorm, también traigo su segundo larga duración.
Cuando salió su primer disco, Light me up, tuvo repercusión por el videoclip “Make me wanna die” donde Taylor explota su imagen de Lolita quitándose la ropa a ritmo de rock. Pero aquel disco prometía, presentando a una banda con talento y una notable colección de canciones ("Make me wanna die", "My medicine", "Miss nothing" y "Goin'down" fueron los singles). Pues bien, con este Going to Hell, el grupo elevó considerablemente las apuestas. Con un toque más oscuro, más ambicioso y emocionalmente más expuesto, The Pretty Reckless con este álbum se consolidaron como una auténtica banda de rock en una época en la que el género parecía cercano a desaparecer de las listas de éxitos. A pesar de consolidar su estatus, Taylor siempre ha tenido que luchar contra su pasado como niña pija en la serie Gossip girl. O como niña encantadora en la película El Grinch, por lo que mucha gente la considera un producto. Sin embargo, hay que reconocer que la chica (mujer ya, cuando empezó con los Pretty aún no era mayor de edad) tiene voz y tiene actitud rock and roll.
Por ahí he leído que musicalmente el disco se mueve entre el hard rock, el rock alternativo y el grunge, con ecos de Soundgarden, Alice in Chains y Nirvana. Pero a mi suena mucho más a hard rock. Sí claro, hay pinceladas del rock alternativo, pero no creo que sean excesivas. Definitivamente, cuando termino de escuchar el disco pienso en hard rock, más en Led Zeppelin que en Pearl Jam. Como hemos dicho otras veces con otros muchos artistas, las influencias están ahí y prácticamente todo el mundo tiene las suyas, pero las canciones tienen identidad propia, que es lo más importante.
Rápido, rápido. Vamos a la música que es lo que importa y vamos a escuchar 6 temas en la primera cara de los cuales 4 son muy buenos. La apertura con “Follow Me Down” ya deja claras las intenciones. Sensual, provocadora y cargada de tensión, es una perfecta carta de presentación para un álbum que juega constantemente con conceptos como la culpa, el deseo, la religión, la redención o la autodestrucción. Temas recurrentes en las letras de Momsen, pero abordados sin moralinas y con una sinceridad que resulta difícil cuestionar. Un susurro y un fantástico riff introducen la canción que da título al disco que es probablemente su declaración de intenciones más contundente. Curioso el intermedio que se marcan para luego volver con guitarra acústica antes de meterse otra vez en harina rockera. Fue el cuarto single y llegó al número uno de la lista Mainstream Rock Songs. “Going to Hell” combina un riff abrasivo con una interpretación vocal extraordinaria además del mejor solo del disco a cargo de Ben Phillips. Momsen pasa de la vulnerabilidad a la amenaza en cuestión de segundos y construye una de las grandes canciones de toda su carrera. Más que una provocación religiosa, la letra parece hablar de asumir los propios demonios y dejar de pedir permiso para ser quien uno quiere ser. De nuevo, como en el corte anterior, meten un break más reposado a la mitad del tema. Otro de los grandes momentos llega con “Heaven Knows”. Construida alrededor de un coro de niños, la canción juega continuamente con la imaginería religiosa presente en buena parte del álbum. El resultado es uno de esos himnos que parecen diseñados para ser cantados a pleno pulmón por miles de personas. No es casualidad que acabara convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de la banda, número uno incluido en la lista Mainstream Rock Songs de Billboard. De hecho, tras Haletorm que lo hizo con su "Freak like me" (ya os lo conté aquí) se convirtieron en el segundo grupo con voz femenina en llegar a ese número desde que Alannah Myles lo hiciera en 1990 con "Black velvet" (esto os lo conté aquí). Llega una balada, un medio tiempo o algo así. “House on a Hill” muestra una cara diferente del grupo. Más melancólica y atmosférica, sirve para demostrar que The Pretty Reckless no vive únicamente de los riffs contundentes. Aquí la voz de Momsen encuentra uno de los mejores vehículos de todo el disco, transmitiendo una mezcla de fragilidad y determinación que resulta especialmente efectiva. Y aparece un tema que con el tiempo me ha llegado a gustar mucho, aunque es una canción incómoda y perturbadora. Lejos del rock de estadio, con “Sweet things” nos encontramos ante una pieza oscura y descarnada que explora temas como la explotación, la pérdida de la inocencia y la cosificación. Es una de esas canciones que buscan incomodar al oyente más que agradarle. La atmósfera opresiva se intensifica todavía más con la aportación a la voz masculina del guitarrista del grupo Ben Phillips cuya interpretación aporta un aire fantasmal o demoniaco al tramo final del tema. El resultado es probablemente el momento más inquietante y arriesgado de todo Going to Hell. Mira aquí sí me suena más rock alternativo que hard rock, más Hole que Sabbath. En este tema en concreto, aunque también en todo el LP, Momsen quiso retratar lo que sentía tras toda una vida en el foco mediático, y hablar sobre la exposición pública, la pérdida de control sobre la propia imagen y la lucha por definir la propia identidad. Para cerrar, un corte muy corto y desconcertante, donde una vulnerable Taylor le escribe una carta a su hermana: "Dear sister".
Va, pues damos la vuelta al precioso vinilo de color blanco y morado (marble lo llaman). “Absolution”, líricamente encaja con los grandes temas del disco: la culpa, la redención y el paso inexorable del tiempo. La frase que articula toda la canción,"Time keeps rolling on, I need my absolution", transmite la sensación de alguien que siente que el tiempo se agota mientras sigue buscando una forma de reconciliarse consigo mismo. La misma Taylor parece agotada al cantar el tema. Hard rock moderno en “Blame me” donde Momsen adopta una actitud desafiante, casi provocadora, rechazando el papel de víctima y aceptando las consecuencias de sus propios actos. Bajamos revoluciones con “Burn”, guitarras acústicas incluidas. Un poco de diversión con “Why’d you bring a shotgun to the party”, donde brilla la sección rítmica a cargo de Mark Damon y Jamie Perkins, bajista y batería respectivamente. La canción utiliza el humor y la exageración para hablar de celos, conflictos sentimentales y reacciones desproporcionadas. Y llegamos a otra de las grandes canciones del disco, “Fucked up world”, muy a lo Joan Jett (por cierto, fue retitulada como "Messed Up World (F'd Up World)" para las radiofórmulas. Es una descarga de energía directa y sin filtros que resume a la perfección la visión desencantada que atraviesa buena parte del álbum. Un tema que captura el espíritu rebelde del rock sin necesidad de recurrir a fórmulas gastadas y retrata la rebeldía de Going to Hell en poco más de tres minutos. Construida sobre un riff directo y un estribillo adictivo, la canción carga contra la hipocresía, las expectativas sociales y el desencanto con el mundo que nos rodea. El video es curioso pues Taylor destierra el negro para vestir de colores llamativos y más parece una fiesta típica universitaria de las películas americana que un video de rock. También alcanzó el número uno en la Mainstream Rock Songs de Billboard, con lo que se convirtieron en el primer grupo con voz femenina en tener dos número uno en esa lista. Luego, junto a Halestorm, superaron estos límites en varias ocasiones para ser la banda con voz femenina con más números uno en esa lista. Cerramos con “Waiting for a friend” con una armónica al más puro estilo Bob Dylan.
Hablemos sobre la portada. A primera vista podría parecer una simple provocación: una imagen de Taylor Momsen de espaldas, desnuda, con una cruz y una flecha negras pintadas sobre su cuerpo. Sin embargo, la historia detrás de la fotografía resulta mucho más interesante. Momsen ha explicado que la idea surgió a partir de uno de sus pósteres favoritos de Pink Floyd, aquella famosa imagen promocional en la que varias mujeres aparecían desnudas con portadas del grupo pintadas sobre sus espaldas. Tomando ese concepto como punto de partida, creó una reinterpretación personal utilizando el símbolo que ella misma había diseñado durante la grabación del álbum. Según contaría más tarde, buscaba una imagen que reflejase vulnerabilidad, honestidad y exposición emocional más que una simple provocación visual. Os pongo una foto porque yo tengo en mi cueva ese cuadro de los Pink Floyd.
Mi vinilo es una reedición del año 2021, fabricada en Polonia, editada por los ingleses de Cooking Vinyl, la discográfico que tenía los derechos del disco en Europa pues en Usa lo publicó Razor & Tie. Es formato gatefold y con vinilo marble blanco y púrpura. Ah, se me olvidaba. La producción corrió a cargo de Kato Khandwala (Blondie, Paramore, My Chemical Romance), figura fundamental que ayudó a Momsen a dar forma a todo lo que estaba en su cabeza y que falleció en un accidente de moto el año 2018. El disco de Pretty Reckless de 2021 se tituló Death by Rock and Roll y fue una forma del grupo de procesar el dolor por su muerte.
En resumen, más de una década después de su publicación, Going to Hell sigue sonando fresco, poderoso y sorprendentemente actual. No fue sólo el disco que confirmó a The Pretty Reckless como una banda importante. Fue también la obra que permitió a Taylor Momsen dejar definitivamente atrás cualquier prejuicio relacionado con su pasado como actriz y ganarse un lugar por derecho propio dentro del rock contemporáneo. Tras este LP, han publicado otros tres más: Who you selling for en 2017. En 2021, tras cambio de discográfica, el mencionado Death by Rock and Roll. En 2025 participaron en el disco de tributo a Bad Company con una versión del "All right now" y hace nada, este 2026, han publicado Dear God. Y han sumado otros 6 número uno a los 3 que consiguieron con este plástico.
Ah, y no. Por desgracia no tengo entradas para el concierto. Ni me había enterado de que tocaban el 9 de noviembre en La Riviera de Madrid y el 10 en la Razzmatazz de Barcelona. Al ser en sala cerrada no creo que ningún murciélago pueda morder a la cantante, como ya le pasó hace unos años en una actuación en Sevilla.



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