Debe de ser algo frustrante que, después de mas de 25 años de carrera en solitario, te sigan conociendo como el cantante de los Ronaldos. Y no creo que a Coque Malla le moleste. Nunca ha renegado de su pasado (ni falta que hace). Es más, en sus conciertos, y es algo que yo personalmente agradezco, tira de “nostalgia” (como él dice irónicamente), para rescatar temas de su antiguo grupo. Y es que creo que Los Ronaldos merecen un hueco importante en la historia del rock en España. Aquí una reseña compartida en este foro: Saca la lengua
Pero no vengo a
hablar de Los Ronaldos, sino de Coque Malla. Como fan de Los Ronaldos que fui,
seguí desde el primer disco la carrera de Coque en solitario, aquel (ya lejano)
“Soy un astronauta más”, de 1999. Una carrera donde sigue aplicando una manera
muy particular de contar historias. Letras a veces cripticas, a veces
surrealistas, y a veces simplemente son historias sinceras que un amigo te
puede contar mientras os tomáis un café. Musicalmente, es verdad que cada vez
son menos los ramalazos roqueros “stonianos” que se escuchan en sus discos,
aunque sigue habiéndolos. Y es que Coque Malla entra en otro tipo de enfoque,
tanto en lo musical como en las historias que cuenta en las canciones. Es
normal, ya no tiene 18 años. Su punto de vista ha cambiado, y creo que sus
letras ganan en profundidad, y en general, el sonido de sus discos también
tiene un tratamiento muy diferente a su anterior etapa.
Esto le hace ya
marcar distancias con su grupo de toda la vida, aunque sus detractores me dirán
que con esa voz tan particular (que a mí me gusta, quizás ya me he acostumbrado
a ella) es imposible no pensar en Los Ronaldos. Os pido otra vez que hagáis un
esfuerzo, y os olvidéis de su anterior grupo.
En general, una
discografía en solitario muy sólida, notable, con algunos periodos largos entre
discos, a lo que hay que decir que no ha parado nunca de moverse artísticamente
hablando (cine, documentales, conciertos, …). Más que nada, siempre ha ido
guiándose por lo que en cada momento le apetecía más, sin buscar necesariamente
mantener una coherencia concreta en su carrera en solitario. Lo mismo se ponía
a homenajear a sus ídolos musicales de toda la vida, como se lanzaba a hacer
versiones de Ruben Blades. Un tipo inquieto, con la mente muy despierta, y
desde luego, siempre en constante actividad.
De repente, llega
el disco que, para mi gusto, le lleva a alcanzar la cima creativa y artística
que le coloca en lo alto de la escala de grandes artistas españoles: “El ultimo
hombre en la tierra”. El disco en el que alcanza la matricula de honor. Es el
momento en el que creo que “encuentra” su estilo, la coherencia
total entre las letras, la música, el sonido y, en general, su
consolidación como uno de los grandes músicos de nuestros días. No exagero. A
pesar de haber seguido su notable carrera en solitario, la primera vez que
escuché este disco lo primero que pensé es que había alcanzado la cima. Había
subido un escalón que diferencia a los grandes artistas de esos que son
“Irrepetibles” (guiño a su disco tremendo en directo del 2020). La pregunta que
uno se podía hacer es si esto sería flor de un día, o sería capaz de mantener
el nivel hasta ahora. La respuesta es la segunda opción. No se ha bajado de ese
peldaño desde que publicó este album, porque sus siguientes discos:
“¿Revolución?” (2019) y “Aunque estemos muertos” (2025) están también a une
altura espectacular.
Si tuviera que
convencer a alguien de por qué Coque Malla merece estar en esa élite de grandes
músicos españoles de las últimas décadas, este es el disco que le propondría
escuchar.
Lo primero que
destacaría es el sonido. El responsable de la producción es José Nortes, quien
se ha convertido en mi productor favorito desde hace unos cuantos años (Morgan,
Luis Prado, Miguel Ríos, …). También le podéis ver tocar la guitarra en directo
junto a este último. El sonido es grandioso, lleno de matices y dinámica, un
sonido “pleno”, brillante.
Nada más comenzar
el disco, ya sabemos que aquí va a haber algo intimo y solemne. Ese cuarteto de
cuerda (dos violines, un cello y una viola) ya nos pone en alerta. Porque vamos
entrando en terreno poco a poco, “crescendo”. Arreglos de cuerda de Miguel
Malla, que ya había colaborado con Los Ronaldos tocando y haciendo arreglos de
viento. En general los arreglos de esta canción, “La señal”, me parecen
sublimes. Cómo el sonido del fiscorno se mezcla con la melodía delicada del
piano, para dejar paso a los versos. Os aconsejo que prestéis atención a las
constantes figuras de viento (oboes, flautas, …) durante las estrofas. Todo
acaba en un clímax orquestal cuando se mezclan las cuerdas con los vientos. Ya
os dije que esto iba a ir ganando poco a poco en intensidad. Qué buen gusto
para redondear una canción cuya letra (amarga) queda reforzada por un sonido
que acaba dando sentido a ese sentimiento de tristeza. Cambio de tono incluido
para acabar la canción en todo lo alto. Así es como se empieza un disco.
Poniendo todas las cartas sobre la mesa. Esto es lo que hay.
En “Santo, Santo”,
Coque hace una plegaria para que este asqueroso mundo sea un poco mejor. Si uno
quiere destacar la letra lo que tiene que hacer es “desnudar la canción”,
dejando a la vista sólo el “esqueleto”, una estructura ligera donde apoyar los
textos. Nada más. Que difícil es esto. Sostener una canción con un simple ritmo
de guitarra y batería, y casi sustentada exclusivamente por la voz. Pero ya os
he dicho que esto va de matices, dinámica, subidas y bajadas de intensidad, y esos
coros “gospelianos” aparecen junto a las cuerdas para hacer crecer el
sentimiento de la canción.
Ahora sí, llega el
momento “rockero-stoniano” en el que Coque Malla se desenvuelve como pez en el
agua. Este es su terreno de predilección. José Nortes colabora a la guitarra
eléctrica.
Después de este
momento mas “ligero”, volvemos a hablar de sentimiento profundos, románticos,
nostálgicos. “El último hombre en la tierra” tiene un toque amargo y bello al
mismo tiempo. Trombones, arreglos circenses, y un ritmo de vals que le de un
aire teatral muy original.
Los medios tiempos
son la especialidad de Coque. “Cachorro de león” pone en valor una de las cosas
que mejor se le dan, y es la de dotar a cada instrumento del sonido y el matiz
necesario para construir algo que encaje en un todo. Ese sonido de las
guitarras eléctricas, por ejemplo, casi inapreciable, es clave para dar ese
toque elegante y sofisticado a la canción. No hace falta que todos los
instrumentos tengan el protagonismo. Cada uno tiene su papel. Y ese tono de las
guitarras, con su tremolo, y sus arreglos ligeros y precisos, es algo que ya
había comenzado a destacar desde aquel directo “Mujeres” (2013), y que en sus
conciertos cuida de manera muy precisa. Luego, la guitarra tiene su momento
estelar en el solo (del propio Coque). Por supuesto, el sonido del Hamond queda
al descubierto en toda la canción. Pero lo que destaca sobremanera es el
sonidazo de la batería, y sobre todo de la caja. ¿Cómo se puede hacer sonar así
una batería? Creo que la clave, además del talento técnico de la captura,
ecualización y mezcla del sonido, es esa capacidad para saber qué instrumento
debe destacar en cada momento y en cada canción. Por eso insisto, este disco va
de matices y dinámica. A partir del
minuto 4:30 otra de las claves del sonido de Coque: el recitado de las letras.
Algo que no se suele hacer mucho, pero que le da un toque lirico a la canción.
Esto ya lo hacia Elvis en su época, y en España, gente como Loquillo o Jaie
Urrutia también lo ha utilizado en sus canciones. Coque Malla ha recogido el
testigo de los grandes.
Esta es una mis canciones favoritas del disco: “Escúchame”. Qué manera de hacer crecer una canción. Empezamos sólo con el piano, pero en el transcurso de un minuto de canción, entran progresivamente la batería, el bajo, y unas guitarras eléctricas llenas de distorsión. Pero, ay, cuando entran los vientos, qué arreglos, qué maravilla. Y qué me decís, de los coros. La canción ya cuenta con todos los efectivos, pero aún queda lo mejor, esos vientos a partir del minuto 2:25. Qué barbaridad: tubas, trompetas, saxos, … pues eso, toda la artillería.
Llega otro de los
momentos culminantes del disco: “Me dejó marchar”. Os he hablado antes de ese
sonido delicado y elegante de las guitarras. Pues aquí lo tenéis en todo su
esplendor. Otra clase magistral de arreglos que hacen crecer una canción. Unos
vientos que van entrando poco a poco. Luego la batería. Insisto en que este
ejercicio de hacer que una canción empiece desde abajo, y acabe llegando a un
clímax emocional tan álgido no es nada fácil. Y es que, si uno se pone a
escuchar con detalle el desarrollo de todos los arreglos instrumentales que se
van sucediendo, puede constatar que cada estrofa es diferente, en una canción
en constante cambio, en constante crecimiento. Absolutamente emocionante. Sobre
todo (minuto 4:30) ese intercambio guitarra-vientos, y a partir de ahí el cenit
emocional de la canción, cuando Coque vuelve a cantar (esas cuerdas son
absolutamente maravillosas). Y si os ha gustado, por curiosidad, escuchad la
versión en directo del disco “Irrepetible”, junto a Iván Ferreiro. En fin,
confieso que esta canción me pone los pelos de punta.
“Todo el mundo arde” nos vuelve a colocar a un
nivel terrenal, después del terremoto emocional de la anterior canción. Un
toque de blues magistral, con el toque teatral típico de Coque Malla, cuando
vuelve a recitar la letra tras el solo.
Nuevamente llega otra canción casi
“desnuda”, “Pétalos, sonrisas y desastres”, con arreglos delicados. Una nueva oportunidad para deleitarse con el sonido de la batería, y el fantástico
piano eléctrico. Quizás el momento mas destacado comienza a partir del minuto
3:15, con un cambio de tono, la orquesta toma el protagonismo en ese interludio,
y a partir de ahí unos maravillosos coros de respuesta a la voz de Coque. Muy
original, por cierto.
Volviendo a
escuchar “El cambio interior”, me he dado cuento que esa teatralidad en los
arreglos de algunas canciones puede eclipsar el mensaje de las letras. Y claro,
sobre todo después de los últimos acontecimientos sociales en España, esta
letra de tiene mas sentido que nunca: “…todos hablando de revolución, y luego
plantamos el culo ante el televisor…”. Una parte de mi admiración hacia Coque,
tengo que decirlo, también viene de su compromiso y sus declaraciones
personales sobre los asuntos sociales. Y es que los artistas son personas que
viven en la misma sociedad que nosotros, y también hablan de la vida, como
cualquier otro ciudadano. Escuchad con atención la letra.
El disco se cierra
con una nana, el titulo no da lugar a equívocos. “Duerme” propone un ejercicio
de sonidos oníricos, casi fantasmales. Generados, entre otros, por guitarras
“slide”, coros espectrales, y por un serrucho (minuto 2:00). Si, yo pensaba que
ese sonido era en theremín, hasta que leí los créditos del disco. Cierre
perfecto para un viaje lleno de sensaciones y sentimientos de esos que sacuden
por dentro, y que merecen un reposo para poder asimilarlos de manera adecuada.
La verdad, es un
disco que me marcó especialmente desde su primera escucha, y sin duda uno de
mis favoritos de los últimos tiempos. El disco con el que Coque Malla dio un
salto de calidad y demostró que debe estar en ese peldaño más alto de los
mejores músicos españoles actuales.
A decir verdad, buscaba este CD desde hace tiempo, pero siempre lo veía a precios exagerados, y no se había vuelto a reeditar. Claro, ahora me lo explico, iba a ser reeditado en vinilo (por primera vez) este año, e iba a ser la excusa para que muchos de nosotros cayésemos en la trampa de comprarlo. Así que me dejé “engañar”, me topé con eta reedición de 2026, y cuando uno tiene el disco en la mano, ya no lo puede devolver a la cubeta. Suena muy bien, si, pero hubiera preferido algo más de fantasía en la carpeta, o algun libreto con fotos, más que el colorido “splatter” del vinilo. Este es uno de esos discos que quería tener en mis estanterías. Y aquí os lo comparto.
Espero que lo
disfrutéis.
Saludos.
Ruben DISKOBOX






Comentarios
Publicar un comentario