Peter Frederick Way fue un músico inquieto, británico y con fama de bebedor y juerguista. Contaba apenas 18 años cuando formó un grupo al que acabaron bautizando UFO con Phil Mogg, Andy Parker y Mick Bolton. Esa banda hoy en día considerada un clásico fue hogar de Way hasta 1982, cuando decidió abandonar la nave en busca de nuevos pastos tras la grabación de Mechanix, décimo de su trayectoria.
A partir de ese momento, Pete Way formó Fastway, primero, y Waysted, después. Por las mismas fechas, “Fast” Eddie Clarke abandonó Mötorhead tras Iron Fist. Los dos se reunieron y decidieron formar su propio grupo, al que bautizaron con una combinación de sus nombres: Fastway. Mientras negociaban un contrato discográfico, Way anunció su marcha “por motivos contractuales”. Sharon Osbourne llamó a su puerta y se fue de gira con Ozzy y su Diary of a Madman Tour. Tras este parón, juntó a su colega de UFO Paul Raymond con Frank Noon y Ronnie Kayfield y formó Waysted (no se comía mucho la cabeza con los nombres de sus bandas). Vices vio la luz en 1983 con la producción de Mick Glossop (Van Morrison, Frank Zappa), el EP Waysted al año siguiente, con Leo Lyons (UFO, Motörhead) a los mandos y un segundo largo en 1985, de título The good, the bad, the waysted, con la producción de Liam Sternberg (Devo). Aunque la banda había ido cambiando de miembros en estudios y directo, Fin More (o Muir) se mantuvo a la voz principal, Paul Chapman a las guitarras y Pete Way al bajo, componiendo entre los tres el material.
Sin embargo, cuando grabaron este tercer álbum de Waysted que comparto hoy le dieron la patada a Fin y ficharon a un jovencísimo Danny Vaughn (formaría poco después Tyketto). Save your prayers intentó ser su salto hacia arriba en las listas de ventas con una voz más dulce, melódica y épica que la de Muir y una producción más amable de Simon Hanhart (venía de hacer el Real to reel de Marillion y el Innocence is no excuse de Saxon).
Con John DiTeodoro (Britny Fox, Doro) a la batería se metieron, literalmente, “en un estudio en Europa al que no se va a dar ninguna distinción”. Grabaciones adicionales, arreglos, extras y mezcla en los Westside Studio, los Battery Studio y los Red Bus Studio de Londres. Mucho estudio, mal rollo.
Al pinchar el disco escuchamos el riffazo hard roquero de Walls fall down. Buena canción en la que Vaughn no destaca especialmente, incluso por momentos parece forzado. Aun así, el tema funciona bien y tiene un gran trabajo de batería. En Black& blue, por contra, Danny se luce, pues cae mejor a su melodiosa voz. Una especie me medio tiempo intenso de bello desarrollo y estribillo. Esta canción en versión acústica tiene que sonar a gloria. A la tercera llega el rocanrol de corte más clásico, Singing to the night, con mayor presencia de la batería, y el estribillo más memorable. Se ponen serios en Hell come home con otro ejercicio de hard rock suave, basado en la repetición de riff y estrofa, con un largo estribillo apoyado en segundas voces. Muy clásico de finales de los ochenta. Cierra la cara Hero’s die young con una bonita introducción de piano tras la que arranca la banda con un sabor heavy americano en otro de los puntos fuertes del disco.
En este sube y baja comienza la cara B con Heaven tonight, intento descarado de sencillo de éxito para las radios y la MTV. Y podría haber funcionado. Letra y melodía vocal sencillas y fáciles de recordar, arreglos adornando, reforzando la voz y una producción contundente con mucho reverb. Pero no llegó. Aun así, una canción pegadiza. How the west was won ahonda en la misma línea, ahora con un ritmo marcado, un buen riff de guitarra y un interesante estribillo. Otro punto arriba del disco. Pero tras tanta moñada viene la tormenta de Wild night, un rocanrol fiestero disfrazado de heavy por esas guitarras y el rápido tempo. Uno de los mejores solos de Chapman también. Out of control tiene un rollo hard rock british chulo (lo más UFO del disco) con unos coritos en el estribillo y en algunas estrofas nada deslucidos. Igual algo repetitivo el riff. So long nace acústica y calmada con un punteo sencillo. A partir del puente gana fuerza, entra la guitarra eléctrica y acabamos en un coro épico. Buenísimo el primer solo de Chapman. Nada mal para acabar el viaje.
En las reediciones posteriores se incluyeron dos temas. Fire under the wheels es lo más heavys del lugar, con un veloz tempo, batería redoblando en los cambios y platillos a full. Riff correcaminos y Danny desgañitándose. Caña. Pena que la dejaran fuera. La versión del Fortunate son cierra los extras, muy lograda.
La apuesta por las ventas funcionó a medias: se convirtió en su mayor éxito en Estados Unidos, alcanzando el puesto 185, pero no llegó a donde esperaban. Al final de la década Way volvió a juntarse con Phil Mogg en los reformados UFO para grabar seis nuevos álbumes en diecisiete años. Su mermada salud le apartó de los escenarios y los estudios de manera continuada en el año 2008. Y aunque hizo apariciones puntuales intentó volver a grabar y salir de gira, (Damage Control primero y The Pete Way Band después) no volvió a tener continuidad. Falleció en el verano del 2020, con 70 años, unas semanas después de su colega en esta aventura, Paul Chapman. Por cierto, recuperó la marca Waysted en el año 2000, con Chapman y Muir, dejándonos cuatro nuevos discos.
La versión que traigo fue impresa y comprada en algún lugar de Italia. Las fotografías de los muchachos las hizo Ross Halfin. Mirando la portada, queda claro quién era el jefe. No muy lograda, en mi opinión.
Pasad buen fin de semana.



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