Y continuamos con lo que sin quererlo se ha convertido en una trilogía sobre grandes vinilos de Heavy Metal norteamericano. Y lo que queda.
Puede parecer en esta ocasión que no hablamos de un artista de tanta entidad como Fifth Angel, que al fin y al cabo se convirtió en un grupo de culto o Savatage, un grande, que excepto en festivales, jamás ha tocado frente a grandes audiencias. Y sin embargo, Lizzy Borden, nacido Gregory Charles Harges, con un concepto del Metal más directo, provocativo y excesivo a partes iguales, tuvo y sigue teniendo una gran aceptación entre el público y ha sido uno de los niños mimados de Brian Slagel en el famoso sello californiano Metal Blade.
Como de costumbre, descubrí al artista en su mejor disco, "Master of Disguise" de 1989. Una joya sin paliativos del Metal donde Lizzy Borden lo borda vocal y compositivamente en su obra más madura y que no quiso o supo replicar.
Años después de este evento y paseando una tarde por un centro comercial de origen francés, apareció de la nada y por un precio irrisorio en pesetas el vinilo que hoy traemos. Edición original de Metal Blade y Enigma (los 2 sellos están acreditados), pero que a su vez había llegado a España de importación, ya que el vinilo cuenta con el reconocido (y que debería ser ilegal) corte en la portada y que llegaba hasta la funda interior. Como si alguien se hubiera llevado un trozo de tu alma. Que atrocidad.
El Sr. Borden puede tener varios récords ridículos a sus espaldas. El del artista con más fotos con hachas de la historia (homenaje a la Lizzy real) y el mayor número de portadas nefastas. Para muestra, un botón. El que las letras estén en rojo y amarillo y con un fondo celeste tampoco facilita mucho la labor, más cuando la presbicia empieza a causar estragos. Pero lo importante es el contenido y aquí sí que se ponen serios.
Rescatando una muy acertada frase de un periodista: “de Lizzy Borden siempre hay que esperar lo inesperado”. Y esto es cierto desde “Master of Disguise”. A partir de este disco, puedes encontrarte en cualquier parte de su discografía, temas muy contundentes, metal clásico de dobles guitarras, hard rock rimbombante, medios tiempos con orquestaciones o pequeñas piezas introspectivas. Y de repente aparece de la nada y vuelve a desaparecer en un instante (ocurre en cada disco) un claro homenaje a Iron Maiden. Todo es posible. Por esto es tan difícil ubicar a Lizzy Borden, aunque beban de la misma fuente de la escuela californiana donde encontramos a Malice, Keel o Warrior.
Pero es justo “Visual Lies”, su mayor éxito comercial, su obra más asequible y la más redonda. 9 canciones, 41 minutos de duración. La voz de Lizzy se modera. Es un cantante con un tono muy particular y que puede gustar o no, pero lo que es seguro es que cansa. Tiene además una forma de atacar las melodías bastante peculiar. Probablemente por la entrada en la banda del guitarrista Joe Holmes (Ozzy Osbourne) y la producción del gran Max Norman (Ozzy, Loudness, Megadeth, Lynch Mob, Y&T), tanto las composiciones, los coros y las melodías en general, compuestas junto a su fiel escudero, el guitarrista Gene Allen, se convierten en más clásicas y melódicas.
Demasiado personales para ponerles una etiqueta y demasiado buenos para olvidarlos.
Después de varias semanas dedicadas a vinilos cazados a ciegas dispuesto a descubrir (o no) joyas semidesconocidas, hago un paréntesis regresando a la senda de las apuestas sobre seguro y traigo este viernes un álbum mítico e incontestable que ha cumplido años esta semana, otro de esos que he tenido que buscar porque me extrañaba que no hubiese aparecido ya por esto lares. Poneos en pie para recibir a British Steel , el punto de inflexión –uno de ellos, al menos– de la carrera de unos chicos del área de Birmingham. Con una icónica y llamativa portada diseñada por el habitual director artístico de la banda Roslav Szaybo y fotografiada por Bob Elsdale , autor también de la cubierta del anterior disco (un Killing Machine del que ya os hablé aquí ), la edición que poseo es la de la primera reedición de 1984 española con la infame contraportada en blanco y negro. Respecto al disco, decir que a principios...
Lo han explicado más de una vez los propios protagonistas. Este disco fue grabado de una manera inapropiada. Entre el éxito del anterior Lovedrive , que les llevó, por fin, a un gran tour por Estados Unidos y a su primer disco de oro, hasta que editaron el siguiente, Blackout , no pararon de girar. De hecho, dedicaron seis semanas a recoger el grueso de este Animal magnetism en dos estudios diferentes. Esa prisa los llevó a tener menos canciones terminadas de lo habitual y a no poder valorar en el propio estudio su trabajo. Si le sumas que, intentando adaptarse a los “nuevos” oídos yanquis, endurecieron su propuesta con canciones algo más rápidas y rudas, pero también menos complejas, quizá más directas para las radios, de escucha sencilla, tienes esa inmediatez, ese puñetazo en la mesa que Animal magnetism ocupa en la discografía de aquellos Scorpions. ¿Un disco de transición? Quizá en el mismo sentido que lo fue el anterior Lovedrive , un viaje desde los sonidos con Uli Jon Roth has...
Recuerdo de cuando ayudaba a mi padre en el bar que los alcohólicos de pedigrí, aquellos que terminaban con cirrosis como poco (hostia, Lito, con lo bien que lo pasábamos hablando de música por qué no te retiraste a tiempo), bebían ginebra. Ya fuese con tónica, coca-cola o incluso a palo seco. Esa ginebra Larios o Gordons que en muchas zonas del país se usaba para limpiar las barras metálicas que se estilaban en los bares de aquellos tiempos. Me acuerdo que amigos del País Vasco que trabajaron de camareros en garitos de por allí identificaban a los “castellanos” por su preferencia por esas marcas. En fin, que me desvío, vuelvo a la ginebra. La ginebra es áspera pero es que, además, la juntas con la amarga tónica y se convierte en un menjunje tosco y duro (por eso la moda de meterle botánicos, frutas y mierdas varias para disimular y hacerlo mínimamente apetecible). Como con la cerveza, al final hasta te acostumbras y algunos disfrutan del cóctel. Pero para adentrarte en ...
Aún no he terminado mi trilogía sobre discos que me descubrieron el heavy pero, al no tener preparada la siguiente entrada y recordarnos el otro día un exbloguero (bueno, si has escrito una vez aquí, sigues siendo bloguero del #FFVinilo para siempre), Iñigo “Rock ‘N’ Talk” , que este disco cumple esta semana 44 años, pues voy a intentar escribir algo rápido sobre él. Además de recordarlo, también se marcó un par de temitas en su canal de twitter o X o como lo llaméis. Os he hablado en alguna ocasión de los vinilos que recibió mi hermano Carlos a cambio de una deuda monetaria en el negocio familiar. Predominantemente de blues, jazz, folk y algunos discos más conocidos. Este Lp en concreto no sé si su dueño lo adquirió por su vertiente folk americana o entraba dentro de esos discos comerciales. En realidad, creo que era uno de los más modernos de aquella colección. En fin, fue uno de los que solía yo pincharme en el tocata cuando no estaba mi hermano. Por desgracia ese ...
Este es uno de los discos de mi vida. De esos que tienes tan metidos dentro de ti que no necesitas escucharlos con frecuencia. De hecho, hace muchos años que no lo escuchaba, y al volver a hacerlo para escribir esta reseña me ha provocado las mismas sensaciones que recordaba. Como suele pasar en estos discos, me sabía de memoria el orden de las canciones y hasta el tiempo que dura el espacio entre canción y canción. Esta nueva escucha me ha servido también para reafirmar mi opinión de que este es uno de los mejores discos españoles de la historia. Así de claro. Esta cinta (ya que primero fue una cinta grabada, antes de hacerme con el vinilo), fue una de esas que desgasté en mi radio cassette en mi época preadolescente. Ni siquiera tenía caratula, ni los títulos de las canciones, pero fue una de mis cintas favoritas durante esa época. Siempre me chocó el sonido tan especial del disco. Una “reverb” exagerada en la voz, el sonido de la batería super seco, casi cercano al de una ...
Es posible que empieces a leer esta entrada creyendo no conocer a Albert Hammond . Pero pronto te darás cuenta de que, a menos que hayas pasado los últimos 50 años en coma, has escuchado en más de una ocasión una canción suya. Interpretada por él o por cualquier otro artista, eso da igual. Hace diez años los cálculos eran que se habían vendido más de 360 millones de discos que llevasen títulos en los que estuviese implicado. Han cantado sus composiciones gente como J ohnny Cash, Elton John, Steppenwolf, Sony & Cher, José Feliciano, Olivia Newton-John, Aretha Franklin, Whitney Houston, Chicago (“ I don´t wanna life without your love ”), Starship (“ Nothing's gonna stop us now ”), Joe Cocker, Tina Turner (“ I don´t wanna lose you ”), Roy Orbison, Rod Stewart, Celine Dion (“ Just walk away ”), Julio Iglesias (“ Por un poco de tu amor ”), Willie Nelson (“ To all the girls I love before ”), The Hollies, Diana Ross, Bonnie Tyler, Aswad (“ Don´t turn around ”), Hermanos , aquell...
Comentarios
Publicar un comentario