Recuerdo de cuando ayudaba a mi padre en el bar que los alcohólicos de pedigrí, aquellos que terminaban con cirrosis como poco, bebían ginebra. Ya fuese con tónica, coca-cola o incluso a palo seco. Esa ginebra Larios o Gordons que en muchas zonas del país se usaba para limpiar las barras metálicas que se estilaban en los bares de aquellos tiempos. Me acuerdo que amigos del País Vasco que trabajaron de camareros en garitos de por allí identificaban a los “castellanos” por su preferencia por esas marcas. En fin, que me desvío, vuelvo a la ginebra. La ginebra es áspera pero es que, además, la juntas con la amarga tónica y se convierte en un menjunje tosco y duro (por eso la moda de meterle botánicos, frutas y mierdas varias para disimular y hacerlo mínimamente apetecible). Como con la cerveza, al final hasta te acostumbras y algunos disfrutan del cóctel. Pero para adentrarte en ese mundo que no controlo, es recomendable empezar con una ginebra amable e incluso dulce, como es Puerto de Indias y además, en vez de mezclarla con una tónica por muy premium y aromatizada que esté, hacerlo con 7UP o Sprite. Obtienes algo con la esencia primigenia pero totalmente digerible para casi todos los gustos. Y una puerta a ese mundo etílico, vaporoso y beodo de la ginebra o el gintonic.
Como sois avispados no hace falta que os diga que Slippery when wet de Bon Jovi fue a mi aproximación al hardrock y heavy lo que el Puerto de Indias con 7UP es al desembarco al mundo de la coctelería botánica. Bueno, al final lo he dicho por si acaso alguno no había caído. Los Judas Priest, Iron Maiden y Metallica eran para mi los Larios a palo seco para seguir con las comparaciones y situaros en mi postura musical de aquellos años. Ah, que no lo he dicho, que esta será la primera entrada de mi nueva serie en la que voy a traeros los tres discos que me metieron en el heavy…y alguno otro más.
Tengo en mente, cuando salió este disco y fue emitido en radios y televisiones hasta la saciedad, la animadversión, la ira y el odio que generaba dentro del mundo heavy que se les catalogara junto a Sabbath. De hecho, mi hermano mayor, del que ya os he hablado, era uno de ellos. Pero, de repente, un día se presentó en casa con la santísima trinidad de discos editados por músicos con melenas rizadas y cardadas que se encontraban en las estanterías de heavy metal de las tiendas pero que, en el fondo, eran discos AOR+rock+POP hechos por tipos con pelo largo, pantalones y chupas de cuero. Y, por todo ello, entraron en el mismo saco del hard rock pesado y correoso para desesperación de la facción más integrista de ese hard rock cuando, casi seguro, ni siquiera estos artistas lo pretendieran. Además, tampoco ayudaban a esa integración los clips que ponían en Tocata protagonizados por unos especímenes masculinos tan bellos. Pero mira tú por dónde, como en mi caso, al dejar la puerta entreabierta, muchos metieron la cabeza y entraron y entramos a una nueva sala. De todas formas, retomando el tema, decir en ciertos círculos que te gustaba Bon Jovi era arriesgado porque eso de defender a un guapito y hortera y decir que había hecho algo grande en el rock y declarar el vicio y placer culpable que experimentas al pinchar sus discos, estuvo mal visto durante muchos años. Quizás ahora que ya no es capaz de hacer nada en condiciones, es más fácil valorar esos discos de los 80 e inicios de los 90. El Hair metal le debe mucho a Bon Jovi.
En fin, como han contado otros por aquí (el King, por ejemplo aquí), John Francis Bongiovi allá por el 82 consiguió grabar un tema titulado “Runaway” que luego le permitió montar una banda y editar un LP en el 84 bajo el nombre de Bon Jovi (anda mira, que parecido a otro grupeto llamado Van Halen, ¿será casualidad?). Ese disco, titulado Bon Jovi, y el posterior del 85, 7800º Fahrenheit, tuvieron un éxito moderado, les hicieron girar con Kiss, Scorpions y Ratt y todavía eran hasta bien vistos por la orda heavy a pesar de no cumplir los estándares heviorros con precisión. Por tanto, creo que fue el éxito masivo del Slippery when wet lo que les chirrió. Y eso que gracias a Jon y los suyos, los concierto metaleros se llenaron de chavalas que, ojo, no era moco de pavo. Seguimos. Para este LP de 1986, Bryan, Such, Torres, Sambora y Bon Jovi, tomaron una decisión arriesgada pero que, a la postre viendo los resultados, fue la mejor: contrataron al compositor profesional, muy profesional, Desmond Child para llevar a otra dimensión las canciones y darles ese toque mega comercial que tan bien ha sabido hacer a lo largo de su carrera el amigo Child. Con la producción de Bruce Fairbairn (que luego volvió a poner en el escaparate a Aerosmith con el Get A Grip o a ACDC con Razors Edge) y grabado en los estudios canadienses de Little Mountain Sound de Vancouver, el disco se convirtió en un éxito inmediato: número 1 en las listas de éxitos, sus dos primeros singles también números 1 y fue el disco más vendido del 87 en USA. La crudeza y dureza (ejem ejem) de sus dos primeros trabajos fue reemplazada por una apuesta totalmente comercial, con una producción que logró un sonido pulido, lleno de himnos adolescentes perfectos para ser radiados, sin opción al fracaso. A ver, según voy escribiendo y leyendo, parece que estoy haciendo una crítica mala. En absoluto: el disco es una colección de canciones fantástica sin relleno. Es un disco fresco y original y que, todavía hoy, suena actual, divertido, vibrante. Es un ejercicio de honradez en su estilo, lleno de clichés pero sin fallos ni recriminaciones…aparte de que no es un disco de heavy metal o hard rock metalero. Y es uno de los discos que marcaron mi proceso musical. Si me lo haces valorar, nunca, nunca bajaría de un sobresaliente.
Pasemos a las canciones. La cara A abre con un arrebato pseudobarroco con el órgano (la intro siempre me recordara al “Holy Diver”) y sonando a rock clásico, grande y pesado. En su siguiente disco, también se curraron un inicio parecido, unos preliminares grandiosos. Y qué queréis que os diga, “Let it rock” suena increíble. Si venías de conocer sólo sus dos primeros singles, con esta apertura ya estabas más que ganado para la causa. Pero es que, sin solución de continuidad, tenemos el megatemarral de “You give love a bad name”. Está en el pódium de las canciones más representativas del hair metal sin lugar a dudas, escoge tú el cajón. Primer tema donde Desmond mete la mano y los chicos se curran unos riffs sólidos, estribillos memorables e incluso un groove funky bailable que hace que nadie pueda evitar moverse y disfrutar con la canción. Joder, qué difícil es hablar de temas conocidos por todos. Y qué fácil al mismo tiempo. Dicen que Jon dedicó la canción a su expareja, Diane Lane (en aquella época conocida por Streets of fire: prometo que volverá por este blog, palabra). No nos hemos recuperado y tenemos el otro pelotazo inmeso que es “Livin’ on a prayer”. Si Jon dedicó la anterior a Lane, en esta es Desmond Child el que utiliza su relación con la cantante Maria Vidal, a la que gustaba de llamar Gina por su parecido a lo Lollobrigida. Himno intertemporal e intergeneracional que puede sonar igualmente en el escenario del Monters of Rock o en la boda de tu prima: es esa canción que nunca falla en ninguna situación. Todos sabemos que es uno de los temas más icónicos en el que se usa el talkbox, junto con alguno de Peter Frampton, en este caso a cargo de Sambora para que parezca que suene una guitarra distorsionada. Nada más que añadir, señoría. Pasamos a unos gemidos femeninos que son la introducción de otro rock and roll de manual, “Social disease”, con un riff machacón y pesado pero donde hasta meten vientos. Sí, arreglos de vientos en un disco heavy!!! Ahora sí que los heviosos acérrimos corrían desnudos, con las manos en la cabeza y gritando mientras daban vueltas alrededor de una hoguera de forma convulsiva y desesperada (qué imagen bizarra, por dios). Se cierra la cara A con “Wanted dead of alive” una balada con aires country y que le sirvió al bueno de Jon como cimientos para construir la banda sonora de la película Arma joven, que traje a este blog hace años aquí. A mí siempre me gustó a pesar de todo.
Y pasamos a la cara B que es imposible que mantenga el nivel, a pesar de ser muy disfrutable. “Raise your hand” de temática sexual y fiestera es toda una lección de cómo hacer un temazo de hard rock americano, con guitarrazos bien puestos y coros gritables. De nuevo Child mete la mano en el romanticón siguiente corte, “Without love” aunque fíjate tú, que es un tema que me encajaría perfectamente en el disco de debut de los de New Jersey. Quizás también el siguiente “I’d die for you” por ese teclado inicial muy “Runaway”. Otro tema coreable y muy bien construido que deja el listón muy alto. Tenemos la power ballad “Never say goodbye” que entraba en muchas de mis cintas TDK etiquetadas como “Baladas 1”, “Baladas Rock”, “Baladas Heavy”, etc… y que grababa con la ingenua y cinematográfica idea sacada de las pelis americanas de conquistar el corazón (u otro órgano) de alguna damisela. Despedimos el disco con la rockanrolera y hedonista “Wild in the streets”. Más cercana a Bruce Springsteen o Bob Seger que a los totem del hard rock y el heavy. Un detalle que podréis observar en el clip de este tema y que deja clara la posición de Bon Jovi: en el concierto viste una camiseta del Unforgetable fire de los U2: estos chavalotes de heavies tenían poco, ¿no?
¿Ya hemos terminado? ¿Tan rápido? Es que, cuando te lo pasas bien el tiempo vuela. Y este disco es para pasárselo bien. En la lista de los 20 mejores discos de toda la historia para pasárselo bien, este plástico no puede faltar. Y eso lo dice todo porque, amigos, la música son emociones y sentimientos. Y este disco las genera y los genera a borbotones. Y de los buenos.
Aparte de ser uno de los 30 millones de poseedores de este Slippery when wet, también tengo en mi colección el New Jersey. Y algún día me gustaría hacerme con el Keep the faith, un disco que llegué a apreciar, años más tarde, gracias a una antigua novia que se hizo bonjoviana gracias a él (incluso a veces imitaba el andar de Jon en el video del tema que da titulo al disco) y que yo considero que es el último disco decente del grupo. Luego se perdieron, todos los sabemos.
Siento si alguno esperaba una reseña más técnica, con más datos, más extensa. Pero vuelvo a repetirlo, esto es emoción y sentimiento, pues no en vano, ocupa un puesto relevante en mi historia musical como introducción al hard rock. Buen finde.


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