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Journey - ESC4P3 (Columbia Records, 1981- Sony Music, 2021)





Sabéis que suelo apoyarme en mis reseñas, casi siempre, en vicisitudes personales o similar para meter líneas extra y también para disimular un poco mis carencias en cultura musical, que san Google no puede remediarlas del todo. Sin embargo, con este vinilo no puedo hacerlo. Como mucho os podría decir que lo vi de superoferta en una conocida página de compras online y decidí pillarlo, eso sí, sabiendo de su importancia. Pero poco más. Nunca lo había escuchado completo ni hay nada en él que pueda asociar a una época concreta de mi vida. Ni siquiera por su himno “Don’t stop believin’”. Así que, intenté emular a don Rockologia y en homenaje a alguna de sus mejores reseñas, ponerme en la piel de Perry o Schon o Cain y narrar desde su lado la historia de este disco. Pero la verdad, no se me da tan bien como a Manu, por no decir que me estaba saliendo una bosta tan alta como un niño de tres años. Pero bueno, después de esas pruebas sí que me decidí a darle otro enfoque, distinto al que suelo usar. A ver, al final termino utilizando frases o estructuras que son típicas en mí, es cierto. A pesar de todo, ahí va, voy a intentar empatizar con los músicos, pero sin ser ellos. No queda muy claro, pero yo me entiendo.

¿Cómo debe ser el ser Steve Perry? No el Steve de 1981 sino el de ahora. Debe ser extraño porque hay poco músicos que entren a tomarse una cerveza en cualquier bar de cualquier ciudad de cualquier país y que puedan escuchar cómo todo el mundo canta una canción suya. Y da igual la edad, el país, los gustos. Incluso da igual que los que la estén cantando jamás hayan comprado un disco de Journey (como era mi caso, por cierto). Ni siquiera que sepan decir otra canción de ellos. Amigo, eso te pasa por haber grabado una canción de esas que son más grandes que la vida misma. Y te joderá que esa canción ha terminado adquiriendo vida propia, que ya no te pertenece, ni a ti ni siquiera a tu banda. La canción existe ya por sí misma, simplemente. Y es que hace mucho tiempo que “Don't Stop Believin'” dejó de ser una canción de Journey y se convirtió en otra cosa. En fin, seguro que, si le pides a Perry que te hable de este disco, intentaría explicártelo como una obra completa. Venga, vamos a hacerlo a su gusto. Pero todos sabemos que al final alguien va a volver a preguntar sobre “Don’t stop belivin’” y habrá que retomar sobre ello, ¿verdad?


 

Vayamos a la parte más de historia musical, como siempre. Cuando Escape apareció en 1981, Perry estaba en el punto exacto donde confluyen el talento, la ambición y la oportunidad. Y, aunque Journey llevaba años creciendo disco a disco, no terminaba de llegar a la meta. De hecho, Perry no se unió al grupo hasta el 78. Antes, el grupo hacia una especie de jazz-fussion. Intentaron cambiar de rumbo contratando al vocalista Robert Fleischman. Sin embargo, aquello no prosperó y se le cambió por Steve. La conexión entre Schon y Perry fue inmediata y empezaron a componer juntos. Poco a poco y disco a disco, se iban haciendo más conocidos y dando muchos conciertos y generando cambios en la formación: el baterista Aynsley Dunbar (hace poco lo nombré en la reseña de 1987 de Whitesnake) fue reemplazado por Steve Smith y el teclista Greg Rolie, fundador junto al guitarrista Neal Schon y al bajista Ross Valory, se marchó y propuso a Jonathan Cain como sustituto. Este cambio fue fundamental para alcanzar el éxito que buscaban pues Cain favoreció el uso del sintetizador en vez del Hammond de Rolie. Además, a nivel compositivo complementó a la dupla Perry-Schon. Las piezas terminaron de encajar y la banda encontró la fórmula perfecta para combinar energía rock, sensibilidad pop, grandes melodías y una ejecución impecable. Y lo que salió de aquellas sesiones en el estudio Fantasy de Berkeley en California fue mucho más que un éxito comercial. Fue uno de los discos fundacionales del AOR. Aquí habrá quien prefiera su siguiente álbum, Frontiers. O quien escoja los discos de Foreigner o los de Toto de principios de los 80. Posiblemente tenga razón. O quizás no, pero cuando se intenta explicar qué es eso de Adult Oriented Rock, se acaba volviendo a Escape. Y, escuchado hoy, sigue siendo difícil encontrarle grietas. La voz de Perry es, evidentemente, el elemento más reconocible. No es casualidad que pocos años después terminara compartiendo micrófono con algunas de las mayores estrellas del planeta en USA for Africa. Es capaz de sonar poderoso sin perder sensibilidad, emotivo sin caer en la exageración y técnico sin transmitir frialdad. Pero sería injusto sólo enfatizar la figura de Perry. O la canción...


 

Y entonces, vuelvo a ponerme en la piel de Steve Perry si hoy se sentara a escuchar Escape de principio a fin. Probablemente también le molestaría un poco que toda conversación acabara desembocando en “Don't Stop Believin'” y en su interpretación. Porque lo realmente asombroso de aquel álbum nunca fue una sola canción. Lo asombroso fue que Journey consiguiera reunir una colección de temas que rozaba la perfección. 


 

Ahí está la energía irresistible de “Stone In Love”, que aparece para dejar claro que la banda no piensa vivir únicamente de los estribillos: las guitarras de Schon son perfectas para escuchar a todo volumen en un descapotable circulando por una recta infinita de las carreteras americanas. Después llega la elegancia melancólica de “Who's Crying Now” (atención, fue el primer single) y el trabajo de Schon (influenciado por Santana quizás), uno de los guitarristas más infravalorados de su generación. Llevamos tres sobresalientes de tres canciones. Tenemos el optimismo y energía de “Keep On Runnin’”: no todo van a ser himnos, también hay espacio para canciones directas y eficaces con coros geniales. Y termina la primera cara con la preciosa e intimista “Still They ride”. Inicia la cara B con la fuerza de “Escape”, que tiene mucha energía y muestra a una banda menos preocupada por conquistar la listas que por seguir siendo una auténtica banda de rock. Y algo parecido podemos decir de la siguiente, “Lay it down”, que no es un pelotazo (disfrutable a tope, ya quisieran muchos grupos tener un tema así) pero contribuye a que el álbum mantenga el pulso de principio a fin. Mucho más frenética es “Dead or alive”, que se queda por debajo de lo que llevamos hasta ahora. Y eso dice mucho del resto de canciones porque la rola no está nada mal. “Mother, Father”, tiene una intensidad emocional importante, es más dramática y exigente. Permite a Perry desplegar todos sus registros que parecen no tener límites y la banda nos recuerda que no fabrican sólo himnos radiables. Y termina el disco con la balada “Open Arms” que habría sido el punto culminante en la carrera de muchas otras bandas, pero aquí no deja de ser una canción más dentro de un repertorio extraordinario. Y eso dice mucho del nivel de inspiración que tenía Journey en aquel momento. Por cierto, “Open Arms” fue doble single: por un lado, de Escape y por otro de la banda sonora de la película de animación canadiense, Heavy Metal y se quedó en el número 2 en listas. Ah, en los 90 Mariah Carey hizo una versión que, al menos en nuestro país, también lo petó.


 

Tras la escucha del disco queda claro que Journey nunca fue Steve Perry acompañado por músicos competentes. Esa es una simplificación demasiado cómoda. Las guitarras de Neal Schon son esenciales para entender la personalidad del grupo. Jonathan Cain aportó canciones, melodías y teclados que terminaron de definir el sonido clásico de la banda. Por debajo, Ross Valory y Steve Smith construían una sección rítmica sólida, elegante y tremendamente efectiva. Pero claro, Perry era el rostro visible, “The Voice”. Aun así, Escape funciona precisamente porque todos los miembros parecen remar en la misma dirección. Quizá por eso el álbum sigue sonando tan fresco más de cuatro décadas después. No hay excesos. No hay exhibicionismo innecesario. No hay sensación de relleno. Cada canción ocupa su lugar y cada músico el suyo.

Sí, pero, señor Perry permítame volver a “Don’t Stop believin’”… Ay, es inevitable volver a hablar de la canción por mucho que se haya demostrado que el disco es una obra maestra completa.


 

Y ¿por qué hay que volver una y otra vez sobre ella? Pues porque la canción se ha convertido en un himno generacional para varias generaciones distintas. La canción ha sobrevivido a modas, formatos, emisoras de radio, plataformas digitales y cambios de época. La canción que probablemente conocen millones de personas que nunca han escuchado otro tema de Escape o de Journey. Porque hay canciones de éxito y hay canciones que alcanzan una categoría diferente. Y “Don’t Stop believin’” es una de ellas. Con los riesgos de implica de ser hasta cansina, ¿verdad señor Perry? Por desgracia o por fortuna, siempre existirán canciones más grandes que sus autores, más grandes que sus intérpretes, más grandes incluso que el disco en el que aparecieron por primera vez. Más grandes que la vida.

Y estoy convencido que quizá su enorme éxito también haya sido el mayor problema de Escape. La canción proyecta una sombra tan gigantesca que a veces nos hace olvidar lo que hay detrás: uno de los álbumes más completos, equilibrados e influyentes que ha dado el rock melódico americano.

Por eso, estoy seguro que Steve Perry pide que cada vez que alguien pinche este disco en el plato, debe intentar de olvidarse durante un momento del himno universal en el que terminó convirtiéndose su tema más famoso porque lo interesante es descubrir que tras la luminosa y cegadora “Don’t stop believin’” hay un álbum aún mejor de lo que recordábamos.

PD: Producido por Mike Stone (Queen, Asia, Whitesnake…) y Kevin Elson. La ilustración es del artista Stanley Mouse (Grateful dead) y el título del disco tipográficamente no es ESCAPE sino ESC4P3. Mi versión es una reedición en 180 gramos muy chula.

 



Comentarios

  1. Anónimo7/8/26 19:25

    Discarral, por supuesto, y una entrada muy currada y entretenida por tu parte. Y tienes razón, este disco es una pasada pero nos acostumbramos a quedar cansinamente en Don’t stop believin (como en Separate ways del Frontiers). Es lo que pasa cuando se graban himnos superlativos como los mencionados. La verdad es que me encanta Perry y resulta que sólo tengo un disco de la banda y además de la era pre-Perry. Cosas que pasan. En fin, una escucha perfecta para este viernes tarde. Saludos. KING

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  2. Muy buena reseña. Llegué tarde a Journey (salvo un tema en un disco recopilatorio nada) y probé con Frontiers que me encantó y luego el directo Captured que es mi favorito pero eran otro grupo al de esta reseña. Escape es un disco enorme, no sé si prefiero 4 de Foreigner pero por ahí se andará porque los dos tienen la combinación de la fuerza de las guitarras, unos vocalistas portentosos, muchos teclados y unas producciones de la hostia. Mi copia no recuerdo ahora mismo más que la compré en Discos Amsterdam de Valencia y que está un poco ajada. Saludos y buen finde

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    1. Pues , como tú dices, ahí ahí entre este y el 4. Quizás el 4 tiene a favor que lo he escuchado más, aunque eso también puede ser algo en contra jeje. Un saludo

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  3. Me ha gustado el enfoque que le has
    dado a la reseña. Todo un clásico del AOR, este disco. Aunque soy más fan de Neil Schon y Greg Rollie (ya desde su época con Santana) que del propio Perry. Pero hay que reconocer que aquí dieron en el clavo. Por algo este disco es un clásico. Por cierto, Steve Smith es un batería estratosférico. Y la voz de Perry es inconfundible. Aunque el disco es más que "Don't Stop Believing", ésta es una de esas canciones eternas. Ei disco entero es de escucha obligatoria. Has hecho muy bien en traerlo por aquí. Saludos.

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    1. No he escuchado Journey antes de Perry. Me lo pongo como deberes. Saludos

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  4. El día que aceptes que tienes un estilo propio escribiendo, lo cuál es difícil, y te animes a regocijarte en tus obras, seré más feliz 😉 Discarral y temarraco de la vida.

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  5. Muy buena reseña de un disco que considero imprescindible en cualquier discoteca personal. De "Don't Stop Believing" lo habéis dicho todo, es un temazo de esos que trascienden y que aportan a las bandas tantas alegrías como tristezas, si tenemos en cuenta lo que suelen decir los propios interpretes sobre estos mega éxitos. Yo tengo la versión española de 1981, comprado en una tienda de segunda mano hace casi dos décadas. Para mi es uno de esos discos que llamo "agradecidos", porque tienen el tema mas conocido al inicio de una de las caras, lo que me permite hacer un salto con la aguja y disfrutar del resto del disco dosificando la escucha del super éxito. Saludos, duque.

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    1. Parece que hoy estamos todos de acuerdo en la calidad del disco sin reservas. Muchas gracias y un saludo

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