"Fast" Eddie Clarke abandonó Mötorhead tras el album Iron Fist (82). Él mismo explicaría que "Philthy (batería de la banda) fue el principal instigador de mi exclusión de la banda. Nótese que no lo llamo marcharme, ya que no fue mi decisión. Me había imaginado muriendo en el escenario con Motörhead, así que fue un golpe duro cuando ya no me querían en la banda”. La versión oficial dictaminó que había incompatibilidad de caracteres y que Clarke había quedado disgustado con el último álbum. Ambas versiones, obviamente, son compatibles.
Por las mismas fechas, Pete Way, bajista de UFO, tenía también discrepancias estilísticas (y etilísticas) con sus compadres y dejó la banda tras Mechanix (82). Los dos se reunieron y decidieron formar su propio grupo, al que bautizaron con una combinación de sus nombres: Fastway. Sin perder mucho tiempo, publicaron anuncios en la prensa musical buscando cantante. Entre las muchas casés que recibieron estaba la de un joven llamado Dave King. Clarke quedó impresionado con su voz y financió un viaje a Londres para King, quien tras una audición se convirtió en el vocalista de Fastway. Jerry Shirley, exmiembro de Humble Pie (¿cuántos exmiembros de Humble Pie existen?), cogió las baquetas y el cuarteto estaba listo para rocanrolear.
La banda envió grabaciones a diestro y siniestro hasta que CBS Records picó. Mientras negociaban un contrato discográfico, Way anunció su marcha “por motivos contractuales”. Parece ser que Sharon Osbourne llamó a su puerta. A pesar de ello, los directivos de CBS creyeron que el proyecto de Fastway podía dar réditos y les ofreció un contrato.
Con CBS/Columbia editaron tres discos (Fastway,1983; All Fired Up, 1984; Waiting for the Roar, 1986) y una banda sonora (Trick or Treat, 1986). Las cada vez peores ventas y los problemillas de Clarke para mantener una vida estable (dicen de él que era el único músico que siempre bebía más que sus roadies) impidieron que el contrato discográfico se renovara. La banda (lo que quedaba) se disolvió.
Clarke regresó a Londres y conoció a Lea Hart, cantante que, por entonces, vivía de hacer colaboraciones y coros. Su voz solista la escuchamos en el debut de Ya-Ya (Scarred, 84). Sin nada que perder llevaron una maqueta a Douglas Smith (antiguo mánager de Clarke en Motörhead) de GWR Records, quien accedió a firmar un contrato (este sí sabía lo que arriesgaba). Decidieron utilizar el nombre de Fastway para grabar este On Target que hoy comparto.
Hart y Clarke produjeron el disco en los estudios Chapel Recording, con la ayuda en la composición, los arreglos y la preproducción de Christopher O’Shaughnessy y Terry Thomas (un habitual ya por estos lares). De hecho, el dúo que figura en la portada firma en seis de las diez canciones y tan solo en una sin ninguna ayuda externa. Contaron con una buena colección de músicos: Don y Paul Airey en los teclados, Gary Ferguson a las baterías y Neil Murray y Tim Carter al bajo.
Dead or alive arranca con el protagonismo de Hart en una composición propia, de buen estribillo y melodía vocal. El riff y el solo de Clarke son más que apetecibles. De lo mejor que vas a escuchar. En Change of heart hay un buen guitarreo, un toque hard en la voz y el estribillo y una resolución chula, con un puente pegadizo y un uso de los teclados interesante (todo muy ochentero, if you know what I mean). Me gusta cómo Hart interpreta el tema, haciéndolo dinámico y permitiendo que fluya bien. El primero que aporta Thomas se titula A fine line y se revuelca en el medio tiempo roquero; protagonismo de teclados, batería electrónica (o programada), mucho reverb y guitarra con menos presencia que en los cortes anteriores. Mono y prescindible. Vuelve Two hearts a remontar el vuelo, aunque en esta ocasión la interpretación de Hart no me parece tan acertada. Este tipo sabía cantar, desde luego. La canción va cargándose de fuerza hasta un buen final. Aquí es donde, creo, un productor externo, con más experiencia, hubiera estrujado más estas canciones, trabajar las atmósferas y las armonías para darle el punto extra que falta en algunas canciones como esta. Cerramos con You, otro corte aportado por Thomas, en la misma línea melódica, pero con más caña en las guitarras y la batería. Aquí, de nuevo, Hart hace suyo el tema y lo saca adelante con estilo. Noto cierto tufillo Def Leppard, por cierto.
Giramos el plástico y suena Let him rock, con un teclado y unas guitarras molones, sin volvernos locos, pero rocanroleando un poco más. Estribillo para los directos y ritmillo para votar. La única composición en solitario del dúo se titula She is danger: nada mal, quizá un puntito en los coros y algo más de rabia echo en falta; el solo de Clarke de los mejores por aquí. Se deja querer. Continúan con un tema compuesto por Bernie Marsden y Don Airey, Show some emotion, balada épica con arreglos grandilocuentes que funciona muy bien y sea, quizá, de lo mejor del álbum; buen piano/sinte. En These dreams escuchamos otro hard rock al estilo Hart/Clarke, bien acabado, con un punch extra en las voces/coros y la guitarra. Cierra la última aportación de Thomas, Close your eyes, que, inevitablemente, trae recuerdos de las baladas de Coverdale. Resultona y olvidable.
Con todo, es un álbum curioso por su concepción y por los dos tipos que fueron capaces de juntarse. Agradable para los que disfrutamos con este tipo de sonidos, algo blandengue en general, sin ningún tema imprescindible. Ahora, una forma de traer a Fastway y Eddie Clarke a nuestro blog, aunque sea en esta etapa pop/rock/AOR.
El dúo insistió en 1990 con Bad Bad Girls, empleando a varios músicos de sesión, incluidos miembros de Girlschool. Si On target tuvo cierto éxito, esta segunda entrega fue ampliamente ignorada y vendió poco. Separaron caminos unos meses después. Esto, claro, no tenía futuro ninguno.
Curiosamente, se reunieron en 1998 y no se les ocurrió nada más original que regrabar On target. Le dieron un toque más directo, duro, decidido, afilado, como quieras. En la época donde Korn y Limp Bizkit dominaban el mundo, ¿qué sentido tenía una obra de hard rock ochentera? Por mucho que le pongas cariño y ganas. La banda desapareció de nuevo, de nuevo vuelta a la nada.
El work art de David Burrows no puede ser más simple: una fotografía en blanco y negro de Stuart Welburn que se repite en contra y portada, diseño simétrico, uso del logo clásico del grupo. Parece que los muchachos estaban pasándolo bien.
Disfrutad del fin de semana, gentuza.



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