Me quedé con la exigua, pero muy relevante para mí, discografía de mi hermano mayor, sí, el del “True Blue” de Madonna, cuando abandonó el seno materno, dejando todo lo musical atrás. Como a la mayoría nos ha pasado, siempre ha habido una figura, habitualmente mayor, que fue la que nos introdujo en algo que no habíamos escuchado (o hecho o probado) nunca. Y a pesar de lo efímera de su aportación, Saxon, Maiden, Motorhead, Leño y Barón Rojo, en ese orden exacto, entraron en mi vida. Superé rápidamente a mi 'maestro' y su desinterés se convirtió en una parte de mi vida sin la que no podría ni respirar. Y entre aquellos vinilos abandonados estaba la edición original del sello Motown de “Can´t Slow Down” de Lionel Richie.
Me ha sorprendido y me alegra a su vez, ver que esta será la primera referencia de un disco de Lionel Richie en el blog. Si algunos pensáis que no estoy en mi elemento o que es un “guilty pleasure” de cajón, ni mucho menos. Siempre me ha encantado el sonido sofisticado, más cerca del West Coast en ciertos temas que del propio soul, de esta grabación. Y descubrí porqué varios años después. Con solo 8 canciones y 40 minutos de duración, es uno de los discos más vendidos de la historia de la música. Más de 20 millones de copias.
Se notaba que la Motown tenía pasta. Distribuido en España por RCA, es una edición muy completa y colorida. Con una foto central muy simpática de Lionel, aunque parece mucho espacio desaprovechado y todas las letras y créditos. En esos créditos había cientos de nombres, no exagero, y yo no conocía a ninguno. David Foster, Humberto Gatica, Greg Phillinganes, Paulinho da Costa, Nathan East, Richard Marx y Jeff Porcaro. Todos nombres ilustres que empecé a ver años más tarde en multitud de grabaciones de AOR, West Coast y del pop más mediático. Qué decir del increíble solo final de guitarra de “Running with the night” que me tenía hipnotizado y que un tal Steve Lukather, el mismo que un año antes había participado en el “Thriller” de Michael Jackson, había ejecutado con absoluta maestría. Nunca fue tan conocido como el de Eddie Van Halen en “Beat it”, pero me quedo con el del guitarrista de Toto.
No sé cuántos de vosotros habéis tenido la oportunidad de asistir a un concierto de este monstruo del escenario. Pero tuve la suerte de que me regalaran entradas para su concierto en Fuengirola y os puedo asegurar que es una experiencia única. No solo por el dominio absoluto de las tablas y una voz y energía envidiable a los 76 años, si no por la calidad impresionante de los músicos que le acompañaban. Una banda de rock. Clásicos de los Commodores, homenaje a Van Halen con un "Jump" que puso en pie hasta a los octogenarios británicos y nórdicos que yacían en sus sillas de plástico, el mítico "We are the world" que compuso junto a Michael Jackson y prácticamente la mayoría de clásicos que componen el vinilo del que hoy hablamos, "Hello", "Penny lover", "Stuck on you", "All night long" y por supuesto "Running with the night".
Para mí, uno de los mejores discos de la historia en su estilo. Así de claro.



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