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Rage Against The Machine - Rage Against The Machine (1992, Sony)

 


 


Andaría yo haciendo COU cuando le pasé a una amiga/compañera de insti el Senderos de Traición de los Héroes del Silencio, iniciándola en el mundo rockerillo. Pero cosas de la vida, ella evolucionó más rápido que yo y empezó a escuchar cosas más cañeras mientras que yo, siempre ecléctico, me daba por un abanico mucho más amplio de sonidos. Aunque terminó el instituto de vez en cuando nos veíamos por el pueblo y yo, como sabía que sus gustos se habían endurecido, pues empecé a fijarme en música con más músculo y guitarrera, y de grupos nuevos. Por eso me fui a la tienda que frecuentaba en aquellos tiempos de alquiler de CD’s y me llevé este disco para grabármelo, estudiármelo y poder tener algo más en común en nuestro siguiente encuentro. Aquella época descubrí muchos grupos gracias a esa tienda y su dueño, que era más ecléctico que yo y me recomendaba un grupo sueco llamado Talisman al mismo tiempo que el último disco de Babyface. Durante muchos años esa cinta TDK sonó casi hasta rallarse en mi equipo de música pues no fue hasta mucho más tarde que me compré un CD de formato extraño y cutre en el que venían los dos primeros trabajos de los RATM. Y ahora, más de 32 años después, lo he recibido en formato vinilo un día del padre. Ah, no hace falta ni mencionar, que ya os lo imaginaréis, que aquella chica nunca supo que yo estaba loco por ella. Y si lo intuyó en algún momento, aunque nos seguimos viendo en unos pocos años posteriores, nunca pasó nada (de nuevo no hace falta que diga que por falta de decisión mía).

Y ahora toca hablar de este disco y de este grupo. Disco publicado a finales del maravilloso año 92 y que, para bien o para mal, marcó el boom de lo que luego se llamó nü-metal. Y eso que no inventaron nada pues la mezcla de rock y guitarras poderosas con rap es algo que ya habían hecho en los 80 los Beastie Boys, por ejemplo. Sin embargo, se hicieron un hueco en la cultura musical de finales de siglo cuando, en realidad, iban de contraculturales. Es muy curioso. Posiblemente fue el último grupo que, con un contenido de crítica política y social, tuvieron un éxito atronador y global precisamente en ese mundo que criticaban. 


 

Sin llegar a escuchar el álbum, sólo viendo la portada te imaginas que esto no va a ser hablar de amor y cosas parecidas. La fotografía de la inmolación del monje budista Thich Quáng Dúc en el año 63 en una calle de Saigon como protesta del maltrato del que era víctima su comunidad religiosa te golpea de entrada. La portada original es un zoom de esta foto donde sólo se ve al monje envuelto en llamas en blanco y negro. 


 

Un disco que destaca por su sonido, en su grabación no hubo compresiones, manipulaciones, clippings o distorsiones post producción. De hecho, lo dejan bien claro en los créditos: “NO SAMPLES, KEYBOARDS OR SYNTHESITERS USED IN THE MAKING OF THIS RECORDING”.  La producción corrió a cargo del grupo junto a GGGARTH, el canadiense Garth Richardson, ingeniero de sonido de los Red Hot Chili Peppers. Ah, coño que aún no he puesto los nombres de los integrantes. Los culpables del disco, como ellos mismo se catalogan en los créditos son Zach de La Rocha en las voces, el bajo para Timmy Commerford, Brad Wilk en las baterías y Tom Morello con las guitarras. Uno de los combos bajo-batería más poderosos de la música moderna, que más que tocar, aporrean sus instrumentos sin compasión para sonar brutales, un guitarrista que con sus pedales, distorsiones, acoples y técnica marcó un antes y después en las seis cuerdas, que de repente podían sonar como un helicóptero o como la mesa de un DJ. Y un vocalista rabioso que escupía críticas y proclamas mientras saba saltos por el escenario. Todo ello dio como resultado una música de fusión heavy metal, rap, punk rock y funk, con letras izquierdosas que vienen reproducidas en el insert. ¿Todas? Todas no, una pequeña canción resiste al inventariado…espera, espera, que se me va la pinza. Efectivamente, la letra de la canción bandera del álbum no está reflejada. ¿La razón? Ni idea, podría ser por la cantidad de veces que dicen “fuck” o porque en realidad la letra no es complicada o porque fue una estrategia comercial, pero el caso es que viene el título del tema y nada más.


 

Un riff de bajo abre la cara A para reventarnos la cabeza con “Bombtrack” y poner las cartas boca arriba en la mesa: esto es lo que hay y lo que vas a tener en todo el disco. Si tienes problemas de cuello, deja de escucharlo. Si tienes que estar sentado, no lo escuches hasta que puedas moverte y saltar. Y si puedes ponértelo un día que estés hasta las narices de todo y necesites sacar la rabia y la adrenalina acumulada, mejor que mejor. Esa es mi recomendación. Seguimos con “Killing in the name”, tema que conoces sí o sí y que al igual que el “huevos con aceite” de los Twisted Sister, aquí cambiamos la letra del estribillo por un “que me chupe la p…”. Y más teniendo en cuenta la ausencia de letra... Había que inventársela. Tenía un directo grabado en el Dr Music Festival donde se podía escuchar al público corearlo así. Y en mi pueblo, cuando vinieron a tocar en el Festimad, fue apoteósico y los músicos se miraban como diciendo “¿qué canta esta gente?”. Poco más quiero deciros de una canción con la que he vibrado tantas veces. Bueno sí puedo indicar que en la navidad del 2009 llegó al número 1 en las listas británicas en una campaña como desafío de la gente para que el programa X-Factor no metiera una de sus canciones por quinto año consecutivo en el número 1 navideño. A ver, me siento después de haber votado y destrozado la gargante gritando “motherfucker!!!!!” como hacia cuando pinchaban el tema en el mejor garito de Móstoles en los años 90, para continuar con la entrada. “Take the power back” sigue con la misma energía si no más pidiendo que no nos mientan más “no more lies”. “Settle for nothing” tiene un comienzo bastante más tranquilo, podría parecer hasta un medio tiempo. Pero no, caña y más caña. Y cerramos la cara con otro pelotazo como es “Bullet in the head”.


 

Vamos con la otra cara, ya sudando a chorros con este calor y tantos brincos y headbanging. “Known your enemy” es otra descarga en your face que precede a la canción que fue elegida para la escena final y créditos de Matrix, “Wake up”. Posiblemente sea el tema más completo del disco por complejidad. “Fistful of Steel” de nuevo parece que baja el tono y la energía. Pero si hemos estado atentos, sabemos que no va a ser así. “Township rebellion” es la más funky del disco y quizás la que menos me guste, aunque en discos posteriores repitan la fórmula. Y llegamos al final del vinilo con “Freedom” que también solía cerrar sus conciertos.


 

Hablando de conciertos, cuando tocaron en el Festimad no pude verlos porque en aquellos tiempos trabajaba los fines de semana en el bar de mi padre, que por cierto estaba bastante cerca de la zona de conciertos. Tampoco sé si hubiese ido con mi amigo Maestre porque yo soy poco de aglomeraciones. Sin embargo, hace poco, en la reunión del grupo del año 21, mi colega consiguió convencerme y pillé entradas para verlos en el Mad Cool del verano del 22. Pero De La Rocha se rompió el tendón de aquiles en plena actuación de esa gira en USA y suspendieron el resto de los conciertos, incluido el de Madrid.

Ya que he hablado de la banda en tiempos recientes, habrá que hacer un pequeño resumen de su trayectoria posterior a este debut. En el 96 lanzaron Evil Empires y en el 99 The Battle of Los Angeles, donde se aliaron con el cineasta Michael Moore para hacer un video a la entrada de la bolsa de Wall Street que fue icónico. Ambos discos tuvieron mucho éxito. Antes de disolverse en el año 2000 lanzaron un disco de versiones, titulado Renegades, donde hacen covers de Springsteen, Rolling Stones, MC5, Bob Dylan, Stooges… Tras la separación, De la Rocha tomó un perfil bajo y los otros tres integrantes se unieron con Chris Cornell, exlíder de Soundgarden, para formar el supergrupo Audioslave con un disco glorioso de debut en el año 2002. En 2016, de nuevo los tres músicos formaron otro grupo llamado Prophets of Rage que tuvo un EP y un LP antes de disolverse. Como Rage against the Machine, la banda tuvo dos reuniones: una entre 2007 y 2011 y otra entre 2019 y 2022 con la pandemia entre medias que no les dejó hacer conciertos y que llegó a su fin de forma abrupta por la lesión que antes os comenté de su cantante. Nunca más hubo material nuevo a pesar de los rumores. Y en el 2023 entraron a formar parte del Rock ‘n’ Roll Hall of Fame.

 

Buen fin de semana.

 

 

Comentarios

  1. Tengo un recuerdo muy nítido de la primera vez que escuché a RATM. En el mítico programa de Radio 3 "de 4 a 3", dirigido por Paco Pérez Bryan. Qué recuerdos. Y tarde un tiempo hasta que alguien me grabo el disco en una cinta, pero esas primeras canciones grabadas de la radio me volaron la cabeza. Este disco es una joya. Una autentica bomba. Y lo has descrito perfectamente. Luego siguieron haciendo cosas interesantes, pero este disco es lo mejor que publicaron. La guitarra de Tom Morello, y la forma de cantar de De La Rocha marcaron una época. Lo has contado en la reseña perfectamente, unido a esas historias personales que todos tenemos unidas a la música. Me ha gustado tu reseña, y me has hecho recordar una buena época. Y este disco, del que también me compre una reedición en vinilo, creo que va a sonar en algún momento este fin de semana en mi tocadiscos. Igual no pego lo botes que pegábamos cuando estas canciones sonaban en los bares en aquellos años, pero esto levanta el animo a cualquiera, y las ganas de combatir las miserias del mundo capitalista. Siempre ha causado cierta polémica el hecho de que el grupo formara parte de una multinacional, cuando ellos se declaraban claramente antisistema. La justificación de De La Rocha era que ellos combatían al enemigo desde dentro, para poder llevar su mensaje al mayor número de gente. El caso es que, independientemente del mensaje, esas guitarras, esos rapeos, y esa sección rítmica ya forman parte de la historia del rock. Gran entrada para lo que yo considero un clásico de los 90. Saludos.

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    1. A ver la dramatización es necesaria porque mis análisis musicales son cada vez más simplistas y simplones, y se me quedarían cojas las entradas. Pero de todas formas, gracias por lo que me toca.
      Y sí, aquellos noventa fueron buenos. A mí algún colega me dice que este disco y el Vulgar display de los Pantera cambiaron el metal.

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  2. ¿Quién eres?¿qué has hecho con el blandenguer? ¿Eres tú, Dani?... siéntate, bebe un poco de agua. Deja que te dé el aire. XD Como ha dicho Rubén, vaya bomba traes hoy. Debo confesar que cuando salieron, me fijé más en las voces de Zach y en el concepto general dándoles la espalda, pero con los años los recuperé encontrándome con unos músicos excelentes y con este álbum en particular que es una caña, con funk, metal, rap, una base rítmica aplastante y técnicamente estupenda y unas guitarras alucinantes. Y una entrada muy completa y con historias personales. En fin, una sorpresa. Buena, por supuesto. Feliz finde. KING

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    1. Ya sabes que soy blando para según que cosas jaja. Para mí este disco significó, más o menos, lo que un año antes el Still got the blues, hacerme adentrar en otro tipo de música y abrirme más. Un abrazo

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  3. Discazo. Y me alegra que lo traigas tú al blog. Le pones tanta pasión que es inevitable vivirla contigo. Los tres álbumes del grupo me parecen impresionantes y este tiene le punto de la sorpresa y la épica de la primera vez. Pusieron sobre la mesa una nueva baraja de cartas metalera que copiaron hasta la saciedad muchas bandas. Les seguí con devoción en Audioslave; otra joyita. Un abrazo, máquina.

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    1. Audioslave terminará cayendo por aquí seguro. Mi fama, inmerecida (jajaja) de blandengue me favorece en que os sorprenda cuando traigo discos duros... Pero no es el primero ni sea el último jeje. Abrazos.

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