El pasado 18 de agosto falleció el batería de los ZZ Top, Frank Beard. Por desgracia en mis estanterías no tengo vinilos de los tejanos, sólo compactos por lo que, mi especialidad de rendir tributo a los fallecidos musicales recientes tendrá que esperar para otra ocasión (espero que tarde mucho, todo sea dicho). Pero ya que estábamos con las efemérides de músicos, resulta que este 18 de agosto de 2026 se cumplieron veinte años de la muerte de Guille Martín, uno de esos músicos que, sin alcanzar para el gran público la repercusión de otros compañeros de generación, dejó una huella enorme en el rock español. Antes y después de pasar por Los Rodríguez, por Loquillo y Trogloditas o acompañar a Jaime Urrutia, Guille fue el alma guitarrera de Desperados, probablemente una de las bandas más infravaloradas que dio Madrid en los años ochenta. Hace tres años, con la misma excusa, ya rendí homenaje a su figura en este blog con aquel maravilloso Motel Martin, (aquí) el disco que permaneció guardado en un cajón durante décadas y que fue grabado por los hermanos tras la partida de el resto de integrantes. Pero esta vez no vengo a hablar de una obra recuperada, sino del mejor disco del grupo Desperados cuando estaban en su top: El Golpe. Y también aprovecho para cerrar un pequeño círculo personal. Porque hace unos años tuve la suerte de conocer, aunque fuese virtualmente, a Rafa Hernández. Primero llegaron las motos, luego las conversaciones sobre música y finalmente descubrí que aquel tipo al que seguía en redes era el mismo Rafa Hernández que había fundado Desperados junto a los hermanos Martín tras abandonar La Frontera. Más tarde escribí sobre su proyecto HRNDZ, (aquí) un disco que me conquistó precisamente por lo mismo que siempre me gusta de Desperados: honestidad, carretera, amistad y rock and roll sin necesidad de disfrazarlo de nada. Y por fin pude conocerlo en persona, en el concierto de presentación, pues me invitó a acompañarlos. Luego hemos coincidido alguna otra vez y repetí en un segundo concierto de HRNDZ (en el tercero estaba en Paris así que ese no pude). Por cierto, este vinilo lo adquirí hace un par de años pues lo vi en una cubeta de segunda mano en Las Rozas y decidí llevarlo por si Rafa algún día tiene a bien de firmarlo. Hay que recalcar que yo no era seguidor de los Desperados en su momento. Sólo tenía en mente el famoso video que grabaron en el parque de atracciones de Madrid de su tema, “Molly”, aunque resulta que sí conocía bastantes canciones, escuchadas quizás en la radio o la tele.
Como en aquella reseña os conté la historia gruesa del grupo, ahora me centraré en el periodo en el que se editó este disco. La banda llegaba en un momento complicado. Había habido cambios de formación, la marcha de Juan Luis Vizcaya, asumiendo su lugar en los parches Carlos Durante, y la pérdida de Javi "El Moro" (en el inserto el grupo dice “Probablemente echaréis de menos los saxos y armónicas de Javier Encinas “el moro”, nosotros le echamos de menos a él. Va por ti, Javi”). Además, abandonaron DRO para grabar por el sello navarro Nola!, especialista en el rock radical vasco. Sin embargo, lejos de resentirse, Desperados grabó el mejor álbum de toda su carrera bajo la producción de Ángel Muñoz "El Reverendo" (Paracelso, Desmadre 75 –“Saca el güiski cheli”). Un disco donde el sonido se vuelve más elegante, más sólido y también más personal. Creo que está un punto por encima de su siguiente y último trabajo, Tan alto como nos dejen, tan fuerte como podamos. En este tercer trabajo de la banda, Desperados se adentran en un rock clásico más sofisticado que en sus anteriores discos, incluso con algún toque setentero glam. “El Reverendo” limpia las guitarras de Guille y creo que aporta madurez al resto de la banda. Era lo que tocaba para quitarse ese San Benito de que eran una banda de cow rock o country, estilo La Frontera. Y lo hacen en diez cortes que son 10 golpes, como reza el título del disco.
Y el primero es “Barras y estrellas” una apertura potente impulsada por riffs directos. Utiliza el imaginario americano de forma irónica, dejando claro desde el primer segundo que la producción del disco juega en otra liga superior a lo visto anteriormente, apestando a aires glam y pantalones de campana. Fantástica forma de presentar esta nueva aventura, con un sonido más “ralentizado” respecto a sus trabajos anteriores en DRO. "La Tormenta" es una pieza de folk-rock visceral (aquí sí están más cercanos al estilo de La Frontera), melancólica y con una instrumentación acústica sobresaliente que demuestra la madurez compositiva del grupo. Temazo. Con “Entre los dos” nos regalan un rockabilly de corte clásico y rockero que explora las tensiones de las relaciones personales, con un gran tratamiento en las voces y melodías. En “Fírmalo”, con su energía rockera, rápida y directa, nos cuentan de los peligros de los representantes y las discográficas en el mundo de la música y cómo muchos grupos terminan en nada gracias a ellos. ¿Quizás la historia de Tequila?. Y para cerrar la primera cara, “Mala suerte”, canción con un tinte más oscuro y urbano. Destaca por unos arreglos de vientos y teclados refinados muy bien integrados por El Reverendo.
Rápido, como es el disco en sí, vamos a la cara B, que comienza con la canción que da título al álbum, “El Golpe”. Es la fusión perfecta entre la finura instrumental que habían adquirido y ese aire chulesco de barrio madrileño. Contiene algunos de los mejores riffs de guitarra de Guille. “Flores muertas” es una brillante e imprescindible versión en castellano del clásico “Dead Flowers” de The Rolling Stones. Muestra su profunda devoción por el universo de Jagger y Richards. Ramón Recio, autor de las letras de Glutamato Ye-Yé y hermano de “Patacho”, y su chica, Amparo Úbeda, les dan la adaptación del "Dead flowers" que se convirtió en uno de los temas más conocidos de la banda. Abajo os dejo su actuación en Rockopop donde la presentadora, Beatriz Pecker se pregunta por qué no despegaban como banda conocida y seguían siendo minoritarios. Le sigue "Lejos de aquí", una de las joyas ocultas del álbum. Sobre todo, porque es Guille Martín quien asume la voz principal con una interpretación magnífica, sincera, sin artificios. Igual que su forma de tocar la guitarra Fender. No necesita exhibirse para emocionar con esta incursión en el universo psicodélico Beatle. Además, está relacionada con una canción anterior del grupo, “Doctor Fleming”: se le da continuidad al tema grabado en el primer mini-LP. Aquella historia de clubes de "Doctor Fleming", ahora con su hermana de protagonista. Volvemos al rockabilly con “Chup Chup baby”, una pieza más lúdica y acelerada, con guiños rítmicos muy marcados que recuerdan a sus coqueteos iniciales con el rock and roll clásico y el rockabilly. Para cerrar, tenemos la instrumental “La guerra de Cuba”.
Todas las canciones están acreditadas a los cinco miembros de la banda (Fernando y Guille Martín, Rafa Hernández, Amando Cifuentes y Carlos Durante) excepto la instrumental final, de Rafa y J.I. Alonso, y lógicamente, “Flores muertas”. Para los saxos que aparecen contaron con la colaboración de Arturo Soriano. Así mismo, “El Reverendo” puso su hammond y su piano al servicio del grupo. La ilustración de la portada es del artista madrileño Fernando Vicente, uno de nuestros ilustradores más célebres.
Ya antes lo he mencionado, la producción es de El Reverendo. Y, mi impresión, es de que ha envejecido bastante bien, no como otras producciones ochenteras españolas, sonando bastante atemporal e incluso fresco. Posiblemente porque ya cuando se grabó, Desperados pasaba de sonar modernos sólo sinceros. Y, aunque parezca contrario a lo que se supone, con una figura tan importante en la guitarra en España como Guille, sus guitarras no son protagonistas, saben ser discretas y aportar lo que tenían que aportar donde lo tenían que aportar. A mí me viene siempre la palabra “elegante”. Quizás mi juicio está influido por ver tocar a Rafa con Juanma “Elegante”, y uso la palabra para todos ellos. Y aquí vuelvo a enlazar con la nueva aventura de Rafa porque escuchando hoy este disco, encuentro algo que también percibí cuando descubrí HRNDZ. No hablo necesariamente de similitudes musicales, sino de una manera de entender el rock. Primero las canciones. Después las canciones. Y finalmente las canciones. La amistad entre músicos, el amor por los clásicos y el convencimiento de que el rock and roll es mucho más una actitud que un estilo musical.
Veinte años después de la muerte de Guille Martín, sus discos siguen ahí para demostrarlo. Y entre todos ellos, El Golpe sigue siendo el mejor lugar para empezar, porque Guille se quedó a vivir dentro de sus canciones.
Ah, los HRNDZ están a punto de sacar otro disco. Atentos porque mirad qué pedazo de banda.


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