Los californianos Great White llevan dando tumbos en diferentes reencarnaciones desde 1977, cuando Mark Kendall, el eterno guitarrista, dio sus primeros pasos por los escenarios con un grupo de amigos, el más importante en esta historia Jack Russell, imprescindible voceras. Bajo el nombre de Highway se pelaron el culo un par de años, hasta el fatídico día en que Russell disparó (por accidente) a una empleada doméstica durante un intento de robo (también por accidente). Ese muchacho prometía. Una temporadita en la cárcel obligó a Kendall a reconstruir la banda: Don Costa (miembro temporal años después de WASP y Ozzy Osbourne) al bajo, Tony Richards (acabaría también en WASP) a la batería y la cantante Lisa Baker conformaron Dante Fox. Giraron por la Costa Oeste hasta que George Lynch le robó la cantante para su banda Xciter. Kendall tenía muy buen ojo para los músicos, pero muy mala mano para retenerlos. Russell salió de la cárcel y fue la opción obvia: en los primeros compases de 1980 arrancó la versión "moderna" de nuestra banda protagonista con un concierto en el famoso The Troubador, en Hollywood, California.
Aquí entra en liza otro nombre importante en la consecución del disco que hoy comparto: Alan Niven. Un tipo que nació en Nueva Zelanda, estudió en Inglaterra y se fajaba en los despachos de Virgin Records en Los Angeles. Culo inquieto, pateaba los locales de ensayo y se tragaba los conciertos de los infames garitos de la ciudad. Suya es la culpa de que Mötley Crüe grabaran su primer disco y acabaran firmando para Elektra. Niven descubrió a Dante Fox y debió de ver algo en ellos que nadie más veía. Se convirtió en el quinto (o sexto) miembro: compuso, tocó y produjo, además de ser el responsable de su imagen y cualquier cosa que tuviera que ver con la pasta. No contento con esto, se atrevió a sacar del barro a unos tal Guns N'Roses, a los que acompañó en su viaje a la cima (Axl le mandó al guano justo durante la grabación de Use Your Illusion). Por si os gustan los cuentos con final dramático: a principios de los noventa le despidieron también de Great White (tampoco había ya mucho negocio) cuando descubrió que su esposa estaba liada con Jack Russell; para sorpresa de nadie, Niven atravesó una severa depresión. Años después, como venganza personal seguramente, se encargó de que Great White existiera sin la presencia de Russell (creando dos bandas llamadas exactamente iguales y haciendo la misma música, pero eso será contado en otro momento).
Volvamos a nuestros muchachos y a 1982. Niven cambió el nombre de la banda en cuanto pudo. A Kendall le llamban "el Gran Blanco"; quizá por su palidez y pelo pajizo, quizá por sus dotes artísticas o quizá porque ya sabes porqué. Consiguió que grabaran un EP de cinco canciones con Gary Holland en la batería y Lorne Black al bajo. Poco a poco ganaron audiencia y para 1983 eran una de las sensaciones de la zona, lo que les valió un contrato con EMI américa para grabar su debut homónimo, que hizo pocas ventas, aunque Niven se las arregló para que telonearan a Whitesnake (Slide it in tour), Judas Priest (Defenders of the faith tour) o Kiss (Lick it up tour); un aprendizaje brutal para afinar su estilo y aprender a moverse por grandes escenarios.
Con la llegada del batería, Audie Desbrow, recogieron un nuevo largo que editaron en una compañía independiente (Telegraph Records). Un par de meses después Capitol Records se atrevió a darles otra oportunidad: editó una versión algo retocada de este Shot in the dark, puso algo de pasta, se fueron de gira con Dokken y comenzaron a oler la fama. Para no alargarme más, y dejar algo de chicha para futuras entregas en este blog, se convirtieron en una de las bandas superventas en yanquilandia el siguiente lustro, con joyas como One Bitten (1987), ..Twice Shy (1989) o Hooked (1991). Ah, y os recomiendo la escucha de Psycho City (1992); una joya olvidada de su catálogo.
Volvamos a este disco. Los muchachos: Jack Russell a la voz, Mark Kendall a las guitarras, Lorne Black al bajo y Aude Desbrow a las baterías. Contaron con la ayuda en la producción, los arreglos, la composición y las sesiones de Michael Lardie, quien poco después se convertiría en el quinto miembro. Alan Niven ofició de productor, consejero, compositor y arreglista también. Y Wyn Davis firmó como productor principal. Davis no tenía ningún bagaje especial por entonces, pero había metido mano en el debut de Dokken y en el de los propios Great White, y le debemos algunas joyas ocultas del catálogo hard roquero: Up form the ashes de Don Dokken o Face the truth de John Norum, dos músicos que contarían con él numerosas veces en el futuro.
El disco se grabó en tres sesiones repartidas a lo largo de 1985 y 1986, pero en las que dedicaron un total de quince días. Pasta no había mucha por entonces. Teniendo esto en cuenta: ojito como suena el artefacto de marras.
Abren con She shakes me que ya tiene algunas de las cosas que les harían famosos. El estupendo fraseo de Russell, con su deje setentero, un buen trabajo rítmico, un estribillo resultón y buenas guitarras. Aunque siguen sonando algo heavies (al estilo de su debut), la producción pone demasiado reverb en la mezcla final y las guitarras podrían brillar más, pero eso no afea una buena canción. What do you do? es vacilona, como la letra, de ritmo cortante y un estribillo muy Van Halen."Don't know what I'm supposed to do babe/how do I get the message through/I can't get immunized to you babe/Oh, whta's this poor boy gonna do". Face the day fue su primer single con cierto calado y donde ya se anticipa lo que vendrá en los dos siguientes álbumes.Una cover de The Angels. El poso seventies es obvio en la interpretación de la banda sin perder la dureza del primer disco. Una joya donde dejan un toque duro que sienta muy bien a la canción. Great White metieron versiones en casi todos sus discos los primeros años, y en este se atreven con una segunda para cerrar la cara A. Gimme some lovin' les lleva de nuevo a esas raíces de décadas pretéritas, quizá menos conseguida ahora que la anterior, pero muy disfrutable y a la que dan un sello propio, cosa difícil en temas tan manidos.
Shot in th dark arranca el otro lado, y creo que busca el efecto épico con una larga intro in crescendo con unos teclados protagonistas . Tiene un marcado trabajo de batería y bajo con una sencilla interpretación de Niven. Funciona estupendamente y en directo tenía que ser un hit. En Is anybody there? hay de nuevo un presente sintetizador con un trabajazo rítmico del combo para ceder el verdadero protagonismo a Russell. Medio tiempo con cierto deje del debut que te menea la cabeza. Grande. Run away tiene un curioso inicio que puede llevarte a cualquier sitio, pero que, en realidad, es una canción de blues metal con algunos extraños adornos. El bajo y las guitarras, lo más destacado con un solazo metalero. Otro hit del directo. Cerrar el disco con una balada siempre es un riesgo, porque puedes dejar al oyente de bajona. Waiting for love tiene un punto melódico nada moña y con el toque blusero de sus posteriores éxitos. Eso sí, con una batería y unos cuantos guitarrazos de espíritu heavy. Los teclados orquestales casi le sobran.
El disco que comparto es la versión europea bajo el sello Capitol, prensada en Holanda por EMI y comprada en algún lugar de Francia. La idea de la portada, cómo no, le pertenece a Alan Niven; el dibujo lo realizó Jim O'Connor. Las fotografías las firma Bill Russell (primo de Jack seguro). Ojo a las pintacas.
Disfrutad del caluroso y último fin de semana de junio.




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