No voy a ocultar que este disco me ha sorprendido. No es de una escucha fácil y rápida, tampoco es un estilo ni un artista que por estos lares blogeros triunfe. Pero aún así, si podéis darle una escucha antes de leer la reseña, luego quizás os sorprenda más al descubrir quién está detrás. Porque por aquí habrá pocos que reconozcan al responsable de este sonido. Ah, y antes de que se me olvide, si por un casual os gusta, aprovechad que el vinilo está en Amazon a sólo 13,29. Hay una versión firmada más cara, pero esta es una oferta que se ve poco, la verdad.
Comienzo. Conocí uno de los adelantos casi por casualidad y, sinceramente, no sabía muy bien qué esperar. Porque a estas alturas uno tiende a pensar que ya conoce bastante bien a determinados artistas y que pocos movimientos pueden cogerte desprevenido. Pero bastaron unos minutos para darme cuenta de que aquí había algo diferente. Algo que merecía atención. Bueno o malo está por decidir, pero la sorpresa era un plus, esa experimentación que nos trae la banda. Además, las frases de presentación del proyecto eran cojonudas: “Løse es soltar, desatar, despegar, zanjar…” (realmente, su significado en danés/noruego), “Løse son canciones de fuzz, cenizas y desorden…”, “Løse nace para invocar a lo que aún conocemos, con poesía, ruido y mareas de sonido, para zanjar todos los asuntos que nos trajeron aquí, para liberar la duda, para disolver el enigma”
Lo primero que llama la atención es el sonido que te golpea. Hay mucho post-punk, mucho rock alternativo, guitarras cubiertas y recubiertas de fuzz y una atmósfera que oscila constantemente entre la belleza y la inquietud. Porque, no vamos a negarlo, es un disco oscuro, aunque no deprimente. Denso, con bases sólidas y texturas eléctricas, pero nunca pesado. Las canciones parecen envueltas en una especie de niebla que les aporta personalidad desde la primera escucha. Lógicamente, la árida voz del cantante ayuda para tener esa sensación de que todo el trabajo ha pasado por una lija de grano grueso. Y, además, yo apostaría a que a los integrantes de la banda les da igual que la escucha no sea fácil e incluso les mola que te sientas incómodo, como cuando en las entrevistas de trabajo te ponen la silla más dura. No hay ni singles evidentes ni estribillos ni melodías que puedan sonar fácil en la radio: nos traen temas que exigen un poco de atención por parte del oyente, pero a cambio ofrecen bastante más de lo que parece en una escucha superficial.
El álbum consta sólo de siete canciones, tres en la cara A y cuatro en la B. “Pétalo en el aire” abre el álbum marcando el territorio desde el primer momento, con un aire casi hipnótico. Es una declaración de intenciones que resume lo que nos vamos a encontrar: mucho fuzz en la guitarra, unos coros muy al fondo y loops y programaciones en casi diez minutos. “Hay un hueco en algún sitio” me parece una de las grandes canciones del disco, capaz de combinar melancolía y tensión con una naturalidad admirable. De hecho, este tema fue el que escuché como adelanto y me capturó. Domina una guitarra muy rítmica con mucho fuzz. La dinámica de la canción la hace válida para una road movie. Mi cultura musical es muy escasa y corta en referencias. Pero un día que escuchaba esta canción me vino a la mente un videoclip de un grupo ochentero, los Love & Rockets. “Con esta luz que nace” es un medio tiempo blusero melancólico, con alguna hell’s bell (venga, seguro que no una iglesia norteña, pero lo otro queda genial) sonando de fondo, que habla de nostalgia, pero también del futuro. Ya nos hemos dado cuenta que las letras son de ese estilo en el que nos movemos en textos abiertos, sin narrativa, buscando que las sensaciones de cada oyente les de un sentido.
Pasamos a la cara B y tenemos” Nuestro cielo al alcance de la mano” donde amplían los matices del conjunto: el corte es un poco más clásico, el propio cantante dice que tiene influencias identificables de Lou Reed, un riff de tres acordes y algo parecido a un estribillo, cambia la letra de uno a otro, pero en el fondo, es un estribillo, que nos conduce en un paseo al lado de la costa en un atardecer y la sensación de poder alcanzar lo que buscamos. Una intro de un bajo saturado y una cortina de guitarras nos introduce “Cose mis heridas”, quizás con aires glam o glam-punk, donde conviven fragilidad y electricidad en un equilibrio muy difícil de conseguir, como el del protagonista que pide: “decide tú el camino”. Pasamos a una especie de blues psicodélico, siempre con la saturación a tope. Incluso el áspero solo tiene su distorsión en “Zona de sombras”, que sigue profundizando en ese ambiente crepuscular (en las letras, “sombras”, “humo y cenizas”, “atardecer”) que recorre buena parte de la obra. Y cierra la canción más pausada de todas, “No me cuentes nada que no quiera saber”, más acústica, con vibratos, pianos y melotrones.
Un problema de este trabajo es que es uno de esos discos que ganan cuando se escuchan completos y varias veces de principio a fin como una obra única. Y eso, en estos tiempos de listas de reproducción, aunque es una virtud revolucionaria, es un problema para el artista: es anticomercial. Tanto como identitario.
Ahora pasamos a la cuestión de quién está detrás de todo esto. Y aquí debo reconocer una debilidad personal. Siempre fui más de Diego Vasallo que de Mikel Erentxun. No porque considere mejor a uno que a otro. Simplemente me resultaba más interesante la trayectoria de Vasallo. Ya en los tiempos de Duncan Dhu parecía mirar hacia lugares distintos e incluso en los temas que cantaba él o eran suyos, había otro aire. Luego llegaron Cabaret Pop, sus proyectos paralelos y una carrera en solitario donde nunca tuvo miedo a cambiar de dirección. De hecho, sigo pensando que Los abismos cotidianos, con su maravillosa “La vida mata” es uno de esos discos que merecen mucha más atención de la que suelen recibir. Sigo a lo que iba. Lo que siempre me ha gustado de Vasallo es que parece sentirse incómodo en la repetición. Cuando encuentra un camino, en lugar de acomodarse suele buscar otro. A veces le sale mejor, otras peor, pero rara vez se le puede acusar de permanecer quieto.
Y Løse encaja perfectamente dentro de esa manera de entender la música.
Porque no suena a un artista intentando recuperar su pasado y mucho menos a un músico veterano tratando de parecer joven. Suena simplemente a alguien con curiosidad. Alguien que todavía quiere probar cosas nuevas, lo que no significa romper con su pasado (bueno sí lo hace, no le vais a ver en la gira de 40 aniversario de Duncan Dhu, que la hará en solitario Mikel). Por cierto, me parece curioso que incluso el propio Erentxun, que durante mucho tiempo en sus discos en solitario pareció mantenerse más cerca del universo clásico de Duncan Dhu, terminó copiando o inspirándose en su compañero y se acercó a territorios más introspectivos y de autor e incluso cantando con la voz rasgada como Diego.
A pesar de todo, Vasallo no podía abordar en soledad su nuevo empeño, y de ahí la cristalización de este nuevo quinteto que se concreta con las aportaciones del guitarrista Fer García (The Young Wait, ILL), su evidente nuevo brazo derecho y con el que ya había trabajado anteriormente; el batería Oriol Flores (IDOIA, Pol 3.14), el bajista Xabi Arratibel (Bananas, Hyedra) y un ilustre Germán San Martín (Loquillo, Quique González) colaborando en los teclados. Músicos correosos, acostumbrados a la fiereza y el pómulo marcado, capaces de intensificar y hasta solidificar un repertorio sin respiro ni concesiones. La producción es de Diego Vasallo y Fer García, fue grabado en los estudios de este en Guipúzcoa, Green Farm Recordings. Las pinturas de las portadas, de Jesús Mansé. Su presentación: “Løse es furia, amor y desamparo”, “Løse somos Fer García, Xabi Arratibel, Oriol Flores y Diego Vasallo desde las brumas y cumbres escarpadas de Gipuzkoa”.
El verdadero valor de Løse no está únicamente en sus canciones, que son notables, ni en su sonido, que tiene mucha personalidad. Lo que más me gusta de Løse no es que suene moderno, ni oscuro, ni alternativo, sino que suena inquieto. Y después de más de cuarenta años haciendo música, seguir transmitiendo inquietud creativa es probablemente uno de los mayores elogios que se le pueden dedicar a un artista. Diego Vasallo sigue teniendo interés por descubrir qué hay detrás de la siguiente curva.
Y visto el resultado, me alegro mucho de que siga haciéndolo.
PD: aviso a navegantes. Os guste más o menos, con esta entrada dejo abierta la posibilidad de traer a Vasallo en alguna de sus aventuras pop…


Comentarios
Publicar un comentario