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Whitesnake - 1987 (EMI Records, 1987)





Tras un parón, retomo la serie de esos tres discos que me introdujeron al mundo heavy y a ver si soy capaz de trasmitir mínimamente lo que quiero. Porque ya he borrado dos o tres veces la entrada al no gustarme nada cómo quedaba.

Este trabajo de Coverdale y los suyos fue un descubrimiento aún mayor que el Slippery y Final Countdown para un adolescente (estamos hablando de alrededor de quince años) un poco ñoño. Porque, si Bon Jovi eran los chicos guapos del instituto y Europe los suecos del teclado interplanetario, Whitesnake con este disco representaban otra cosa: la sensación de que aquello era más adulto, más peligroso, más macarra. Qué cojones, más sexy. Y no sólo por una música más contundente y cargada de electricidad, sino también por la imagen construida alrededor de la sensualidad y el exceso (sin llegar al desfase de Mötley Crüe, por ejemplo). A eso también ayudaron los videoclips, con una carga de erotismo que para los que éramos chavales, resultaba casi tan impactante como los propios riffs. Bon Jovi y Europe te invitaban a la fiesta. Whitesnake te llevaba a la habitación del hotel donde se celebraba el after. Y a esa edad en la que yo no entendía aún demasiado bien la trayectoria de David Coverdale y que aún estaba aprendiendo las diferencias entre el hard rock y el blues rock, ya le otorgaba un aura casi mítica al grupo. Imaginad cuando luego navegué entre los discos anteriores de ellos que atesoraba mi hermano (spolier: no me parecieron el mismo grupo, pero me gustaron más, mucho más, pero claro, los bigotones de los músicos de aquellos discos no tienen comparación estética con las melenas de los intérpretes de esta época tardo ochentera).

Poco sentido tiene en estos lares profundizar en la historia de Coverdale y Whitesnake, porque todos la conocéis mejor que yo. Un resumen rápido para los que lleguen aquí de casualidad sería contar que Coverdale llevaba años dejándose la piel en los escenarios y los estudios, tras pasar por Deep Purple, montó Whitesnake, grupo británico de blues rock con ramalazos hard rock clásico y gotitas soul que obtuvo éxito y respeto en sus islas, pero sin el reconocimiento internacional que anhelaban (hablamos de USA, donde el dinero fluía de las fuentes). Y tras varios cambios de formación, problemas de salud y de gestión y una cierta dificultad para encajar en las modas del momento, el bueno de Coverdale tomó una decisión que le cambió la vida para siempre: abrazar el cardado, la laca y hard americano buscando el sonido y el disco capaz de convertirlo en un fenómeno mundial. Y ese disco acabaría siendo este 1987.

Para darle esta nueva dirección a su grupo, Coverdale reclutó al joven guitarrista, recién salido de Thin Lizzy y Tygers of Pan Tang, John Sykes. Sykes no sólo afiló el sonido de la guitarra, sino que su peso compositivo en el álbum fue tan importante como conflictiva su relación con Coverdale. De hecho, David dijo que había un gran potencial y creatividad entre ellos pero que, a nivel personal, era como un choque de trenes. Y aunque el proceso de composición empezó en 1985, Coverdale tuvo que ser operado tras una infección en los senos nasales y estuvo medio año rehabilitándose sin garantía de recuperar su voz por lo que la grabación fue un auténtico desafío. Sykes, el bajista Neil Murray y el batería Aynsley Dunbar grabaron sus partes con el productor Mike Stone en Londres mientras que Coverdale grabó sus voces con Keith Olsen, que sustituyó a Ron Nevison, que no consiguió darle el sonido que quería el cantante. Una vez grabado el disco, Coverdale despidió a todos los músicos y contrató nuevos. Al guitarrista Adrian Vandenberg le dio tiempo a grabar las guitarras para la nueva versión del “Here I go again” pues Sykes se negó al no gustarle el nuevo sonido del tema. 

Dejémonos de historietas que, a poco que busques, encontrarás mucho mejor contadas en miles de páginas de internet, y hablemos de la música.



Y no voy a empezar por el primer corte, sino por la canción que me descubrió el nuevo mundo Whitesnake que os he comentado al principio. “Still of the night” fue el primer tema que escuché. O casi mejor dicho, que vi. Porque el videoclip está íntimamente ligado a mis sensaciones con esta canción. En su momento no vi la evidente influencia de Led Zeppelin porque no conocía a Led Zeppelin. Pero hubiese dado igual pues creo que es una canción con una personalidad suficiente para mantenerse por si misma. Esa intro de guitarra (que en el clip coincide con la aparición de la diosa Tawny Kitaen secándose el sudor) para un arranque enérgico y casi amenazante,  cómo Coverdale crea tensión que va creciendo poco a poco hasta que explota en uno de los riffs más demoledores de todos los ochenta. En el clip seguimos con imágenes de la entonces pareja de David, Kitaen y las poses provocadoras de los músicos. Boca abierta ante la TV y asociando el heavy o hard rock al sexo por primera vez. Vale, aparte de aquello que tuve que sentir en su momento, si analizo ahora el tema, creo que me sigue cautivando la sensación de fuerza que se transmite, todo parece llevado al límite: la voz rasgada y teatral de Coverdale, los monumentales coros, la producción gigantesca, el trabajo a las seis cuerdas de Sykes (aunque en el clip tenemos a Vandenberg), ese intermedio y el solo de chelo que se marcan a la mitad de la canción y otra vez el subidón. Por cierto, un tema de más de seis minutos que a día de hoy mantiene intacta buena parte de su magia. Vuelvo a incidir en la parte visual que fue la que me llamó la atención en aquel momento, un clip que juega con una fotografía de claro-oscuros, Coverdale en un andamio como si estuviese cantando delante de la luna, la banda como si estuviese poseída y la presencia de Twany Kitaen, creando una atmósfera seductora, exagerada y muy ochentera, todo hay que decirlo. En fin, un arma creada para dejar de ser una banda británica de blues rock para convertirse en otra diseñada para conquistar estadios y listas de ventas. Y para cambiar para siempre mis gustos musicales (bueno, para ampliarlos).



Vale, ahora ya estamos preparados para pinchar el disco desde su primera canción ya que así fue mi proceso: esperar a que mi hermano no estuviese en casa y pinchar su copia en el tocadiscos desde el principio una vez que quedé obnubilado por su primer single. Y la primera canción es “Crying in the rain”, canción perteneciente al magnífico Saints & Sinners del 82 que, afortunadamente, no conocía con anterioridad (porque todas las regrabaciones que hizo Coverdale me terminan gustando menos que las originales). Aquí la canción parece el típico tipo de gimnasio al que hace tres meses que no ves y que ha hecho un ciclo de esteroides anabólicos en ese tiempo: vuelve completamente musculada y convertida en un auténtico monstruo de hard rock, con un riff descomunal y una sección instrumental que permite que la banda luzca ese músculo. Ganamos potencia, dramatismo y espectacularidad a costa de perder la calidez blusera y el sentimiento de desgarro de la original, mucho más sencilla y orgánica. Si aquella su hábitat era un garito lleno de humo y vasos de whisky, esta versión nueva está hecha para que suene en un estadio. Hace tiempo leí una frase que se me ha quedado para siempre: la versión original lloraba bajo la lluvia y la de 1987 desafía la tormenta. Segundo corte para “Bad boys”, menos compleja que las anteriores, pero igual de eficaz, con el exceso ochentero de riffs y coros enormes. Nada nuevo pero efectivo. El tercer corte es “Still of the night”. Ya he hablado bastante de él. Y cierra la primera cara el tercer single, que fue el único número uno de los extraídos, por lo que podríamos decir que es la más icónica del grupo. Otra versión de un tema editado en el Saints & Sinners, “Here I go again”. Como he dicho en el “Crying in the rain”, la original tenía un aire más blusero y melancólico. Pero aquí lo revitalizan, lo hacen más directo, más poderoso, con un estribillo irresistible. Y de nuevo, un clip con Twany Kitaen icónico. Y, de nuevo, mi boca abierta delante del televisor. Otra cosa no, pero el tito Coverdale, reconvertido con los años en la tita Asun, sabía lo que hacía.




Le damos la vuelta al vinilo y nos encontramos con “Gime me all your love tonight”, puro hard rock, ritmo contagioso, Sykes en su top y Coverdale aullando como nunca. Fue el cuarto single y a mi me gusta mucho. Posiblemente sea la que suena más cercana a su pasado si no tenemos en cuenta el solo de Sykes. Y, a continuación, uno de los mayores himnos de la década de los 80, la balada “Is this love”, que sólo llegó al número 2, aunque es la canción que TODO el mundo conoce del grupo. Las malas lenguas cuentan que inicialmente fue escrita para Tina Turner, pero no me lo creo. Balada elegante, sin ser empalagosa como otras baladas coetáneas: cómo es posible que un estribillo tan perfecto no existiese antes. La típica canción por la que cualquiera se compra un disco y luego descubre que el resto es heavy, jaja. Y qué decir del video con la actriz Twany Kitaen, que se hizo famosa poco antes en la película de un joven Tom Hanks titulada en España “Despedida de soltero”, además de ser conocida en el mundo del hair metal por haber protagonizando la portada del disco de Ratt, Out of the cellar, que sus piernas salieran en el primer EP de la banda, así como el clip de "Back for more", aparte de su relación sentimental con Robbin Crosby, el guitarrista del grupo. El romanticismo de la canción y del video contrastan con el final abrupto y caótico de la relación (matrimonio) que compartieron Twany y David. Volvemos a pisar el acelerador con “Children of the night”, fantástico coro, energía exudando en cada nota. Parece que estás viendo una persecución en moto: “Are you ready to rock???”. “Straight for the heart” nos mantiene arriba. Parece una obra menor, pero encajaría perfectamente en el Saints & Sinners bajándole un poco de rapidez. Y reconozco que, a veces, me da pereza pinchar esta cara B por no volver a oír el magnífico a la vez que cansino “Is this love”. Pero me acuerdo de que las otras cuatro canciones que la acompañan son cojonudas y se me quita la idea de la cabeza. Porque para cerrar el vinilo nos reservan “Don´t turn away”, que no entiendo como no fue siquiera single.



En versiones Cds, o reediciones, se incluyen otros dos temas. Uno es la preciosa balada “Looking for love”, totalmente estilo Coverdale. De hecho, el propio David siempre ha dicho que es una de las mejores canciones que compuso con Sykes, pero se cayó de la versión vinilo por preferencias de la discográfica. Y la hard rockera  “You’re gonna break my heart again”. Dos canciones que no son morralla ni relleno en absoluto.



Es cierto que 1987 es hijo de una época determinada muy concreta. Pero también lo es que sigue sonando enorme. ¿Por qué? Porque quizás bajo las capas de laca, pantalones imposiblemente ajustados y videoclips MTV, había canciones de verdad. Porque quizás Sykes fue el contrapunto perfecto a Coverdale que nunca volvió a cotas tan altas compositivas. O porque en mi cabeza se confunde la calidad de la música con los recuerdos y lo que sentía en su momento. El caso es que no pude evitar que este vinilo fuese uno de los primeros de segunda mano con los que me hice desde que me volvió la fiebre vinilera.

 

Ah sí, lo que ya os he comentado un poco por ahí arriba, cuando hubo que salir a defender este disco en giras, Coverdale echó a todos los músicos y contrató a los guitarristas Adrian Vandenberg y Vivian Campbell, al bajista Rudy Sarzo y al batería Tommy Aldridge. El disco nunca fue número uno pues no pudo desbancar a U2, Whitney Houston o Michael Jackson, pero las ventas estimadas son de 25 millones de copias en todo el mundo. Uno de los grandes discos del hard rock comercial de los ochenta. En el 89 vendría el Slip of the tongue, que también tengo en vinilo, con la espectacular a la par que controvertida, presencia de Steve Vai, que no trajo aparejada la misma magia que este trabajo.

Porque, qué queréis que os diga: casi cuarenta años después me sigue siendo imposible escuchar “Still of the night” sin poner cara de tipo duro.


Larga vida al rock and roll. Larga vida a la música. Nos leemos.

 


 

 

 


Comentarios

  1. Pues está de puta madre lo que has escrito, yo lo habría abordado desde el otro prisma. De mano el disco nunca me gustó, ni cuando salió, que es la época en la que estoy con el rollo Mötley Crüe, Ratt, Dokken, Black n Blue etc. Cuando vi el clip de "Still of the Night" flipé la verdad pero el resto del disco por lo que sea no me encandiló. Ni las versiones de los temas viejos, ni "Is this Love" que siempre me pareció muy hortera...
    no sé...Yo a Whitesnake los conocí con el "Ready An' Willing" que la tenía el hermano mayor de un colega y la escuché antes de que el Glam Metal me volase el culo la verdad, y luego con el clip de "Slow an Easy" que ya sonaba más duro pero seguían siendo otra cosa. Lo que es curioso es que el disco con Vai si me gusta. Saludos y buen finde!

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    1. A mí me gustan infinitamente más los Whitesnake época británica que la americana. Igual que los Fleetwood Mac a pesar de la diosa Stevie jeje. Un saludo

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  2. Adoro a Sykes, adoro a Whitesnake, adoro a Coverdale y adoro este disco. Poco más voy a aportar a lo que ya has escrito, compartiendo el escabroso proceso de composición y grabación y el significado que tuvieron para ti. Gracias por volver.

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    1. Tú siempre puedes aportar más. De hecho, la entrada era tuya. Un abrazo.

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  3. Bufff... no puedo creerme que aún no hubiese escrito nadie sobre este discazo, yo el primero. Te has hecho esperar Dani, pero tu vuelta ha sido por todo lo alto. Este disco y sobre todo Still of the night y la versión del Crying in the rain fue mi banda sonora del 87 en mis tiempos de universitario, siendo una de mis imposiciones recurrentes en el trayecto desde la facultad hasta casa en el coche compartido con compañeros que lo más heavy que habían escuchado en su vida era The Police o Dire Straits. Y también fue mi puerta de entrada al universo Coverdale más allá del Burn de los Purple. Vamos, que voy a hacerlo porque nunca está de más disfrutar de esta obra, pero evidentemente no me hace falta escuchar el disco para comentar tus palabras. En fin, completísima entrada y del todo imprescindible y necesaria que repara el error de no haberle dado un espacio a este álbum en todos estos años. Lo de los celos de David y su vampirismo creativo del sonido Sykes ya lo dejamos a un lado, que con un disco así, estaría mal criticar al artista. Un abrazo y feliz verano. KING

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    1. Pues la verdad es que hace mucho que busqué, ya que es de los pocos discos que tengo que pueden coincidir con los gustos de aquí, y un tal Rockologia tenía reseñado este y el Slip. Sin embargo, cuanto me puse a hacer el inventario del blog a finales del año pasado, vi que ya no estaban. Al parecer, Manu no estaba muy contento con aquellas reseñas y las quitó. Le pedí permiso por si él iba a rehacer la entrada y me dijo que prefería que la hiciese alguien con otra perspectiva de gustos musicales jaja. Asi que, aquí está.
      Me alegro que te hayas alegrado de verlo por aquí. Un abrazo.

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  4. Hola a todos, hace unos meses tropecé con vosotros gracias a una entrada que tenéis de Colin Vearncombe (Black). Desde entonces me habéis enganchado a las actualizaciones de los viernes, que suelo disfrutar durante la semana siguiente. En este tiempo habéis conseguido que mire con otros ojos algunos de mis vinilos, que tan bien habéis comentado aquí, pero también me habéis recordado bandas que pasaron por mis oídos pero que, por una u otra razón no llegué a profundizar en su discografía, como fue el caso de Slade. Solo con esto sería suficiente para agradecer todo el trabajo que hacéis, pero es que además me habéis descubierto un buen número de bandas de las que no tenía ni puñetera idea, no todas entran dentro de mi rango de gusto, pero como jamás he dicho esto no lo voy a escuchar, me he tragado todas las entradas y las posteriores reproducciones de Spoty. Mil gracias por todo.
    Sobre este disco de los Whitesnake, fue el primer disco que tuve de la banda y con él aprendí una lección importante, no prestes un disco a alguien que no sabes si te lo va a devolver, ya os podéis imaginar lo que pasó con él.
    Saludos.
    Duque.

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    1. Muchas gracias por tus palabras. Creo que la intención del blog es precisamente esa, charlar de música como hacíamos antes con los amigos y así disfrutar y ampliar el espectro. Me siento orgulloso de que hayas llegado aqui por uno de mis discos blandengues, especialmente.
      Por cierto, tienes la puerta abierta a colaborar en el blog. Si te apetece, me lo comentas por aquí y vemos cómo lo hacemos. Un saludo.

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    2. Anónimo4/8/26 19:16

      Gracias por el ofrecimiento, pero me temo que estoy muy lejos de vuestro nivel de conocimiento, me voy a centrar en disfrutar de las entradas y comentar cuando pueda añadir algo.
      Duque

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    3. Jaja. Ok. Pero yo soy un indigente musical y aquí estoy. Solo que está San google que todo lo soluciona. Pero ya ves, mis discos puedes encontrar los de Black al lado de Black Sanbbath o Sade al lado de Soundgarden. Lo importante es que hables de lo que te gusta.

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