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Rainbow - Rising (Polydor, 1976)

 




Hay discos que uno descubre poco a poco, porque escuchas canciones en la radio, por ejemplo, o porque algún amigo te lo va descubriendo. Pero para mí, en el caso de Rising no fue así. Fue más como una revelación caída del cielo, nunca mejor dicho, aunque fue un conocimiento a conciencia, buscado adrede. Ya sabéis que mi historia con el hard rock fue tardía, y estuvo influenciada por mi hermano mayor. Él tenía un montón de discos del género. Pero yo era muy joven, muy blandito, muy ñoño y muy popero y tardé mucho en curiosear en su colección. Os he contado que empecé con Bon Jovi, Europe y Whitesnake. Pero durante unos años tampoco profundicé mucho más allá. Y es curioso porque, sí, los discos antiguos de Whitesnake sí los escuché y me gustaron mucho. Pero no me dio por escuchar otros discos clásicos en la misma medida. A ver sí, lógicamente conocía a Rainbow pero más por su reputación que por su música. Y creo haber pinchado el Bent out of Shape que estaba en casa. Sabía que detrás estaba el genio de Ritchie Blackmore, el mismo que había escrito algunas de las páginas más importantes del rock con Deep Purple. Y también sabía que un protagonista de varios clips en las VHS de mi hermano, Dio, había pasado por allí. Pero, vuelvo a pedir disculpas por mi ignorancia juvenil, pues una cosa era conocer la leyenda y otra sentarse delante del tocata y escuchar lo que realmente hicieron juntos. Y lo que hicieron en Rising fue extraordinario. Y tardé en descubrirlo, por desgracia.

Ahora toca resumen histórico, aunque como siempre digo, cualquiera de mis compis del blog sabe más que yo. Y si no, internet tiene infinitas páginas. Rainbow había nacido apenas un año antes con la publicación de Ritchie Blackmore’s Rainbow  (reseña del King aquí y recojo su testigo, tras su petición por el amor de Dio). Aquel primer álbum ya apuntaba maneras, pero todavía parecía una transición entre el universo de Deep Purple y algo nuevo que estaba buscando tomar forma. Blackmore se rodeó de varios músicos procedentes de Elf, la banda de Dio, y comenzó a construir una propuesta muy distinta a la de sus antiguos compañeros. Había menos blues, menos improvisación y una clara orientación hacia territorios más oscuros, épicos y fantásticos. Sin embargo, no sería hasta Rising cuando todas las piezas terminarían encajando. Además, las circunstancias no fueron precisamente sencillas. Blackmore decidió reorganizar casi por completo la formación después de ese primer disco. De la banda original únicamente permaneció Dio. Llegaron el batería Cozy Powell (Jeff Beck Group, y más tarde Black Sabbath, Whitesnake, Forcefield, MSG. Gary Moore...en solitario también editó y Manu nos trajo una reseña aquí), el bajista escocés Jimmy Bain y el teclista californiano Tony Carey (recientemente reseñado en el blog también por Manu, aquí), formando una de las alineaciones que muchos consideran la mejor de Rainbow. Parieron un disco con apenas seis canciones, pero que bastaron para convertirlo en una referencia absoluta del hard rock de los años setenta y, de paso, en una de las piedras fundacionales del heavy metal que estaba a punto de llegar. La portada del Lp, de Ken Kelly (portadas de Kiss y Manowar entre sus trabajos más conocidos) tampoco pasaba desapercibida. Esa gigantesca mano emergiendo del mar y sujetando un arco iris parecía sacada directamente de una novela de fantasía heroica. Con ello, antes de quitarle el plástico protector, el que se llevaba el disco a casa ya intuía que el viaje no iba a desarrollarse precisamente en el mundo real.

 


Y no se equivocaba pues desde la primera canción de la primera cara, “Tarot woman”, comienza ese viaje esotérico. Me había planteado iniciar la reseña con el monumento que es “Stargazer” pero esta vez voy a seguir el orden del trabajo, que para eso los dioses Blackmore y Dio decidieron que las canciones debían aparecer en su correspondiente sitio. Para este primer tema, “Tarot woman”, los sintetizadores de Carey crean una introducción misteriosa que creo que para 1976 sonaba hasta futurista. Poco a poco la tensión crece hasta que Blackmore irrumpe con uno de esos riffs tallados en piedra tan suyos. Y aparece Dio en escena, con toda su capacidad narrativa y dejando claro que él no cantaba canciones: las interpretaba como si estuviera relatando antiguas leyendas alrededor de una hoguera con toda la tribu alrededor suyo. Hostia, esto merece subir un poco el volumen del equipo, que está ocurriendo algo grande. Tras estos 6 primeros minutos, llega “Run with the Wolf”, el corte más directo del disco, menos complejo pero que posee una energía tremenda y en la que el grupo demuestra lo compacta que era aquella formación. Cozy Powell empieza a dar muestras de su capacidad a los parches y Blackmore encuentra el equilibrio entre la melodía y la agresividad. “Startruck” es una obra maestra que define el sonido de Rainbow de esta época. Breve y accesible, pero concentra gran parte de las virtudes del grupo: riff memorable, melodía irresistible e interpretación vocal impecable. Brillante. Voy a subir un poco más el volumen antes de que llegue el solo que seguro va a estar a la altura... Sí, eso es, aquí llega, qué bueno, hostia. Y se cierra la primera cara del plástico con “Do you close your eyes”, la más corta y la más cercana al clásico hard rock. Buen tema aunque, con perspectiva, puede ser el más flojo del trabajo, pero claro, es que las comparaciones son odiosas.





Damos la vuelta al vinilo y pinchamos la cara B. Empieza “Stargazer”…Dios, espera, ¿de dónde demonios sale esa introducción de batería? Espera, que voy a ponerlo otra vez desde el principio y subiendo aún más el volumen. Buah, flipante. Y ahora, ¿qué se puede decir de esta canción que no se haya dicho ya? Para mí, pertenece a ese grupo extremadamente reducido de composiciones que pueden discutirles el podio a gigantes como “Bohemian Rhapsody”, “Starway to heaven”, “Smoke on the water” o cualquier otro monumento histórico del rock. Estamos hablando de una de las mejores canciones jamás grabadas. Quizás no sea la mejor. Pero tampoco las hay mejores. Y la magia comienza desde el primer segundo. O, mejor dicho, desde los primeros diez segundos, lo que dura el legendario redoble de Cozy Powell, tan poderoso que por si sólo entra en la historia del rock. Seguro que ha habido bateristas técnicamente más sofisticados, pero pocas veces uno ha conseguido transmitir semejante sensación de grandeza golpeando unos tambores. A partir de ahí aparece ese riff gigantesco de Blackmore, uno de los más reconocibles y amenazadores de toda su carrera. Sobre él se despliega la historia imaginada por Dio, poblada por magos, esclavos, sueños imposibles y esa fantasía épica que años después inspiraría a medio mundo dentro del heavy metal. A ver, la letra podría sonar hasta ridícula en la voz de otro cantante, pero con Dio resulta absolutamente creíble. Y tenemos ese espectacular solo de guitarra de Blackmore, cerca de dos minutos de inspiración absoluta, construido sobre escalas orientales y melodías arabescas que parecen surgir de otro tiempo y otro lugar, y que junto a la letra, nos trasladan, quizás, a Babilonia y su torre. Es una narración dentro de una narración, un tema dentro de un tema. Y me flipa el trabajo de la sección rítmica, dándole ese empaque tan pesado al tema: si ya Powell nos ha anonadado al inicio con su redoble de timbales, el patrón de caja y bombo constante con un groove marcial, crea una atmósfera hipnótica junto al bajo de Bain.

Y aún así, lo mejor de “Stargazer” no es ninguno de esos elementos por separado. Ni incluso todos los elementos juntos. Lo mejor es la primera vez que la escuchas: te dan ganas de tirar todos tus discos a la basura. Porque mientras van pasando los minutos (casi nueve) tienes la sensación de estar asistiendo a algo irrepetible: primero entra el redoble de batería, después ese riff animal de Blackmore, luego los pomposos versos mágicos de Dio, el estribillo monumental con su voz de barítono, más versos de esclavos o de duendes, quién sabe, otro estribillo todavía más poderoso, el increíble solo de guitarra de dos minutos que te vuela la cabeza que cuando parece que va a terminar te coge otra vez de las solapas de la chaqueta para seguir zarandeándote, el regreso de la voz agresiva pero acogedora, más estribillo y el climax final tan orgásmico como tener sexo con XXX (aquí pon el nombre de espécimen humano que más te ponga y completa la frase). Todo encaja de una forma tan perfecta que uno llega a preguntarse cómo demonios pudieron reunir tantas ideas brillantes en una sola canción. Y cuando termina ese crescendo épico, con la Orquesta filarmónica de Munich creciendo junto a la banda mientras Dio repite los últimos versos y Blackmore dibuja las últimas notas, es un desenlace tan exagerado, tan majestuoso y tan absolutamente perfecto que llegas a sentirte físicamente exhausto después de escucharlo. Como si la puta canción y el puto mago de la misma hubiesen consumido toda la energía disponible a su alrededor. “Stargazer” no sólo es la cima de Rising. Es una de las cimas del rock. Sin discusión.

 


Pero lo más increíble es que todavía queda la última sorpresa, el último corte, “A light in the black” retoma la historia tras la muerte del mago y dispara el álbum hacia un final absolutamente espectacular. Si “Stargazer” es la épica, “A light in the black” es la velocidad, la técnica y la energía desatada. El duelo instrumental entre la guitarra de Blackmore y el teclado de Carey es una auténtica exhibición de talento, dejando el virtuosismo a un lado. Otros más de 8 minutos que resumen muchas virtudes de este disco: potencia, melodía, imaginación y un nivel musical excepcional. Y las dos canciones configuran una de las caras de un album más completas que se puede escuchar.

Aunque es una obra maestra y precursora de lo que vino después, pues es indiscutible su influencia en buena parte del heavy metal clásico, del power metal y incluso del metal sinfónico, el éxito comercial de Rising  fue muy moderado. Nada en comparación con los Machine Head, Physical Graffiti u Hotel California por citar varios blockbuster de la época. Ya que mentamos a Deep Purple, hay que reconocer la valentía o locura de un Blackmore que decidió abandonar una de las bandas más importantes del mundo porque creía que todavía podía hacer algo mejor o distinto. Y creo que, durante poco más de treinta y tres minutos, demostró que tenía razón. De ello y de la publicación de este disco, hace escasos dos meses se cumplieron 50 años. Mi copia es la española de la época, espartana, sin inserto, con la letra de "Stargazer" en la contraportada y sin los títulos traducidos, raro es. Por cierto, los créditos nos dicen que toda la música escrita y arreglos a cargo de Blackmore/Dio y las letras de Dio. El disco fue producido por Martin Birch, cuyos primeros trabajos fueron como ingeniero y productor de los Fleetwood Mac de Peter Green, la era británica y con Deep Purple y Wishbone Ash. Para luego trabajar con Rainbow, la época británica de Whitesnake, Black Sabbath (ese Heaven and Hell que si alguien me quiere regalar, ya sabe) y, sobre todo, Iron Maiden.

Como bien dijeron los propios, Rainbow en su maravilloso siguiente disco, larga vida al rock and roll, Long live rock ‘n’ roll.

 

 

 



Comentarios

  1. Bravo Matute... aunque un año ¡un año! has tardado en recoger ese testigo. Pero como dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, pues eso. Estupenda obra y estupenda entrada. Y qué bien has definido la primera vez que uno escucha Stargazer. Total, amén a todo y nada que añadir. Una abrazo y a sobrellevar el calor. KING

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    1. Pues te doy sincero, me tuvo que pillar de vacas y ni lo vi en su momento como atestigua el hecho de que ni comenté. Y fue a raíz del inventario que hice a principios de este año del blog que me di cuenta de ello (quizás la limpieza que hizo hace un tiempo Manu tenga que ver).Pero, aqui está. De todas formas, a veces es complicado decidirse a reseñar algo tan grande y manido.

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  2. Lo he vuelto a escuchar y os juro que se me ha puesto la piel de gallina al volver a escuchar el "Tarot Woman". Una obra mayúscula, sin discusión. No solo por su épica, sino por la calidad de las composiciones, arreglos, y producción (qué sonidaco logro aquí Martin Birch). Además, aquí está uno de mis bateristas favoritos de siempre, Cozy Powell. Qué decir de las viguerías de Blackmore a la guitarra, y esa voz celestial que hace grande cualquier canción. Incluso el "Do you close your eyes", que es de mis favoritas del disco. La única pega es que, si este disco es un 10, el "Long live Rock and Roll" es un 11. Si, soy raro, pero mi favorito es su siguiente disco. Por cierto, no veo ninguna reseña de ese disco por aquí. ¿Alguien se anima? SI no hay voluntarios, no me importaría rellenar ese hueco, para completar esa trilogía mágica DIO/Blackmore, excepto si alguien ya lo tiene previsto.
    Una reseña muy completa, a la altura de esta obra magna.
    Un saludo.

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    1. Dale a esa reseña, que tampoco puede faltar por aquí ese discarral.

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    2. Como dice el King, por el amor de Dio, dale a esa reseña. Yo es que ese no lo tengo y está muy caro...

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    3. Si no lo haces tú, lo haré yo. Pero no puede faltar por aquí. KING

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  3. Grande, Dani. El disco y la reseña. Me alegra cada vez más hacer "limpieza" de vez en cuando para poder loar a estas obras como se merecen. Pocos músicos tienen tantos discarrales seguidos como Dio o Blackmore. Y aquí están los dos juntos, comenzando "todo". Gloriosas vacaciones si sirven para que regales estas maravillas al blog.

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  4. Si te digo que es mi disco favorito de Blackmore igual ya te digo mucho jeje. En serio, tienes IN ROCK, Made in Japan y luego esto con Tarot Woman y Stargazer y ya te puedes retirar tranquilo, pero entonces nos habría privado de Dificult to Cure o Long Live RNR.

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    1. Pues me alegro pero claro, es fácil coincidir con un discazo así

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  5. Anónimo5/8/26 13:51

    Pues me habéis hecho volver a 1986/87, cuando la música pasaba de mano en mano. Lo primero que escuché de Raimbow fue "I surrender" grabado en una cinta (que no conservo pero seguro que era Sony o TDK) junto con temas de otras bandas. Recuerdo escuchar mucho esa cinta, "I surrender" era el primer tema de la cara B (por entonces desconocía que había salido al mercado varios años antes). Seguro que pasó por mis manos algún tema más, pero no llegaron a cuajar, porque no tengo nada de ellos, imagino que me sonaron a "viejunos". En esa época no paraba de escuchar a Warlock, Helloween o Stryper y cualquier cosa que no sonase parecido no era "moderno" y no entraba en la categoría de "lo tengo que comprar". Llevo unos días escuchando "Rising" y, por supuesto, "Dificult to Cure", si acaban entrando en casa es culpa vuestra. Saludos y gracias por al entrada.
    Duque.

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    1. Me alegro que te haya apetecido escuchar sus discos. Para eso hacemos esto, para escuchar y opinar juntos. Un saludo

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