Y con este disco comenzó todo.
No tengo claro a qué me refiero exactamente, pero el segundo largo de Motörhead es una semilla musical: aquí está la New Wave Of British Heavy Metal (NWOBHM) al completo, el thrash de Metallica y Overkill, el germen black metal de Venom o, si me estiráis el chicle, el proto-power de Running Wild (ese doble bombo, esa forma de cortar los riffs). Una de esas obras que no podía faltar en nuestra particular vinilopedia. Ojo: no es mi favorito ni el mejor de la banda.
Aunque hoy, cuarenta y pico años después, cualquier aficionado al género le pondría cinco estrellas a esta obra, en su momento casi ni se grabó. Ian Fraser "Lemmy" Kilmister (cantante y bajista), "Fast" Eddie Clarke (guitarras) y Phil "Animal" Taylor (baterías) acababan de firmar un contrato con Bronze Records. Sin mucha confianza, les hicieron grabar a mediados de 1978 la versión Louie, Louie de Richard Berry a modo de single, con el tema propio Tear ya down en la cara B. El hombre que mandaba por entonces en la compañía, Gerry Bron, afirmó lo siguiente: "La primera vez que escuché a Motörhead fue un sencillo que publiqué sin haberlo escuchado antes, que es "Louie Louie", y cuando lo escuché me horroricé por completo. Pensé que era el peor disco que jamás había escuchado, así que fue un shock". Pero su sorpresa resultó mayor cuando el tema alcanzó el puesto 72 en la lista de ventas británicas y les invitaron a tocar en el programa Top of the Pops de la BBC, el sumun musical por entonces.
Ese sorprendente éxito permitió al trío entrar en el estudio para recoger un largo, este que acabaría titulándose Overkill. Para ello, les metieron en los Roundhouse Recording Studios y los Sound Development Studios entre diciembre del 78 y enero del 79. El presupuesto se lo gastaron en un productor de postín: Jimmy Miller. Debió alucinar cuando vio a la banda, un tipo que había trabajado con Traffic, Spooky Tooth o The Rolling Stones. ¿Cómo lo consiguieron unos imberbes como estos? Miller había desaparecido del mundillo durante los dos años anteriores sumido en su adicción a la heroína (hábito que, vaya, había adquirido de su etapa Stones). Se suponía que sería una especie de álbum de regreso para él, y eso es exactamente lo que resultó. Su pericia permitió tener el sonido brutal y limpio al mismo tiempo que, aún hoy, nos deja con la boca abierta y los oídos ensangrentados.
Para qué esperar. Abrir la cara A con Overkill es el famoso puñetazo en la mesa (o en la cara), una declaración de intenciones contundente donde usan por primera vez el doble bombo. Otras bandas ya utilizaban la batería con doble bombo, pero sería difícil encontrar patrones con este grado de crudeza, especialmente cuando las líneas de bajo sucias y esos solos frenéticos parecen loar cada golpe. Y la letra: "Only way to feel the noise is when it's good and loud" y, por supuesto, "Shake your head you must be dead if it don't make you fly". O estás muerto o eres heavy punk de los cojones. Cualquier canción que sonara después podría quedar en el olvido, pero hablamos de Stay clean, donde la melodía vocal se recrea en un riff hipnótico, combinando con un ritmo enérgico y una letra de lo más sincera: "I can't go on with all the filthy white lies/Stay clean". Puedo lidiar con cualquier mierda que haga. El sencillo ritmo clic-clac de (I won`t) pay your price nos lleva al hard setentero con guitarrazos cruzados y un fantástico solo. El clásico pírate de una vez: "Fade out, baby, that's right/No bark and even less bite". Sigue I'll be your sister, corte que rescataron de sus primeras demos y que no acertaron a meter en su debut; vuelven al territorio del riff corto, veloz, rudo, mezclado con la voz rota de Lemmy y un gran trabajo de batería. Cierra este lado Capricorn, influenciado por ese toque espacial del Lemmy de Hawkwind, con voces resonantes que evocan reflexiones autobiográficas y un montón de eco. La más floja quizá.
Al voltear el plástico nos esperan dos tremendas sorpresas. Porque arranca con otros dos clásicos del grupo. El primero, No class, un riff primitivo, de pocas notas repetidas que muta en un sierra eléctrica en el puente y el estribillo, donde Lemmy hace una interpretación casi sangrienta. El riff, por cierto, "homenaje" a otro de ZZ Top. El segundo, Damage case. Lo que daría por ver la cara de los chavales de 1979 cuando esto atronó en sus altavoces, o en su primera experiencia en directo con Motörhead. Porque hoy nos parece hasta poca cosa, pero, por entonces, eran lo más sucio del heavy metal. "Hey babe, don't turn away/I'm here tomorrow, I'm gone today/I don't care what you think your game is/I don't care even what your name is". Tómame o déjame, pero rápido. Tear ya down es una regrabación de aquella cara B de single, basada, de nuevo, en un patrón de batería agresivo y la combinación de bajo y batería al unísono. Funciona muy bien, aunque tiene bastante similitud con No class. De Metropolis dice Lemmy que la compuso en cinco minutos después de ver la película homónima en un cine, fruto de la impresión y de las posibilidades que se le abrieron en la mente. Ritmo arrastrado, lento para el disco en el que vivimos hoy, con buenos interludios de guitarra (qué poco valorado Eddie Clarke). Cierra nuestro viaje Limb from limb con honores, una especie de blues al estilo Cream que muta en un remedo de hard & heavy glorioso.
En febrero (a toda velocidad) se editó el sencillo Overkill (con Too late too late en la otra cara) y alcanzó el puesto 39 y volvieron al Top of the Pops. Y comenzó la leyenda. En marzo salió a la calle el disco y, de nuevo, se convirtió en un éxito "inesperado": puesto 24 en las listas, llenos cada vez que se subían al escenario. Sin tregua, ese verano grabaron la continuación (había que aprovechar la gran ola) y a final de año Bomber estaba en la calle. Otra joya para otro día.
La mítica portada la realizó Joe Petagno, un artista gráfico que venía de colaborar con Nazareth, Sweet, The Kinks, y que se convertiría en habitual de Motörhead. Suya es la creación de Snaggletooth (también conocida como War-Pig), la mascota que adorna esta y muchas de las carátulas de los mejores discos de los británicos, un híbrido de lobo, búfalo y gorila que lleva casco, cuernos, cadenas y tachuelas. Y lo que haga falta.
Curiosidad final. El 13 de diciembre de 1995 Metallica grabó tres de estos cortes durante la fiesta del 50 aniversario de Lemmy en el Whiskey A Go-Go de Los Angeles, en un cacharro que titularon MotörheadACHE mess.
Disfrutad del fin de semana, a la sombra, con buena compañía y algo fresquito para beber.



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