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Muse - Absolution (Warner Records, 2003)



Estaría bien que antes de leerte esta entrada escucharas el disco entero. Porque no voy a ser nada objetivo y eso, para lo bueno y lo malo, es posible que te condicione en la opinión que te pueda generar este trabajo. Ya sabemos que, a veces, cuando nos dicen que tal disco es la hostia, luego no nos parece tanto. O al revés, ese plástico oficialmente catalogado como menor en la discografía de un grupo que, a la postre, nos termina enamorando. Sí claro, en muchas ocasiones coincidimos con las críticas, pero vosotros me entendéis.




Comienzo diciendo que tenía este disco en versión CD desde que salió. Y hace poco lo vi en vinilo a un gran precio, por debajo de 20 euros para ser un doble. Pero me hice el duro y no caí. Se lo comenté a mi amigo José Alfredo, un flipado de la música y atesorador de vinilos, y me “convenció” (tampoco era muy difícil) para replanteármelo pues, precisamente, recordaba que yo se lo recomendé hace eones cuando compartíamos turnos en el trabajo y no nos llevábamos del todo bien, hizo una copia de mi CD y me dijo que siempre le ha fascinado este álbum. En definitiva, que me lo pillase. Y ahora está en mi estantería. En fin, ya está, cumplí con esa parte, que ya sabéis me encanta, de aportar algo de mi experiencia personal sobre el disco del que hablo.

Absolution se publicó en 2003 y desde su primera escucha me pareció una jodida obra de arte. Y aún me lo parece después de más de 20 años. Y, ¿por qué no voy a poder decir que es una obra de arte cuando se le califica igual a un disco recién salido del horno como el Lux de Rosalía y que aún no ha experimentado el desgaste de los años y el paso de las modas? Que no estoy diciendo que el disco de Rosalía sea malo, todo lo contrario, pues la creatividad y valentía de la cantante adentrándose en estilos que no domina ni en los que sobresaldría, es encomiable, aunque personalmente se me haga aburrido y pretencioso. Pero si los genuflexores profesionales se inclinan hasta ángulos imposibles ante la introducción de la música clásica en un disco de música popular y su mezcolanza, al escuchar este trabajo de Muse deberían hacerles felaciones a dos carrillos a los señores Bellamy, Wolstenholme y Howard por parir esta megaobra.

Y empiezo a desarrollar mi idea. Muse venían de publicar dos álbumes, Showbiz y, sobre todo, Origin of symmetry, aprovechando el tirón del rock electrónico de los Radiohead de The Bends o de Ok Computer, de buen nivel. De hecho, hay quien piensa que ese Origin of Symmetry es su mejor disco, aunque yo no estoy de acuerdo. Sin embargo, en este Absolution empiezan a construir su universo propio y dejan de ser una banda de rock alternativo a secas para convertirse en una banda personal e inimitable. Y a fe que lo consiguen. A mí el disco me suena apocalíptico, grandioso, angustioso, épico, dramático, y a pesar de ello cada canción se podría tocar frente a un estadio lleno… incluso cuando hablan de angustias íntimas o reflexiones ateo/religiosas. No vamos a encontrar guitarras afiladas (lo más afilado que escuchamos es la voz de Bellamy) sino guitarras saturadas y distorsionadas, bajos agresivos incluso con líneas superpuestas y baterías casi militares que le dan músculo y densidad a la producción. A ello se le añaden el piano melancólico a veces, grandilocuente otras, de un estilo muy romántico (en cuanto a la época romántica no al amor) y la voz aguda de Bellamy que domina el susurro y el falsete y que no tienen reparo en apoyar con delays, vocoders y similares. Todo ello es posible gracias a la formación musical clásica de sus integrantes. Quizás por eso todo suena tan redondo, natural y para nada forzado. Y yo siempre pensé que era un álbum conceptual, quizás porque, ante la necesidad de clasificar la música, encuadraba este disco en rock progresivo. Sin embargo, no era la intención de los músicos, aunque yo siento que es como un bloque narrativo, una experiencia completa que necesito escuchar de principio a fin, que es como disfruto los temas de verdad: claro que me gustan si los escucho como “singles” en mi lista de reproducción. Pero es cuando pongo los cincuenta y picos minutos de música seguida cuando de verdad disfruto la experiencia total, experiencia religiosa, como decía el ínclito aquel…Casi orgiástica (me he pasado). Ahora que ya os he puesto las expectativas tan altas que seguro os defraudarán, pasaré a las canciones.


 

Abre el fuego una “Intro” marcial, una marcha militar en la batería de Dom Howard que es interrumpida por el martilleo de un piano que bien podría anunciar el fin del mundo en “Apocalypse please”. Bellamy canta “this is the end of the world” y según ha declarado “es el punto de vista de una persona que está esperando que su propio Dios venga y ponga todo en orden” o bien “el deseo que tienen los religiosos fanáticos de que las profecías sean ciertas. Así podrán confirmar su religión”. Vamos, la banda sonora perfecta para los trumpistas y terraplanistas de allí y de aquí: caos, colapso, paranoia…Me mola el break con el sinte, los coros y el hit hat justo antes de que vuelva a entrar el piano y que se repite casi al final de la canción que termina de nuevo con ese piano dramático del inicio. “Time is running out” fue el segundo single del álbum. Una elección lógica que comienza con la línea de bajo de Wolstenholme a la que se suma primero la batería, luego la voz y por fin una guitarra saturada y distorsionada para desembocar en un estribillo fantástico. Las letras expresan ansiedad y desesperación pues van sobre los pensamientos que pasan por la cabeza del protagonista justo antes de morir, y los arrepentimientos sobre cómo tal vez su tiempo fue desperdiciado y se estaba acabando. Tras este subidón, “Sing for absolution” parece que baja revoluciones. Un piano más espacial y suave, al igual que el acompañamiento de la sección rítmica. Bellamy reflexiona sobre las acciones hechas y la búsqueda del perdón por las mimas. En la vida, en una relación, lo que tú prefieras. Pero un tema que casi parece una nana se despendola hacia el tercer minuto con la irrupción de esa guitarra saturada que le da dramatismo y contundencia al tema que termina en una plegaria desconsolada gritada a los cuatro vientos. Vamos a darle la vuelta al primer vinilo. Sí, la edición es en vinilo doble, una patata, pero es la moda. Y podían haberlo aprovechado metiendo otro tema que quedó pendiente. Ya volveré a eso al final. 



 

La cara B empieza fuerte con el primer single que se presentó como adelanto del disco, “Stockholm syndrome”. Violencia y frenetismo sonoro, agresiva guitarra enredada con sintetizadores, a la que se le van uniendo batería y Bellamy juega con melodías poco convencionales que parecen querer escapar de la instrumentación para hablar de la obsesión y el control y el famoso síndrome de Estocolmo. Cinco minutos sin respiros con riffs casi heavies. Temazo inconmensurable. Los amantes de Ghost puede encontrar aquí refugio seguro. Ahora alternan con otro tema más pausado. “Falling away with you” comienza con una guitarra acústica y los chirridos de deslizar los dedos sobre los trastes y las cuerdas…la verdad es que ya ni estoy seguro si esos chirridos son añadidos o no (en la reseña que hice del disco de Linze aquí, también señalé una canción que usa el mismo efecto de no postproducir ese chirrido para borrarlo). Melancólica e íntima, hablando de las relaciones pasadas. Interpretación vocal un poco más suave sobre una construcción suave hasta un crescendo tranquilo. El momento tranquilo y sutil del álbum que es casi inigualable. La canción encaja bien líricamente, y trata sobre la importancia de los recuerdos. Me parece un medio tiempo espectacular.  ¿Empiezo a repetirme con los adjetivos o es cosa mía? Pasamos al corte más prescindible del disco. O quizás no, porque nos están dando un momento de acomodo emocional y sensorial para pasar a otro trallazo que llega tras este “Interlude” instrumental. Y no es otro que “Hysteria” con una introducción de bajo de las más icónicas de este siglo. Y que, por cierto, son tres líneas en una sola: un bajo limpio, sobre ella un bajo distorsionado y sobre ellas dos un bajo sintetizado. Mi oído y conocimiento no da para tanto, pero se lo he robado a un youtuber famoso que disecciona canciones. Los diez segundos más intensos de bajo que hemos escuchado en mucho tiempo son seguidos por una guitarra y batería que anuncian algo grande para estallar con un intenso riff que hace mover la cabeza a cualquiera. La canción va creciendo hasta un pico melódico pero pesado, hablando de adicción y amor (o lujuria, si ves el video) en igual medida, y con un título que es sutil e históricamente sexual. El solo y la melodía siguiente (con su fuzz a tope) que sirve como unión con el final es uno de los mejores momentos que Bellamy nos ofrece como guitarrista en este disco. Y a ello le sumamos la voz, en muchos pasajes tratada con vocoder, que evoca urgencia y desespeperación. Joder, si no hubiera más canciones, ya tendríamos una jodida obra maestra con lo que hemos caminado hasta aquí. Pero es que, como diría Super Ratón, no se vayan todavía, aún hay más.


 

Cambiamos el vinilo y parece que estamos en el Teatro Real viendo el Lago de los Cisnes: una mandolina y un chelo para acompañar el canto sutil y susurrante de Bellamy. Trata sobre lo corta y bella que es la vida. Al contrario de “Sing for absolution” donde el personaje busca perdón, aquí está recordando los buenos momentos de su vida. Un vals suave a través de los temas de la mortalidad ("esta vida podría ser la última...") y la indiferencia ante ese hecho ("...y somos demasiado jóvenes para ver."). Sección de cuerdas y sobre ella una guitarra distorsionada que no evita una sensación de belleza melancólica. Si la hubiesen titulado “Nocturna” le hubiese ido al pelo pero la titularon "Blackout". Y de nuevo subidón subidón con otro temazo titulado “Butterflies & Hurricanes”. Empieza suave con un sintetizador y Bellamy cantando pausado. Al poco, más instrumentación, la batería, riff de guitarra y bajo para llegar al minuto y medio que se rompe con unos batacazos de la batería y el bajo demoledores. Subimos en intensidad y dramatismo durante otro minuto en el que de nuevo ese batacazo de batería es acompañado por una sección de cuerda que parece que no va a llevar a una resolución aún más épica. Pero no, de repente entra un piano clásico y de nuevo estamos viendo una obra de Rachmaninoff en el Teatro de La Ópera. Una vez termina este trozo, vuelva la voz de Bellamy, suave al inicio, pero enseguida sube. Y cuando parece que todo va a reventar, la canción termina con la batería y unos violines cortados. La canción trata sobre cómo los pequeños cambios pueden tener grandes consecuencias, el título es una referencia literal a 'el efecto mariposa' y es una explosión de energía positiva. Y ese interludio de piano. Otro temazo, aunque empezaréis a pensar si pienso que haya alguno que no lo sea. Seguimos arriba con “The small print” que trata sobre hacer un trato con el diablo, inspirada en el Fausto de Goethe. Empieza con un riff muy garajero y una batería fantástica, demostrado de nuevo lo bien se acopla el grupo para terminar la tercera cara. Y pasamos a la última, cara D podríamos decir. Bueno, ahora meto la cuña esa de que podrían haber aprovechado el doble para meter aquí “Fury”. Aquellos que escuchéis el disco en Spotify os la vais a encontrar. Es un tema que Dominic y Chris votaron en contra para formar parte de la versión standard del disco. Apareció como cara B de “Sign for absolution” y extra track de la versión japonesa, aunque Bellamy la hubiese incluido. Es un paseo pesado de ritmo lento que aumenta durante el coro que trata de un miedo a un ser todopoderoso y del escepticismo con la religión. El inicio me suena muy Rage Againts the Machine, con esa distorsión en la guitarra estilo Morello. Es un pelotazo y de difícil explicación que no esté en el disco porque es fantástica. En fin, ahora sí, “Endlessy” abre la cara, muy ambiental, más sencilla aparentemente que el resto de las canciones, pero que juega con samples, revers y cosas así. A veces me recuerda al sonido Portishead. Parece una simple canción de amor y es una manera de aligerar lo que llevamos hasta ahora. Quizás es de las más flojas si hablamos en términos rockeros, eso está claro. “Thoughts of a dying atheist” va de lo que dice el título, los miedos de protagonista a morir, especialmente como ateo que ha tomado la decisión de no creer en una vida después de la muerte y ahora se está muriendo y tiene que aceptarlo. Ironía existencial, urgencia y un toque de humor negro. En la línea de la temática de “Time is running out” y “The small print”. Un gran riff y una batería machacona y que se repite como un metrónomo junto al bajo. Es vibrante y rebosa energía musicalmente. Y, para cerrar esta magnífica edificación a la mayor gloria de la música, tenemos “Ruled by secrecy” que te va envolviendo con la voz susurrada de Bellamy y unos acordes de pianos lentos, decadentes y casi depresivos. Pero a mitad del tema Bellamy machaca las teclas del piano para subir el tono. Aquí me recuerda mucho a los Supertramp de Rick Davies. Si no me equivoco, no hay guitarras, pero da igual: es un final digno para un álbum asombroso, y uno que te deja con un recuerdo fuerte y poderoso mucho después de que se desvanezca al silencio. Y que consigue que vuelvas al inicio. La banda sonora perfecta del apocalipsis. Sinceramente, la escucha es mucho más orgánica con el CD pues no hay interrupciones. Con el vinilo se pierde un poco esa experiencia.


 

Ahora pasamos a los datos técnicos. Ya sabemos que los integrantes del grupo son Mathew Bellamy, voz, guitarras y teclados, Chris Wolfstelhon en el bajo y coros y Dominic Howard en la batería y percusiones. Por cierto, son originarios de Devon y fundaron la banda en 1994. En la producción tenemos a los propios Muse junto con Rich Costey, ingeniero de sonido de Audioslave, Weezer, Mastodon, Korn, Franz Ferdinand, Deftones…Se grabó entre los estudios Grouse Lodge Studios en Irlanda y los AIR Studios en Londres y también utilizando técnicas poco ortodoxas, como Dominic tocando tambores sumergido en una piscina, grabando pistas de sonido en baños, etc (making of aquí ).

Como habéis podido comprobar en las fotos, si sois observadores, la portada del vinilo y del cd son distintos. En ambas hay sombras o almas de personas que parece están volando proyectadas en el suelo. En el CD, hay un hombre con una máscara de gas que mira al cielo. En el vinilo, es una niña. El diseño del Artwork corrió a cargo del fallecido Storm Thorgerson (The Dark Side of the Moon de Pink Floyd). Por cierto, el nombre del grupo y el título del disco no forman parte de la portada: tanto en la versión Cd como en el vinilo, son pegatinas que van en la caja y en el plástico protector, respectivamente. Mi vinilo creo que es una reedición oficial de 2020 hecha en la Republica Checa para toda Europa.

Para terminar, que ya es hora, hablar un poco del resto de su carrera. Tras este maravilloso Absolution, en 2006 publicaron Black hole and revelations que sigue la senda de su predecesor, quizás menos pesado, agresivo y dramático pero que dio al grupo muchos éxitos. Lo tengo en CD y uno de sus singles, “Knights of Cydonia” generó uno de mis videoclips preferidos de todos los tiempos. 


 

En 2009 The Resistance, que les dio dos Grammys, uno al mejor disco de rock. Y eso que un cuarto del disco de una sinfonía clásica (más o menos). Ya en 2012, The 2nd law, un poco inferior a sus anteriores trabajos, aunque contiene tres de sus singles más famosos:”Madness”, “Supremacy” y “Panic station”.  Todos estos me gustaría llegar a tenerlos en vinilo. En el 2015 Drones y en el 2018 Simulation Theory, que no llegaron a conquistarme. Ya en 2022 su compañía les pidió editar un disco de grandes éxitos. Y los Muse se la sacaron con la publicación de Will of the people, En su lugar de un greatest hits, se dedicaron a crear un disco que fuera como un montaje de todos los géneros que habían hecho en el pasado. “Un álbum de mayores éxitos, pero de nuevas canciones”. En un futuro desfilará por aquí porque este sí que lo he pillado a un precio de ganga.

PD: por desgracia, no he podido ver a Muse en directo. Y estuve a punto. Me acuerdo un verano que viajamos a Santander, a pasar unos días entre amigos y familia política, nada más llegar me enteré que esa noche actuaban en el campo del Sardinero. Hacía meses que estaban vendidas las entradas, pero encontré una de segunda mano y a buen precio. Por desgracia llegué 10 minutos tarde y la entrada pasó al bolsillo de otra persona. Hubo que ahogar penas en El Gallinero, compartiendo comida y bebida con nuestros amigos Raúl y Nerea.

 

Comentarios

  1. DISCARRAL. Uno de esos discos que me parecen perfectos. Las canciones, que tan bien has descrito, el sonido, la portada... Nunca lo he visto en vinilo, que yo tengo también el cedé, pero ten por seguro que acabará en mi casa, lo pincharé una vez y vivirá el sueño de los justos entre otros dos discos de grupos que empiecen por la letra M. Nunca volvieron a alcanzar este nivel, por cierto. Sigue llenando el blog de música del siglo XXI 😝 Un abrazo.

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    1. Mira que eres fácil...jeje
      Pues si van en orden alfabético, sólo se me ocurren por detrás My chemical romance. Por delante, seguro que Mötorhead jaja. Un abrazo.

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    2. Podría ser, podría ser

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  2. No estoy en el nivel de veneración que profesáis tú y Manu, pero me parece un DISCARRAL muy disfrutable. Siempre me ha gustado la pomposidad, los arrreglos orquesales y los pianos melancólicos junto a la rabia y la fuerza. Y aunque no soy un fan, evidenemenete a esta banda sí la conocía e incluso hace tiempo me dediqué a escuchar algunas de sus obras más conocidas. No recuerdo que este álbum fuese de aquellos escogidos. Respecto a la entrada, currada, larga -para poder leer mientras se escuchan los temas- y con aportes vivenciales. Mis dieses y un abrazo, blandenguer fake. KING

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    1. Bueno, pues no lo escuches más veces porque a cada escucha, se aprecian más matices y entonces puede terminar gustándote. Un abrazo

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  3. Completísima entrada, con una cantidad enorme de referencias, datos, y vivencias. Menudo curro. Bravo. Lo admito, mi favorito de ellos es el “Origine of Simetry”. Lo escuché muchísimo en su momento. Después, les he seguido de reojo, pero no he llegado a conectar del todo con ninguno de sus discos. Eso no quita para que les reconozca como unos músicos excelentes. No he escuchado el disco completo, pero si, me gusta le que suena en los videos que has colgado. Eso es exactamente lo que me pasa con ellos. Los escucho a cuentagotas. Quizás me carga a veces tanto “dramatismo”. Pero bueno, es problema mío. El disco suena de maravilla, y han sido uno de los estandartes del rock del nuevo siglo. Eso no admite discusión. Repito, excelente entrada. Saludos.

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    1. Que les mola el drama es innegable

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    2. El disco gana si se escucha completo de una sola vez. Pero también entiendo cuando algo no llega a conectar contigo, porque a mí me pasa. Y no pasa nada. Un saludo.

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