Ir al contenido principal

Helloween - Pink bubbles go ape (1991, EMI)

 

Aprovecho la reciente visita a nuestro país de la banda multigermánica Helloween para compartir aquí contigo, lector con orejas inquietas, otro de esos discos que me gusta catalogar con la etiqueta de “síndrome del disco de después”: aquella obra musical editada tras un pelotazo, éxito o gloria en forma de DISCARRAL y que palidece a su sombra independientemente de su calidad o éxito. Discos que han sido “un fracaso” porque vendieron la mitad que su predecesor o porque, simplemente, no respondió a las expectativas. En este contexto, queda claro que casi cualquier cosa que nuestros protagonistas hubieran editado después de “Keeper of the seven keys II” (más aún si lo consideramos un solo disco con su primera parte) iba a ser valorado con el rasero de una(s) obra(s) catalogadas aún hoy como Obras Maestras del Discarralismo (OMD para los entendidos). Si añadimos que las acciones (o inacciones) de algunos de los protagonistas de la banda y alrededores contribuyeron a dificultar la propia creación de la obra, nos podríamos esperar lo peor. 

Y para nada este disco es “peor” o “malo” o “flojo” o “prescindible” o, como decía yo en mi antiguo blog, “basura”. En cualquier caso, siendo #FFvinilo un blog ecléctico, no estará mi tan amado Pink bubles go ape entre lo peor que se comparta estas semanas. Y, si me aprietas, lo pongo en el top 5 del grupo. Cuando quieras lo discutimos con unas cervezas fresquitas. Bueno, si me aprietas mucho y las cervezas están MUY fresquitas.

Vamos al turrón de calabaza. Deberías ponerte el chubasquero para seguir leyendo, porque aquí va a caer mucha mierda. 

Fueron años turbulentos, casi diría que olvidables para la banda y sus ambiciones. Por un lado, dieron el salto de la compañía Noise a la enorme EMI; eso puede tomarse como el reflejo del éxito que habían alcanzado, claro, pero fue su cruz: lo que hicieron desde los despachos con el grupo fue destrozarlo. Por otro lado, los problemas de egos (o creativos, según los protagonistas) derivaron en el abandono de la piedra angular de los primeros años de la banda, el guitarrista, cantante y compositor Kai Hansen. Eso conllevó mayor protagonismo para el cantante Michael Kiske y un mayor peso en el otro guitarrista y gran clásico del grupo, Michael Weikath. O debería.

Comienzos de 1991. Los magnates de EMI deciden prescindir de los dos “tommys”, Newton y Hansen, que habían producido y mezclado “los keepers” y poner a uno (por entonces) de moda en eso del hard&heavy llamado Chris Tsangarides, un genio que ya había puesto sus zarpas en discos de Thin Lizzy, Gary Moore, Black Sabbath o King Diamond y que tan solo unos meses antes había producido el imprescindible Painkiller de Judas Priest. Weikath dijo en una ocasión que “a Chris simplemente no le gustaban mis canciones, él no llegó a comprender cierta inteligencia que tenían”. Ahí lo deja. 

En todo este proceso creativo, el bajista Ingo Schwichtenberg se alía con Kiske en la toma de decisiones, por lo que Weikath firma como autor tan solo en dos canciones, una a medias con Kiske y el nuevo fichaje a la guitarra, Roland Grapow. Por el contrario, Kiske aportará cinco, Grapow tres y ambos colaboran en otra más. Ya desde esta perspectiva, el viejo sonido Helloween sufre una gran traición. Adiós, Hansen; calla la boca, Weikath. Por cerrar el círculo sonoro: parece ser que el propio Tsangarides afirmó años después que su experiencia con Helloween fue, de largo, la peor de su carrera profesional. 

La producción se llevó a cabo en los PUK Studios en Gjeriev, Dinamarca, con el nombrado Tsangarides a los mandos y el control absoluto. Dos canciones (Heavy metal hamsters y I’m doin fine, crazy man) se grabaron en los Sound House Studio de Hamburgo, con la propia banda como productores y la mezcla final de Tsangarides. A los músicos ya nombrados (Michael Kiske a la voz, Roland Grapow y Michael Weikath a las guitarras e Ingo Schwichtenberg al bajo) se añade el baterista Markus Grosskopf. Los teclados y algunas programaciones sueltas las hicieron Pete Iversen y Phil Nicholas.

Tras una breve intro acústica muy prescindible, aunque simpática, arranca uno de los platos fuertes, Kids of the century. Gran canción con una base rítmica brutal y Kiske en su top. Heavy metal bien evolucionado desde los Keepers y deudor de ellos, con estribillo pegadizo y buena pareja de solos. Back on the streets tiene un punto veloz, un gran solo y un buen aporte de Markus; combina pasajes más agresivos con un estribillo agradable y sencillo. Funciona muy bien. Number one quizá sea la más floja de la colección y, aun así, le reconozco un apetecible trabajo de Ingo, un buen riff y una (nueva) interpretación vocal soberbia (salió como single, todo mal). Supongo que en sus cabezas esta canción sonaría muy bien en los directos, con la peña cantando. El toque más hard de Heavy metal hamsters resulta un momento memorable de esta experiencia sonora y un poco autoparodia con sus referencias a la industria musical y de cómo busca mascotas que se suban a la rueda y la hagan girar a cambio de dinero. Goin’ home tiene otro gran trabajo de Ingo y Markus, rítmica, activa, pegadiza. Y me gusta el estribillo y el intercambio de solos también.

Someonte’s crying me parece una de las canciones más infravaloradas del catálogo de la banda y una pena que no suene cada noche en sus conciertos. Una de las mejores interpretaciones de Kiske, gran trabajo de guitarras y, joder, vaya bajo. Totalmente emparentada con los primitivos Helloween, a pesar de estar compuesta por Grapow. Sigue otro momento memorable donde se mastica el sabor Keeper, Mankind. Juegan bien con los tempos, desarrollando un tema largo (el más del plástico) de brillante ejecución. I’m doin’ fine, crazy man intenta remedar el cachondeo musical, pero vuelve a ser un punto flojo del disco; eso sí, entretenida y con un buen estribillo. The chance tiene gancho, emotividad y cierto aire power al estilo de los Keeper, sin mucho aspaviento, deja su poder de convicción más que ninguna a la voz. El cierre con Your turn sigue la estela de otras grandes canciones acústicas del grupo, con un poso roquero.

Si de la música podemos discutir, no podemos hacerlo de la mayor traición: no estuvo ni en la composición, ni en el sonido, ni en los músicos, si no en la estética. Por Lucifer, a quién se le ocurrió que una portada tan horrible sería un buen reclamo, qué cabeza feliz en qué despacho con olor a cocaína y sudor decidió esconder las calabazas y poner los huevos fritos. ¿Y ese despropósito de vídeo para Kids of the century? ¿Tanto costaba meter público en el falso directo para que no fuera tan falso? Al menos es coherente con la estética de la portada y tal. Que tampoco hacía falta. Se responsabiliza el otrora genial Storm Thorgerson (el de Hypgnosis, ese mismo) con Colin Chambers y fotografías de Tony May. La chica de la portada, por cierto, es la sobrina de Thorgerson, quien también dirigió el vídeo nombrado. Desaparecen las calabazas y las sustituyen (incluso en el logo) por burbujas. What the fuck!? Ya es un desastre esa muchacha comiéndose un pescado con el pasillo onírico a su espalda a lo que sumamos el logo y el ridículo nombre del álbum (las burbujas rosas se vuelven locas ¿en serio?, si al menos hubieran sido las calabazas rosas). El señor de la contraportada con dos huevos fritos (plancha más bien) por ojos tampoco invita a comprar el disco. Además, el gatefold animó a los artistas a seguir destrozando el ideario estético del grupo. Burbujas por el mundo. Todo muy imaginativo, Storm, pero fuera de lugar. En la separata interior aparecen, por fin, las calabazas. En formato blanco y negro e intentando recoger el sentido del humor de anteriores propuestas sin, por supuesto, conseguirlo. ¿Y qué pinta un chimpancé ocupando el fondo? Imposible leer las letras. Igual el mono creó realmente este engendro.

Para rematar al moribundo, cuando el disco se publica la antigua compañía mantiene atado al grupo en los tribunales. El disco de las burbujas se lanzó en la primavera de 1991 en Europa y Japón, pero en Estados Unidos y en Alemania (sus mayores mercados) el álbum se retrasó hasta abril de 1992 debido a estas peleas jurídicas. Tras meses de tiras y aflojas, llegan a un acuerdo (por dinero no será) y vuelven a los escenarios. La banda estuvo sin tocar desde junio de 1989 hasta noviembre de 1992. El álbum, directamente, salió de las prensas a la basura. ¿Tendría posibilidades de éxito en aquella época un álbum sin gira? La propia banda se había ganado a su masa de fans de escenario en escenario. Cuando quisieron retomar los directos, además, las tensiones internas eran muy sustanciosas. En defensa del grupo: cuando tocaban un set list largo como cabezas de cartel incluían ocho o nueve cortes de Pink bubles go ape, y en los cortos, cuatro o cinco. Se esforzaron por defender su nueva música.

La copia que comparto, a doble hoja, bien terminada y de buena calidad, a pesar de lo ya comentado, se imprimió en Madrid en el año de la edición. 

Disfrutad del fin de semana y aprovechad que aún es temporada de calabazas...



Comentarios

  1. Estupenda y completa entrada para un, no diría estupendo pero si notable, álbum de las calabazas. Poco se puede añadir a tu análisis. Buenos temas, buenas interpretaciones... pero con poco que ver tanto musical como estéticamente con la historia de la banda. Muy reivindicable. Un abrazo y feliz y gélido finde. KING

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por la parte que me toca. Apetece de vez en cuando rescatar estos discos pisoteados, con más ovmenos razón, porque siempre hay algo que destacar. Abrazo de vuelta.

      Eliminar
  2. Mi interés en los alemanes se reduce a las "dos llaves". Hubo unos meses cuando salió la primera parte que estaba flipado con "Future World" y "I'M Alive, luego se me pasó. Este disco que comentas salió en una época en la que le había puesto una cruz al Heavy Metal, luego se me pasó pero nunca escuché este disco hasta después de leer tu reseña y oye, ni tan mal. Las dos primeras canciones me parecen cojonudas, la tercera baja bastante y luego en la primera parte del álbum hay un par de temazos más, luego se me hizo algo bola. He leído en algún lado esta noche que la producción del disco es mala, como he escuchado el disco en el curro en un altavoz bluetooth de esos tampoco sabría decirte, aunque es verdad que primero estaba escuchando el "Hoist" de Phish y el cambio de sonido me pareció evidente de limpio y nítido a mucho más embarullado y eso que el de Helloween era una reedición.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí el sonido no me parece malo, al menos la versión vinílica. Los digitales dependen mucho de la calidad y la compresión con la que se escuchen. Soblas canciones son buenas lo demás no importa mucho. Me alegra que hayas disfrutado con la escucha, aunque sea de una parte. Intenta escuchar en otro momento esas canciones finales por separado, que algo sacarás. Un saludo.

      Eliminar
  3. DISCAZO!! Totalmente de acuerdo contigo Manu, sufrió del "síndrome del disco de después" pero es un gran disco a reivindicar y que escucho de vez en cuando. Temazos como "Kids of the Century", "The Chance", la progresiva "Mankind" o el mejor tema del disco, "Someone's Crying", no pueden quedar en el olvido. Kiske canta como los ángeles y tiene un gran peso en la composición (condición que puso para continuar en Helloween). Pero justamente detrás de algunos de los mejores temas del disco está Roland Grapow, que dió un paso adelante (el que no dió Weikath) en un momento clave, cuando la banda estaba redefiniendo su hoja de ruta. Y al pobre ahora no le llaman ni para felicitarle la Navidad, qué mundo tan cruel!!
    Temas como "Number One" o "Your Turn", siendo canciones fantásticas, tienen un "aire" en su construcción que las emparenta con el siguiente disco de la banda, que no nombraré por miedo de invocar a un espíritu maligno. Éste "Pink Bubbles Go Ape", es un disco con mayor variedad estilística y eso puede ser no muy buena idea cuando acabas de sacarte la chorra encima de la mesa con dos partes de una joya histórica de la historia del Heavy Metal.
    Sonando muy bien en mi vinilo también, no es la mejor producción de Tsangarides, la verdad. Seguramente las peleas con Weikath y no tener claro hacia adonde tirar, con una presión grande por parte de EMI, influyó. Sobre todo se nota en el sonido de la sobreproducida batería de Ingo (qué bueno era el jodido!!), que no tiene el brillo de los anteriores discos. El bajo de Markus, por contra, es poco audible en algunos temas. Aunque hay que decir que la remasterización de 2024 (que es la que está colgada en Spotify) mejora el resultado.
    Con todos sus defectos, que son muchos (de la portada lo has dicho todo) es un gran disco de una banda en forma que contiene muy buenas canciones, que al final es lo que importa. Eso sí, que nadie se ponga los "Keeper" después de escuchar este, que se nos jode la defensa, señoría.
    Sobre tu entrada, espectacular como siempre.
    Palabra de Manu. Te alabamos Manu.

    Un abrazo crack!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por la parte que me toca. Con tus añadidos, no habrá homenaje mejor para este disco. Un abrazo, máquina.

      Eliminar
  4. Me acabo de dar cuenta de que, a pesar de haber pasado por aquí el fin de semana pasado, finalmente no escribí mi comentario. En fin, cantidad de datos y contexto para entender las circunstancias de este disco, que ni mucho menos me parece malo. Evidentemente, como mucha gente que hemos seguido al grupo, pero no somos “ultrafans”, me quedo con los “Keeper”, pero creo que este es un buen disco. Al menos yo lo escuché en su época, y no me chirrió en absoluto. Era mi hermano el que si era un "verdadero" seguidor de Helloween, y este disco sonó bastante en mi casa. En todo caso, una entrada muy completa para un disco notable, y quizás demasiado "castigado" por el éxito y calidad de sus anteriores discos. Tampoco en lo visual me parece malo, exceptuando el hecho de sustituir la calabaza por una pompa de jabón. eso no tiene perdón. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya sabes que los gustos son volubles y muy personales. Gracias por comentar, que es otra manera de compartir música. Yo fui hermano mayor (soy) y creo que también influi en los pequeños. Un saludo.

      Eliminar

Publicar un comentario

Otros crímenes...

Extremoduro - La Ley Innata (Warner Music, 2008)

  Hoy tenía preparada otra entrada correspondiente a esos discos que me marcaron al inicio de este siglo XXI. Pero con las pérdidas en el mundo del rock patrio que hemos tenido esta semana, todo ha volado por los aires. Ya sabéis que, si puedo y tengo disco, ante el fallecimiento de algún reconocido artista, hago un pequeño homenaje en nuestro blog ( Richard Davies , Tina Turner , Olivia Newton-John , Quincy Jones, RobertaFlack ). Esta semana, a falta de uno, dos maravillosos músicos han marchado hacia la inmortalidad. Sólo tengo vinilo del grupo de uno de ellos, que no tenía pensado traer por aquí porque ya han aparecido varios trabajos suyos. Pero mira, también podría entrar en discos del dos mil y pico que me han golpeado de una u otra manera. Jorge , siento no tener un plástico tuyo del que hablar, así que hablaré de La Ley Innata de los Extremoduro de Robe Iniesta . Pero el homenaje va también por ti, claro que sí. En común tenéis que os vi a los dos en sendos directos con...

King Diamond - Fatal Portrait (Roadrunner Records, 1986)

Fatal Portrait es uno de esos discos –no me pasa con tantos, no creáis– del que recuerdo perfectamente lo que hacía y la sensación que me inundó la primera vez que lo escuché, algo que no voy a repetir porque ya lo expliqué aquí . Sin embargo, lo que no conté entonces y que ahora –cuarenta años más tarde, se dice pronto– puedo compartir porque ya ha prescrito hasta la vergüenza con la que durante un tiempo recordé mi comportamiento, es que a algunas de las clases de la universidad asistía con un vaso de Martini Bianco en la mano y varios en el cuerpo, en especial a las de análisis matemático de primera hora de la tarde, clases en las que –obnubilado por el alcohol– canturreaba el tema Dressed in white , siendo el punto álgido la llegada del verso She carries a secret and where she must go... You’ll never know con la voz en falsete de King , a lo que mis compañeros asistían con risa nerviosa –lo que por entonce...

i-TEN - Taking a Cold Look (Epic, 1983)

Paradojas, componer un himno para Madonna como " Like a Virgin ", repetir el esquema varias veces para Bangles, Cindy Lauper, Whitney Houston con igual resultado: éxito; hacer tu lo mismo con los mejores músicos de estudio del momento, con hits probados y comprobados en sus respectivas bandas y en cambio tú vender una cantidad irrisoria de vinilos y cassettes.   Al dúo de compositores formado por Billy Steinberg y Tom Kelly les ocurrió eso en el momento en el que Foreigner, Journey o Reo Speedwagon estaban petándolo en las emisoras de las FM de América y Canadá. Copia original holandesa  Incluso la excelsa " Alone " que abre el único e imprescindible disco de  i-Ten fue todo un éxito pero en las manos de Heart , quizás las hermanas Wilson le dieron un toque sublime oculto para mi que nadie vio en la original, que si no recuerdo mal no fue single del álbum de i-Ten , como si lo fue la canción título, " Taking a Cold Look ", que si tuvo un "impag...

BARÓN ROJO: En un lugar de la marcha (Chapa, 1985)

Yo no tengo, ni me acerco, al número de vinilos que tenéis todos y cada uno de los participantes de este blog. Pero de vez en cuando se presenta la oportunidad o último resquicio para comentar un clásico que no ha sido destripado por la insigne parroquia presente. En mi época, once upon a time, entre los amigos había una sana e inexplicable rivalidad entre Iron Maiden y AC/DC y entre Obús y Barón Rojo , por ver cuál era el mejor. En fin, yo era de Maiden y de Barón. Y lo defendía con puños y dientes. El amor y la admiración por los dos ha llegado hasta estos tiempos modernos. Es raro que varias veces al año no tenga una enfermiza necesidad de escuchar durante varios días todos los discos clásicos de estas bandas. La última crisis que tocaba fue con Barón Rojo . Y una vez abierta la veda a comentar clásicos sin ningún tipo de vergüenza, como debe ser, me atrevo a traer lo que considero el último gran disco de nuestros queridos Barón Rojo .  No voy a relatar aquí las archiconocida...

Work Force – Work Force (Scotti Bros. Records, 1989)

  Anthony Joseph Scotti fue actor, cantante, productor de televisión y cine. Pero no le traigo a nuestro blog por ninguna de estas facetas y por ninguna de estas razones. Scotti, Tony, sale a colación porque a mediados de los años setenta formó, junto a su hermano Benjamin, la discográfica y productora musical Scotti Bros. Records. Y esos señores, amiguitos y amiguitas, sí que tiene valor, peso y enjundia para nosotros, vinileros de pro, pues ficharon y grabaron lo mejorcito de Survivor. Sus primeros éxitos le llegaron de un tal Leif Garrett y el catálogo incluye a gente tan dispar como Iron Horse (algún día los traeré por aquí), Stan Bush, John Schneider, James Brown, Ya Ya, Robert Tepper y algunas bandas sonoras blockbuster (Cobra, The Transformers, Rocky IV, Lady Beware). Guilty pleasure. En ese catálogo, en 1989, incluyeron a un grupo comandado por los hermanos Henry: Rick al bajo y la guitarra, Scott, a las baterías, y Ralph, a los teclados. Una especie de familia orquesta, co...

Bernie Marsden – And about time too! (EMI Electrola, 1979)

Podría compartir este vinilo por muchas razones, de las que os iré hablando, aunque la principal es homenajear a un músico sencillo que siempre tenía una sonrisa en su vida para todo el mundo y merecía tener en nuestra vinilopedia una obra con su nombre en la portada. Un currito del rock. Bernie Marsden se hizo famoso como parte de una de las mejores bandas de hard rock de la Historia (y punto en boca): los Whitesnake de los primeros ochenta , aquellos que grabaron Ready an’ willing (1980), Come an’ get it (1981) y Saints & sinners (1982). Antes de esto, Marsden dio muchos tumbos. Arrancó con varios proyectos: Wild Turkey, Cozy Powell’s Hammer, Babe Ruth (grabaron dos discos), los primeros UFO y un breve periodo en Paice Ashton Lord . Desde 1978 hasta 1982 se convirtió casi en exclusiva en el guitarrista de Coverdale, junto a Micky Moody, Jon Lord, Neil Murray y las baterías de Ian Paice y Dave Dowle. Le dio tiempo, eso sí, a hacer algunos pinitos en solitario, como este de h...