Ir al contenido principal

Grand Prix - Samurai (Chrysalis, 1983)


Si quieres cardarte las melenas, ajustarte los pantalones y trasladarte a un garito británico de principios de los ochenta, súbete a este Samurai, no solo por las canciones con un toque de pomposo AOR con guitarras heavies, también por la producción y la mezcla: esas baterías, esos coros, esos tecladitos. Y ten en cuenta que la masterización reciente (la que escuchas en redes y plataformas), ha limpiado un poco el efecto final. Love it or leave it, no hay otra. Y aquí, lo amamos.

En Grand Prix se reunieron talentosos músicos jóvenes. En su primera versión, allá por 1980, contaban con Bernie Shaw a las voces, Michael O’Donoghue a las guitarras, Ralph Hood al bajo, Andy Beirne a las baterías y Phil Lanzon a los teclados. Todos se encargaban de cantar y hacer coros. Tras la edición de su primer largo, llamado como la propia banda, Shaw dejó el grupo y fue sustituido por Robin McAuley, quien grabaría los dos siguientes: There for none to lose (82) y este que hoy os traigo. La banda se separó poco después y nuestros protagonistas buscaron su pan y su circo en otros pagos.

Shaw y Lanzon acabaron ingresando en Uriah Heep en el año 1986 y ahí siguen, dos de los miembros más longevos de la marca. Se estrenaron con un recomendable Raging silence y ya llevan nueve de estudio editados, incluyendo el último y muy recomendable Chaos & Colour del 2023. Hood se enroló en los multinacionales Tarzen con Danny Peyronel (UFO) y Salvador Domínguez (Banzai). McAuley tocó la fama con Far Corporation grabando una versión de Stairway to heaven (Led Zeppelin, por supuesto) que llegó al top 10 británico; poco después formó equipo con Michael Schenker para grabar tres álbumes de estudio de cierto éxito bajo el nombre de McAuley Schenker Group; este tipo inquieto acabó al frente de Survivor entre el 2006 y el 2011; una pena que no grabaran nada en estudio; su último y recomendable proyecto Black Swan con Jeff Pilson y Reb Beach, aunque demasiado Frontiers Factory, resulta apetecible. Michael O’Donoghue, por su parte, se enroló en la banda de Ian Gillan unos años, grabó con la banda Bronz junto a Clive Edwards (Wild Horses, UFO, Lionheart) y poco más se supo de él.

Volviendo a estos Grand Prix y el álbum que hoy comparto. La clave de la excelente colección de temas radica en varios factores: la calidad indiscutible de los músicos, la habilidad para fabricar armonías magníficas con voces muy bien empastadas y componer melodías complejas, pero, a la vez, sencillas de disfrutar. Se grabó en los Highland Studios en el norte de Escocia, muy cerca del Lago Ness, y se mezcló en los nunca bien ponderados Brittania Row de Londres. John Eden, el productor elegido, ya se había encargado de varios plásticos de Status Quo (What you’re proposing, Never too late) y del Line up de Graham Bonnet. Algo de esto sabía para dejarnos un delicioso paseo donde mezclamos AOR ochentero con rasgos de la NWOBHM.


Give me what’s mine, arranca con actitud: no te dejes engañar por ese teclado inicial de Lanzon, quien la compone, y presta atención a los potentes acordes de O’Donoghue y el primer gran estribillo: “Don’t need no fortune/I don’t want no gold mine/all I’m asking is/to give me what’s mine”. Shout, que continua la cara A, palpita con su pulso heavy, sobre todo en bajo y batería, rememorando la emoción de acudir a un concierto, las vivencias que nos transmiten. Se atreven con un toque más popero en 50/50, con un patrón de batería interesante y la (quizá) mejor interpretación de McAuley. Compuesta a medias por O’Donoghue y Lanzon, mezcla muy bien el rollo soft con las voces más Uriah Heep del disco. La apertura de Here we go again es brutal, dando paso a un tema pausado, casi una balada, de excelente estribillo, otro de los puntos álgidos del disco: “Heard it all so many times/here we go again”. Soberbio final casi polifónico. A esta gente no le daba miedo meter arreglos de viento, de cuerdas, lo que fuera bien a la canción. Todo muy electrónico, claro. La cara A se cierra con Coundown to zero y su viaje al interior de un avión durante la Segunda Guerra Mundial: el último del piloto kamikaze buscando la gloria en el sacrificio “each one a weapon/an unknow hero/lying in wait/on their countdown to zero”.

Al pinchar la cara B nos encontramos con un riff muy Whitesnake (de la época) en un tema que perfectamente podría firmar Mr. Coverdale; melódica, Somewhere tonight vive también en esos teclados tan ochenteros; ojo al solo y a otro pegajoso estribillo. High time arranca lento para tornar en un rock vibrante, con un toque más complejo en la parte central y otra excelente batería de Bernie. El inicio de Never before es lo más parecido a Deep Purple que vas a encontrar por aquí, rematado en puente y estribillo por un empaste entre la voz y los teclados que tiene un efecto impresionante. Freedom, de pulso hard roquero, nos eleva en otro estribillo de armonías preciosistas donde la guitarra denota que el principal compositor es O’Donoghue. El álbum muestra en la portada a un guerrero samurai preparado para la batalla y el último tema, Samurai, hace homenaje, en sus más de siete minutos, al ideal de estos guerreros narrando las aventuras de justicia y sacrificio para convertirse en uno de ellos: “long swords, short swords/live by the law/live by the sword”. Es una joya magnífica donde todos los músicos se lucen, desde el teclado de inspiración nipona hasta el final de guitarras y baterías ruidosas. Un cierre perfecto que remata una joyita que no podía faltar en nuestro blog.

Si en el año 82 habían estado de gira con Sammy Hagar por el Reino Unido, cerrando el verano como parte del Reading Festival (cuyo cartel completo, por curiosidad, os dejo más abajo), en el 83 acompañaron a Iron Maiden por los mismos pastos. Sus últimas actuaciones fueron cuatro llenos en el Hammersmith Odeon. Nada mal. Pero se acabó el contrato y adiós muy buenas; las flojas ventas (menuda competencia había) y las aspiraciones de cada uno de los músicos nos dejó sin más Grand Prix. Una lástima.

El samurai de neón a punto de atacar sobre el atardecer nuboso de la portada lo firma John Pasche y las fotografías son de Phil Jude y Mike Owen. La edición que comparto es la original británica de aquel año. Todo muy eighties.

Disfrutad del fin de semana, cabrones.








Comentarios

  1. Anónimo3/5/25 12:12

    Muy bien desmenuzado, como siempre. Y un DISCARRAL que tengo en la lista de debes para algún día. La voz de Robin y ese sonido de hard melódico eighties lo convierten en un joyita, como dices. Un abrazo metálico. KING

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. Me costó conseguir una copia decente a un precio razonable, pero al final cayó. Bandaza. Cualquiera de los tres discos merece la pena, aunque para mí este es el mejor. Abrazo de vuelta.

      Eliminar

Publicar un comentario

Otros crímenes...

Extremoduro - La Ley Innata (Warner Music, 2008)

  Hoy tenía preparada otra entrada correspondiente a esos discos que me marcaron al inicio de este siglo XXI. Pero con las pérdidas en el mundo del rock patrio que hemos tenido esta semana, todo ha volado por los aires. Ya sabéis que, si puedo y tengo disco, ante el fallecimiento de algún reconocido artista, hago un pequeño homenaje en nuestro blog ( Richard Davies , Tina Turner , Olivia Newton-John , Quincy Jones, RobertaFlack ). Esta semana, a falta de uno, dos maravillosos músicos han marchado hacia la inmortalidad. Sólo tengo vinilo del grupo de uno de ellos, que no tenía pensado traer por aquí porque ya han aparecido varios trabajos suyos. Pero mira, también podría entrar en discos del dos mil y pico que me han golpeado de una u otra manera. Jorge , siento no tener un plástico tuyo del que hablar, así que hablaré de La Ley Innata de los Extremoduro de Robe Iniesta . Pero el homenaje va también por ti, claro que sí. En común tenéis que os vi a los dos en sendos directos con...

King Diamond - Fatal Portrait (Roadrunner Records, 1986)

Fatal Portrait es uno de esos discos –no me pasa con tantos, no creáis– del que recuerdo perfectamente lo que hacía y la sensación que me inundó la primera vez que lo escuché, algo que no voy a repetir porque ya lo expliqué aquí . Sin embargo, lo que no conté entonces y que ahora –cuarenta años más tarde, se dice pronto– puedo compartir porque ya ha prescrito hasta la vergüenza con la que durante un tiempo recordé mi comportamiento, es que a algunas de las clases de la universidad asistía con un vaso de Martini Bianco en la mano y varios en el cuerpo, en especial a las de análisis matemático de primera hora de la tarde, clases en las que –obnubilado por el alcohol– canturreaba el tema Dressed in white , siendo el punto álgido la llegada del verso She carries a secret and where she must go... You’ll never know con la voz en falsete de King , a lo que mis compañeros asistían con risa nerviosa –lo que por entonce...

BARÓN ROJO: En un lugar de la marcha (Chapa, 1985)

Yo no tengo, ni me acerco, al número de vinilos que tenéis todos y cada uno de los participantes de este blog. Pero de vez en cuando se presenta la oportunidad o último resquicio para comentar un clásico que no ha sido destripado por la insigne parroquia presente. En mi época, once upon a time, entre los amigos había una sana e inexplicable rivalidad entre Iron Maiden y AC/DC y entre Obús y Barón Rojo , por ver cuál era el mejor. En fin, yo era de Maiden y de Barón. Y lo defendía con puños y dientes. El amor y la admiración por los dos ha llegado hasta estos tiempos modernos. Es raro que varias veces al año no tenga una enfermiza necesidad de escuchar durante varios días todos los discos clásicos de estas bandas. La última crisis que tocaba fue con Barón Rojo . Y una vez abierta la veda a comentar clásicos sin ningún tipo de vergüenza, como debe ser, me atrevo a traer lo que considero el último gran disco de nuestros queridos Barón Rojo .  No voy a relatar aquí las archiconocida...

Work Force – Work Force (Scotti Bros. Records, 1989)

  Anthony Joseph Scotti fue actor, cantante, productor de televisión y cine. Pero no le traigo a nuestro blog por ninguna de estas facetas y por ninguna de estas razones. Scotti, Tony, sale a colación porque a mediados de los años setenta formó, junto a su hermano Benjamin, la discográfica y productora musical Scotti Bros. Records. Y esos señores, amiguitos y amiguitas, sí que tiene valor, peso y enjundia para nosotros, vinileros de pro, pues ficharon y grabaron lo mejorcito de Survivor. Sus primeros éxitos le llegaron de un tal Leif Garrett y el catálogo incluye a gente tan dispar como Iron Horse (algún día los traeré por aquí), Stan Bush, John Schneider, James Brown, Ya Ya, Robert Tepper y algunas bandas sonoras blockbuster (Cobra, The Transformers, Rocky IV, Lady Beware). Guilty pleasure. En ese catálogo, en 1989, incluyeron a un grupo comandado por los hermanos Henry: Rick al bajo y la guitarra, Scott, a las baterías, y Ralph, a los teclados. Una especie de familia orquesta, co...

The Joe Perry Project - Let the Music Do the Talking (CBS, 1980)

  La semana pasada tristemente nos dejó Jack Douglas , uno de los míticos productores rockeros de las últimas cuatro décadas. No tengo falta de escarbar mucho ni de ser rebuscado para encontrar " Rocks "," Toys in the Attick" , el debut de Cheap Trick , " Violation " de los nunca suficientemente valorados Starz o el "Ridin' High" de los canadienses Moxy entre mis favoritos de su vasto trabajo.  Con Aerosmith tiene una historia para escribir un libro por lo menos; además de los discos mencionados anteriormente dejó huella en el visceral " Get your Wings ", el drogota " Draw the Line " o el magnífico en mi opinión e infravalorado " Rock in a Hard Place ".  En algunos momentos fue hasta el sexto miembro de los de Boston componiendo la fantástica "Kings & Queens" e involucrándose en mierdas que iban más allá de lo profesional.  Cuando Aerosmith estaban en el dique seco en plena grabación de "...

Rosendo – Deja que les diga que no (DRO, 1991)

  No podía pasar el día de hoy, 15 de mayo, San Isidro, patrón de la ciudad de Madrid, sin traer un disco de algún artista de "El Foro". Y quién mejor que este madrileño de barrio, el de Carabanchel, para más señas, monumento inmaterial del rock en español y artista querido por varias generaciones de peludos (y no tan peludos).  Y lo hago con su quinto disco en estudio, editado en 1991, el que, en cierto modo, significó un giro en su carrera: no tanto en lo musical, que nunca ha sido de grandes experimentos, si no más bien en lo organizativo, en el acompañamiento. Cambio de compañía discográfica, cambio de músicos y de productor.  Cuando este disco vio la luz, Rosendo llevaba casi veinte años subido a los escenarios, desde aquellas primeras luces con una banda de versiones llamada Fresa . Siguieron sus primeros pinitos con Jose Carlos Molina en los iniciáticos Ñu para acabar pasando a lo más gordo de la Historia de la música popular de nuestro país con Leño . Tras seis ...