Ir al contenido principal

Georgia Satellites - Georgia Satellites (Elektra, 1986)

 


Este podría ser uno de los mejores discos debut de los ochenta si fuera de verdad un disco primerizo. Según como se mire, porque la historia que llevó al parto de esta joya que hoy nos ocupa tiene mucha miga. Remontémonos al inicio de 1983 cuando unos muchachos de Georgia consiguen grabar una maqueta de seis canciones en unos pequeños estudios de Atlanta con Jeff Glixman a los mandos. ¿Y por qué un productor tan afamado se fijó en estos desconocidos? Jeff era un tipo de Atlanta que gustaba de tomar cervezas en los garitos de la zona, allá donde hubiera actuaciones, y coincidió varias veces con “The Satellites” (que así se llamaban por entonces). Congeniaron y les hizo de celestina para aquella primera maqueta. Cuando las fechas para grabar un disco “de verdad” estaban a punto de llegar el verano siguiente, los muchachos partieron peras: adiós banda, adiós oportunidad. 

Ya sabemos en este blog que la suerte aparece en el camino de muchos de nuestros músicos favoritos. Y en esta ocasión la suerte tomó la forma de la codicia y el oportunismo. Kevin Jennings, representante de la banda, paseó aquella demo por medio mundo, logrando el interés de un pequeño sello de Londres, Making Waves, que editó la demo en forma de EP con el título Keep the faith en 1985. 

Para sorpresa de los implicados las canciones de esa rudimentaria producción recibieron numerosos halagos y comenzaron a sonar en las radios británicas. Imagina la sorpresa de los protagonistas cuando encontraron una copia importada de la revista Melody Maker en el quiosco del barrio de su Atlanta natal con su foto y una magnífica crítica del EP. Lo más divertido de esto es que en aquella revista se referían a ellos como The Georgia Satellites, en vez de su “nombre real” (tan solo The Satellites). Alguien decidió bautizarles así porque ya había otra banda británica con el mismo nombre. 

Como no hay mejor acicate para un mánager que oler el dinero, Jenngins cogió un vuelo transoceánico, convenció a nuestros chicos para retomar la banda y firmar un contrato con una compañía grande: Elektra Records.

Georgia Satellites comenzó realmente a existir en ese momento, con Dan Baird, voceras principal y guitarrista, y Rick Richards, guitarrista y cantante ocasional, supervivientes de aquella maqueta, sumando al baterista Mauro Magellan y al bajista Rick Price. Ese tal Jeff Glixman, que les había hecho caso al principio y tutelado su primera maqueta, volvió a ponerse al mando, esta vez en unos estudios “decentes” y con presupuesto. Glixman es un habitual de este blog: Masque y Point of know return de Kansas, el “disco en solitario” de Paul Stanley, el Chase the dragon de Magnum, el Power & the glory de Saxon o dos joyas de Gary Moore como Corridors of power y Victims of the future adornaban por entonces sus estanterías. Palabras mayores.  

Para quien no haya escuchado nunca los satélites de georgia: imagina a Chuck Berry, Keith Richards, Rod Stewart y Malcom Young paseando un atardecer por Atlanta y compartiendo una botella de Jack Daniels. A eso suena esta joya. A rock atemporal de dobles guitarras y voces nocturnas. Regrabaron dos cortes del famoso EP, robaron una canción a un amigo, clavaron una versión de The Faces y añadieron seis composiciones nuevas, cinco de Baird y una de Richards.

Arranca la experiencia con la famosa Keep your hands to yourself con ese tufazo seventies y toda la diversión de una noche postadolescente de colegas. “I said, honey, i’ll live with you/for the rest of my life/se said, no huggee, no kisses/until you make me a wife”. Las manitas quietas que quiero llegar virgen al matrimonio. Se calzan los zapatos de Berry para Railroad Steel: mueve tu culo con el rifazo y ese sencillo juego de bajo-batería que ha protagonizado un millón de canciones iguales, pero que siempre te engancha. “Baby I got my finger right on your pulse/poundin’ just like a drum/(…)/and I swear to God in Heaven that little girl’s gonna remember a man like me”. Tela. El rollo Bon Scott que la voz de Richards da a Battleship chains me encanta, una de mis favoritas. El tema fue compuesto por un amigo de la banda, Terry Anderson, que intentaba firmar su primer contrato y se llevó la sorpresa de encontrar su tema estrella en el disco de sus traidores colegas. Dicen las malas lenguas que el enfado se le pasó con el primer cheque de los royalties, pues salió como segundo single de un disco platino; mal no le fue. Red light, con su intro roquera y esa línea melódica, me recuerda inevitablemente a “la Creedence” tanto por la interpretación vocal de Baird como por los continuos punteos y solos intercalados. El cierre de esta cara con The myth of love navega en el rocanrol más Keith Richards del disco (puedes imaginarte a Jagger contoneándose en el escenario) con un magnífico estribillo.

Rick pone la voz principal al girar el plástico en su única aportación compositiva, Can’t stand the pain. Petty y sus Heartbreakers más salvajes resuenan en los altavoces mientras nuestros chicos se quejan de penurias amorosas “I’m dreamin’ ‘bout you baby/each and every day/try and wash my head out of the things you say”. Si la energía de este corte no te funde los plomos, háztelo mirar. Golden light bucea en el slide y las líneas melódicas alargadas hasta un estribillo que parece parido quince años antes, glorioso “you can tell me how nothin’ changes/but nothin’ stays the same/lost in a golden light”. Quizá sea el corte más “sureño” el siguiente Over and over, con su aromilla a tabaco y bourbon. Curiosamente, aun compuesto y cantado por Baird, se asemeja mucho a Battleship chains. Vuelve el rollito Stones en el riff de Nights of mystery con un enganche de las dos guitarras lleno de química buena, quizá mi guitarreo favorito del álbum, y ese momento “paradinha” en el medio queda fantástico. Y, para cerrar, la increíble versión de Every picture tells a story de The Faces, tan personal que parece un tema propio, bien encajada en el sonido de la banda.

Rick Richards comentó una vez que no le sorprendía que tantas bandas jóvenes hicieran versiones de sus temas: “the reason it’s so fuckin’ easy top lay that you could play that tune in your sleep!”. Seguro que eso ayuda, Rick, pero son tan pegajosas las melodías y tan divertidas que uno puede agarrarse a ellas sin vergüenza ninguna.

El disco se publicó en octubre del 86 y despegó rápido en las listas de ventas gracias al suculento Keep your hands to yourself, sencillo que alcanzó el número 2 en el Billboard Hot 100, por detrás del Livin’ on a prayer de Bon Jovi. Más alto no se podía llegar ese año. Para febrero de 1987 recibió el disco de oro y en verano el ansiado platino. Lo que parecía una apuesta arriesgada, acabó siendo todo un éxito. Los protagonistas lo recuerdan así: “you had hair metal on the one hand and Gary Numan and electronic weirdness on the other and we were nothing like any of that”. Ellos no encajaban. Y esa fue su llave al éxito.

Mi edición la compré en Lisboa hace ya unos añitos casi sin querer. En una de esas visitas vinílicas que suelo hacer cuando viajo, ya con otra presa en la mano, al ir a pagar, encontré una caja de ofertas. Mientras esperaba mi turno cotilleé y, vaya, por cinco euros me ofrecían a estos muchachos con cara de resaca. A la maleta. Qué menos. La parte visual la firma un tipo veterano de Atlantic Records, Bob Defrin, y las fotos en blanco y negro macarrillas las tomó David Kennedy, también de culo pelado en sesiones variopintas (Cheap Trick, Joe Perry, Springsteen, Michael Bolton). Todo  sencillo, como la música que contiene.

Pasad un fin de semana rocanrolero, gentuza.




Comentarios

  1. Muy bien documentada la primera parte del texto, enhorabuena. Sea como fuere, el debut (o no) de Georgia Satellites es un auténtica pasada, una sobredosis de rock and roll abarrotada de actitud, como todo lo que ha firmado Dan Baird. Gran disco a pesar de adolecer de una producción que peca un tanto de ochentera, en especial por el tratamiento de las percusiones.
    Gracias, saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por la parte que me toca. Es un disco casi único por esa actitud de la que hablas sobre todo, pero también por ese sonido que a mí me encanta. Un saludo.

      Eliminar
  2. Rock'n roll puro y duro, con momentos más AC/DC o Aerosmith muy de mi gusto y otros más blues rockeros clásicos que no me enganchan demasiado, pero disfrutables en general. Los conocía de nombre pero no los había escuchado en la vida ¿lo puedes creer?. En fin, estupenda entrada con la que he completado las escuchas #FFVinileras de este fin de semana de lo más ecléctico. Un abrazo. KING

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy variopinto ha quedado esta semana, sí. A míe ha tocado poner el punto guitarrero. Porque este disco es , sobre todo, una fiesta roquera. Love it or leave it, no hay dobles vueltas ni trampantojos. Un abrazo

      Eliminar
  3. enorme disco colega. ha sido ver la reseña y venirse montones de viejos recuerdos de la época en que lo compré. Fíjate si los chicos de Baird eran buenos que llevaron por la calle de la amargura al mismísimo Tom Petty en la gira del Let Me Up.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tenía que ser tremendo aguantarlos encima y debajo del escenario 😂 Petty tampoco estaba en su mejor momento, claro. Me alegra haberte acercado música buena y recuerdos al mismo tiempo. Un saludo.

      Eliminar

Publicar un comentario

Otros crímenes...

Russ Ballard – Barnet dogs (EPIC, 1980)

En este blog nuestro, a pesar de tantos años (vamos a cumplir dentro de poco catorce años en cartel ) y tantos vinilos (1727 con este) siguen faltando figuras (más o menos) emblemáticas de ese universo, digamos, roquero en el que asentamos la mayoría de nuestras propuestas musicales. Y hoy relleno uno de esos huecos con esta propuesta firmada por Russell Glyn Ballard, cantante, guitarrista y compositor británico conocido en el mundillo como Russ Ballard. Si ni conoces el nombre, seguro que has escuchado muchas de sus canciones. El tipo tiene un larguísimo currículo de composiciones exitosas.  Hijo de una bailarina y un baterista, Ballard quedó ciego del ojo derecho por una pedrada, tomó lecciones de piano desde los ocho años y tuvo su primera guitarra a los trece. Su reconocimiento en la Historia musical,  después de varias aventuras infructuosas, comenzó en la década de los setenta y los primeros discos de  Argent . La banda, nacida de la unión del ex- Zombies Rod Arge...

Bon Jovi - Slippery when wet (Mercury Records, 1986)

    Recuerdo de cuando ayudaba a mi padre en el bar que los alcohólicos de pedigrí, aquellos que terminaban con cirrosis como poco (hostia, Lito, con lo bien que lo pasábamos hablando de música por qué no te retiraste a tiempo), bebían ginebra. Ya fuese con tónica, coca-cola o incluso a palo seco. Esa ginebra Larios o Gordons que en muchas zonas del país se usaba para limpiar las barras metálicas que se estilaban en los bares de aquellos tiempos. Me acuerdo que amigos del País Vasco que trabajaron de camareros en garitos de por allí identificaban a los “castellanos” por su preferencia por esas marcas. En fin, que me desvío, vuelvo a la ginebra. La ginebra es áspera pero es que, además, la juntas con la amarga tónica y se convierte en un menjunje tosco y duro (por eso la moda de meterle botánicos, frutas y mierdas varias para disimular y hacerlo mínimamente apetecible). Como con la cerveza, al final hasta te acostumbras y algunos disfrutan del cóctel. Pero para adentrarte en ...

Princess Pang - Princess Pang (Metal Blade, 1989)

  Cuenta la leyenda que chica conoce chico en una fiesta en los States, ella canta, el toca el bajo. No se si por amor o simplemente ocurrió, los dos se van a Suecia país del que es el chico y allí se juntan a otro colega sueco que resulta que es guitarrista.  Esto es más o menos a mediados de los 80 y como ven que en California y New York hay una corriente de Rock heredera del Punk y del Glam deciden volver a cruzar el charco para probar suerte como hicieron los Hanoi Rocks .  Una vez establecidos en la Gran Manzana completan la banda con un guitarrista más y un tipo a la batería que parece ser había estado con The Misfits ; graban y mueven algunas maquetas por su círculo de acción y en directo ganan cierta reputación con su sonido entre los neoyorquinos The Throbs y los ya superventas por aquel entonces Guns N Roses. Copia original holandesa  El Sleazy era moda imperante en 1989 que es cuando Metal Blade firma a Princess Pang para grabar un disco, este cuya po...

Judas Priest - British Steel (CBS, 1980)

Después de varias semanas dedicadas a vinilos cazados a ciegas dispuesto a descubrir (o no) joyas semidesconocidas, hago un paréntesis regresando a la senda de las apuestas sobre seguro y traigo este viernes un álbum mítico e incontestable que ha cumplido años esta semana, otro de esos que he tenido que buscar porque me extrañaba que no hubiese aparecido ya por esto lares. Poneos en pie para recibir a British Steel , el punto de inflexión –uno de ellos, al menos– de la carrera de unos chicos del área de Birmingham. Con una icónica y llamativa portada diseñada por el habitual director artístico de la banda Roslav Szaybo y fotografiada por Bob Elsdale , autor también de la cubierta del anterior disco (un Killing Machine del que ya os hablé aquí ), la edición que poseo es la de la primera reedición de 1984 española con la infame contraportada en blanco y negro.    Respecto al disco, decir que a principios...

LIZZY BORDEN: Visual Lies (Metal Blade/Enigma, 1987)

Y continuamos con lo que sin quererlo se ha convertido en una trilogía sobre grandes vinilos de Heavy Metal norteamericano. Y lo que queda. Puede parecer en esta ocasión que no hablamos de un artista de tanta entidad como Fifth Angel , que al fin y al cabo se convirtió en un grupo de culto o Savatage , un grande, que excepto en festivales, jamás ha tocado frente a grandes audiencias. Y sin embargo, Lizzy Borden , nacido Gregory Charles Harges , con un concepto del Metal más directo, provocativo y excesivo a partes iguales, tuvo y sigue teniendo una gran aceptación entre el público y ha sido uno de los niños mimados de Brian Slagel en el famoso sello californiano Metal Blade . Como de costumbre, descubrí al artista en su mejor disco, " Master of Disguise " de 1989. Una joya sin paliativos del Metal donde Lizzy Borden lo borda vocal y compositivamente en su obra más madura y que no quiso o supo replicar.  Años después de este evento y paseando una tarde por un centro comercia...

Albert Hammond - It never rains in southern California (1972, Epic Records)

  Es posible que empieces a leer esta entrada creyendo no conocer a Albert Hammond . Pero pronto te darás cuenta de que, a menos que hayas pasado los últimos 50 años en coma, has escuchado en más de una ocasión una canción suya. Interpretada por él o por cualquier otro artista, eso da igual. Hace diez años los cálculos eran que se habían vendido más de 360 millones de discos que llevasen títulos en los que estuviese implicado. Han cantado sus composiciones gente como J ohnny Cash, Elton John, Steppenwolf, Sony & Cher, José Feliciano, Olivia Newton-John, Aretha Franklin, Whitney Houston, Chicago (“ I don´t wanna life without your love ”), Starship (“ Nothing's gonna stop us now ”), Joe Cocker, Tina Turner (“ I don´t wanna lose you ”), Roy Orbison, Rod Stewart, Celine Dion (“ Just walk away ”), Julio Iglesias (“ Por un poco de tu amor ”), Willie Nelson (“ To all the girls I love before ”), The Hollies, Diana Ross, Bonnie Tyler, Aswad (“ Don´t turn around ”), Hermanos , aquell...