Ir al contenido principal

The Cats – Cats aglow (Bovema Negram - 1971)


Normalmente –con la excepción de la serie dedicada a los singles que heredé de mi madre y que en su práctica totalidad eran exponentes del pop hispano y europeo de los 60–, mis entradas se mueven estilísticamente en el ámbito del heavy metal, el thrash, el AOR, el black metal o el hard rock. Sin embargo, hoy no tocaré ninguno de estos géneros, no. 
 
Hoy, a mi manera, voy a hacerle la competencia a Dani, así que aguantadme el cubata, vinilófilos del lugar. Para ello tiraré de una de mis recientes compras a ciegas. A veces, esta modalidad de caza musical funciona bastante bien y le ofrece a uno sorpresas y alegrías. Así, a bote pronto, recuerdo los casos de Zon, Gambler –más a ciegas que ese, ya me diréis–, Heaven o los recientemente reseñados Bodine. Sin embargo, en otras ocasiones uno no cobra una pieza todo lo apetitosa que hubiese deseado. Por supuesto, ya hemos comentado hasta la saciedad en numerosas ocasiones que el amor por la música, como ocurre con todas las artes, es subjetivo. Así que, aquellos que opinen que las diversas variantes del metal son poco más que ruido quizás disfruten con esta obra que hoy os comento. Me estoy refiriendo a Cats aglow, de los neerlandeses The Cats
 
La verdad es que la culpa es sólo mía, porque anda que la portada –cutre como ella sola– no daba pistas. La idea parecía buena. Sin ir más lejos, Iron Maiden habían montado una escena parecida en la parte interior de la funda del Piece of mind, con platos de porcelana, cubertería de plata, maderas nobles, armaduras, un jugoso cerebro con guarnición de verduritas en su justo punto de cocción... En este disco, la portada tenía candelabros brilli-brilli de la última estantería del bazar chino, un vestuario del fondo de armario –muy al fondo– de una tienda Humana y en lugar de espectaculares viandas, sobre la mesa se amontonaban chuscos de pan. Por si todo eso fuera poco, platos, vasos y cubiertos eran de plástico, como de celebración infantil de bizcocho forrado de Nocilla con Lacasitos, sándwiches de pan de molde con mortadela de aceitunas y Mirinda de naranja para beber. Y aún así, decidí comprármelo a ciegas. Con un par. Me sugería melodías de rock setentero psicodélico, una joya del protometal vamos. Nada más lejos de la cruda realidad. 
 

Y aquí os descubro un nuevo concepto, el palingpop –literalmente, pop de anguila–, un subgénero de la música holandesa que define un sonido melódico, sentimentaloide y con muchas armonías vocales, distintivo y característico de la mayoría de las bandas originarias de la ciudad de Volendam, que resulta que tradicionalmente se conoce por la pesca de dichos teleósteos. Obviamente –a santo de qué os contaría esto si no–, The Cats nacieron en Volendam y aunque su carrera se extendió desde los años 60 hasta inicios de los 80, la década de los 70 fue la de su máximo esplendor, al menos en los Países Bajos, Alemania o zonas como las antillas holandesas y la actual Surinam. La banda estaba formada por Cees Veerman a las voces y guitarra, Arnold Muhren al bajo, Piet Veerman a las voces y guitarra, Theo Klouwer a la batería y Jaap Schilder a la guitarra y piano. 
 
El disco en cuestión que hoy os presento es de 1971 aunque no estoy seguro de si se corresponde con mi copia porque en la información de la galleta la discográfica es Bovema Negram y –según DISCOGS– este sello resultó de la fusión de Bovema-EMI con Negram B.V. en 1978. Así que también podría ser una reedición. Sea como sea, eso no afecta a la calidad de la obra producida por Klaas Leyen con arreglos de Wim Jongbloed que con portada diseñada por John Vandenberg y fotografiada por George van der Wijngaard, nos ofrece el siguiente track list
 
A 
One way wind 
My friend Joe 
She’s on her own 
Dance dance 
A letter 
Lonely nights 
End side one 
 
B 
Gipsy girl 
Don’t know where to go 
Country woman 
If you’ll be my woman 
Why did you go 
Winter’s end 
 
A ver, One way wind perfectamente podría ser del amigo Artemios Ventouris-Roussos (Demis para los amigos) con momentos a lo Roy Orbison, con un ritmo repetitivo de percusión, arreglos de cuerda y una acústica llevando el protagonismo de la melodía. My friend Joe tiene apariencia de folk-pop con bonitas armonías vocales a lo Beatles y con una steel guitar que nos acerca al country y a los baretos envueltos en humo en los que una rubia de bote entrada en años llamada Debra Mae sirve café aguado mientras sonríe esperando que cuando salga del local a las tantas haya alguien en el aparcamiento dispuesto a alegrarle la noche. Lo cierto es que la tonada no resulta desagradable del todo. She’s on her own, sigue la tónica de la anterior, aunque no me provoca el mismo interés. Entonces la fiesta –entendedme– arranca con Dance dance, una cancioncilla como de fin de ágape campestre, con una larga mesa rodeada de familiares y amigos moviéndose al unísono de lado a lado, el kirsch corriendo de copa en copa, un cuñado tocando el acordeón y la brisa de las montañas bávaras provocando que la tía Helga piense en ponerse la rebequita. Si hasta tiene solos de guitarra. En cierta forma me recuerda el espíritu del natsumero –hace muchos años ya que os hablé de él–, pero en alegre. Es el único tema del disco que no es de ellos y se trata de una versión de una composición de –agarraos– el canadiense Neil Young. A letter ya es como entrar en el universo de Heino, con esos arreglos de metales y ese ambientazo a schlager, con mucho en común con el palingsound. Lonely nights es tan alegre como una reunión de moribundos al atardecer en un hospital de Vorkutá, pero resulta agradable, melódica y me recuerda a una mezcla de Beatles y The Kinks en sus faceta más folk. Con End side one –se mataron con el título– finaliza la cara A con lo que vendría a ser una especie de homenaje de The Cats a Massiel, vamos digo yo. La letra dice algo así como la la la la la, la la la la, la la la la, la la la la... Más de dos minutos y medio de homenaje, amigos. 
 

Y con la misma (ausencia de) fuerza, energía, tralla y velocidad encaramos la cara B, ahora con la pizpireta Gipsy girl y cierto ambiente a western crepuscular con metales, cuerdas y un bajo muy marcado. ¿Queréis creer que me ha gustado la melancolía que transmite? Don’t know where to go es una cancioncilla que a estas alturas del álbum, con los oídos y el bulbo raquídeo acostumbrado a ese sonido, resulta incluso agradable y relajante. Y entonces, ¡la sorpresa!, una Country woman con sus punteos de guitarra eléctrica, ritmillo, blues rock y un ambientazo que hace que los del bareto que escuchaban My friend Joe se hayan levantado a hacer line dance y air guitar. Joder, finalmente Debra Mae va a comerse algún hot dog esta noche. If you’ll be my woman comienza con un piano que me recuerda el inicio de Imagine, aunque deriva a una pop-ballad que podrían haber cantado Mama Cass y sus compañeros de grupo. Why did you go nos vuelve a acercar a un pop digamos que incluso bailable, alejándonos del folk fiestero y finaliza el álbum con lo más cercano que estos tipos estuvieron del prog rock, un extensísimo tema de casi cinco minutos, triste a más no poder, titulado Winter’s end, con piar de pajarillos y todo. 
 









En resumen: Temas muy cortos, de tres minutos o menos, por lo que la experiencia total es intensa pero administrada en pequeñas dosis. Y si al acabar el disco no has cogido el coche en dirección a Segovia para tirarte desde lo alto de su acueducto, es que estás preparado para cualquier golpe que te dé la vida. Eso, o a lo mejor exagero y no es un disco tan execrable. 
 
 
Bonus: Para los que estén interesados, adjunto los enlaces a los álbumes mencionados al principio de la entrada. 
 
Bodine – Three times running aquí 
Gambler – Love and other crimes aquí 
Heaven – Where angels fear to tread aquí 
Zon – Back down to earth aquí 
 
¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla

Comentarios

  1. ¡Vaya combo setentoso que han sacao, la indecisión se apodera de mi ser. Voy a lanzar una moneda, Premiata o The Cats. El veredicto será difícil!.
    Muchas gracias #KING y #DISKOBOX...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo1/3/24 20:02

      Gracias a ti por tu interés. Yo los escucharía los dos, a ver qué pasa. Espero tus impresiones. Saludos KING

      Eliminar
  2. Pues me ha encantado tu entrada. He disfrutado mucho leyéndola. Para ser sincero, me ha gustado más el texto que el disco. Para mí se mueve entre Demis Russos y Juan Pardo, con tintes country rock y folk. En fin, lo has descrito perfectamente en tu reseña, con escenas campestres y bares country de mala muerte que ya no me voy a poder quitar de la cabeza en todo el día… Desde luego todo un descubrimiento, tanto el grupo, como el estilo en cuestión. Segovia me pilla un poco lejos, pero tampoco va a hacer falta una visita a la capital castellana. A cosas peores me he enfrentado y he salido indemne. Has dejado el listón muy alto en el apartado de joyas insospechadas de difícil clasificación… ¡Bravo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo2/3/24 12:00

      Jajajaja... sí, la verdad es que todos nos hemos enfrentado a cosas peores a estas alturas. Lo de Segovia, una exageración, como toda la entrada en realidad. Me alegro de que hayas disfrutado al leerla y que haya generado en ti esas imágenes. La verdad es que el disco no es tan malo y tiene algún momento bastante remarcable, pero en general no es para repetir a menudo. Saludos y gracias. KING

      Eliminar
  3. ¡Esto se avisa! "Rocko, ven con toallitas que te vas a cagar encima". Hostia la propuesta. Eso sí, me ha encantado leerte. Estoy escuchando los vídeos que añades al texto y, sinceramente, no hacían falta. La imaginación jamás hubiera llegado a esos extremos. Menuda cara se te quedaría al llegar a casa y pinchar el disco 😂 De vez en cuando hay que salirse de "la rutina". Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo2/3/24 19:07

      Jajajajajaj... hombre, si aviso me cargo la sorpresa. Eso sí, Country woman pensaba que te gustaría. Y sí, cuando llegué a casa pensando en qué joyita habría descubierto para fardar en el blog, se me puso cara de tonto. Ya entonces decidí que el día que hablase del disco sería lo más sincero y ajustado a las sensaciones que este me había provocado. Y aquí estamos. Total -como dice Diskobox, a cosas peores nos hemos enfrentado. Abrazo de vuelta. KING

      Eliminar
  4. Tienes que abandonar este blog con urgencia porque, inconscientemente, te estás haciendo un blandenguer de tanto hacer el esfuerzo y escuchar nuestras mierdas. Lo malo es que, como realmente no es lo tuyo, no se te da demasiado bien.
    Lo mejor del disco, además de que acaba, es imaginar tu cara cuando lo pinchabas y recordar que te gastaste el parné en este y no en el que estaba al lado.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo3/3/24 16:59

      Qué mala leche tienes, señor blandengue. Sin embargo, la música es divina e incluso en este álbum hay momentos salvables. Con cada escucha gana enteros. O casi. Sea como sea, sí, mi cara era un poema. Diez pavos que se fueron para que yo pudiese escribir esta entrada y aprendiese que en holanda había un estilo de música que se llamaba palingsound. Pues ni tan mal. Esperando escuchar otro de Sôber. KING

      Eliminar

Publicar un comentario

Otros crímenes...

Extremoduro - La Ley Innata (Warner Music, 2008)

  Hoy tenía preparada otra entrada correspondiente a esos discos que me marcaron al inicio de este siglo XXI. Pero con las pérdidas en el mundo del rock patrio que hemos tenido esta semana, todo ha volado por los aires. Ya sabéis que, si puedo y tengo disco, ante el fallecimiento de algún reconocido artista, hago un pequeño homenaje en nuestro blog ( Richard Davies , Tina Turner , Olivia Newton-John , Quincy Jones, RobertaFlack ). Esta semana, a falta de uno, dos maravillosos músicos han marchado hacia la inmortalidad. Sólo tengo vinilo del grupo de uno de ellos, que no tenía pensado traer por aquí porque ya han aparecido varios trabajos suyos. Pero mira, también podría entrar en discos del dos mil y pico que me han golpeado de una u otra manera. Jorge , siento no tener un plástico tuyo del que hablar, así que hablaré de La Ley Innata de los Extremoduro de Robe Iniesta . Pero el homenaje va también por ti, claro que sí. En común tenéis que os vi a los dos en sendos directos con...

King Diamond - Fatal Portrait (Roadrunner Records, 1986)

Fatal Portrait es uno de esos discos –no me pasa con tantos, no creáis– del que recuerdo perfectamente lo que hacía y la sensación que me inundó la primera vez que lo escuché, algo que no voy a repetir porque ya lo expliqué aquí . Sin embargo, lo que no conté entonces y que ahora –cuarenta años más tarde, se dice pronto– puedo compartir porque ya ha prescrito hasta la vergüenza con la que durante un tiempo recordé mi comportamiento, es que a algunas de las clases de la universidad asistía con un vaso de Martini Bianco en la mano y varios en el cuerpo, en especial a las de análisis matemático de primera hora de la tarde, clases en las que –obnubilado por el alcohol– canturreaba el tema Dressed in white , siendo el punto álgido la llegada del verso She carries a secret and where she must go... You’ll never know con la voz en falsete de King , a lo que mis compañeros asistían con risa nerviosa –lo que por entonce...

BARÓN ROJO: En un lugar de la marcha (Chapa, 1985)

Yo no tengo, ni me acerco, al número de vinilos que tenéis todos y cada uno de los participantes de este blog. Pero de vez en cuando se presenta la oportunidad o último resquicio para comentar un clásico que no ha sido destripado por la insigne parroquia presente. En mi época, once upon a time, entre los amigos había una sana e inexplicable rivalidad entre Iron Maiden y AC/DC y entre Obús y Barón Rojo , por ver cuál era el mejor. En fin, yo era de Maiden y de Barón. Y lo defendía con puños y dientes. El amor y la admiración por los dos ha llegado hasta estos tiempos modernos. Es raro que varias veces al año no tenga una enfermiza necesidad de escuchar durante varios días todos los discos clásicos de estas bandas. La última crisis que tocaba fue con Barón Rojo . Y una vez abierta la veda a comentar clásicos sin ningún tipo de vergüenza, como debe ser, me atrevo a traer lo que considero el último gran disco de nuestros queridos Barón Rojo .  No voy a relatar aquí las archiconocida...

Work Force – Work Force (Scotti Bros. Records, 1989)

  Anthony Joseph Scotti fue actor, cantante, productor de televisión y cine. Pero no le traigo a nuestro blog por ninguna de estas facetas y por ninguna de estas razones. Scotti, Tony, sale a colación porque a mediados de los años setenta formó, junto a su hermano Benjamin, la discográfica y productora musical Scotti Bros. Records. Y esos señores, amiguitos y amiguitas, sí que tiene valor, peso y enjundia para nosotros, vinileros de pro, pues ficharon y grabaron lo mejorcito de Survivor. Sus primeros éxitos le llegaron de un tal Leif Garrett y el catálogo incluye a gente tan dispar como Iron Horse (algún día los traeré por aquí), Stan Bush, John Schneider, James Brown, Ya Ya, Robert Tepper y algunas bandas sonoras blockbuster (Cobra, The Transformers, Rocky IV, Lady Beware). Guilty pleasure. En ese catálogo, en 1989, incluyeron a un grupo comandado por los hermanos Henry: Rick al bajo y la guitarra, Scott, a las baterías, y Ralph, a los teclados. Una especie de familia orquesta, co...

The Joe Perry Project - Let the Music Do the Talking (CBS, 1980)

  La semana pasada tristemente nos dejó Jack Douglas , uno de los míticos productores rockeros de las últimas cuatro décadas. No tengo falta de escarbar mucho ni de ser rebuscado para encontrar " Rocks "," Toys in the Attick" , el debut de Cheap Trick , " Violation " de los nunca suficientemente valorados Starz o el "Ridin' High" de los canadienses Moxy entre mis favoritos de su vasto trabajo.  Con Aerosmith tiene una historia para escribir un libro por lo menos; además de los discos mencionados anteriormente dejó huella en el visceral " Get your Wings ", el drogota " Draw the Line " o el magnífico en mi opinión e infravalorado " Rock in a Hard Place ".  En algunos momentos fue hasta el sexto miembro de los de Boston componiendo la fantástica "Kings & Queens" e involucrándose en mierdas que iban más allá de lo profesional.  Cuando Aerosmith estaban en el dique seco en plena grabación de "...

Rosendo – Deja que les diga que no (DRO, 1991)

  No podía pasar el día de hoy, 15 de mayo, San Isidro, patrón de la ciudad de Madrid, sin traer un disco de algún artista de "El Foro". Y quién mejor que este madrileño de barrio, el de Carabanchel, para más señas, monumento inmaterial del rock en español y artista querido por varias generaciones de peludos (y no tan peludos).  Y lo hago con su quinto disco en estudio, editado en 1991, el que, en cierto modo, significó un giro en su carrera: no tanto en lo musical, que nunca ha sido de grandes experimentos, si no más bien en lo organizativo, en el acompañamiento. Cambio de compañía discográfica, cambio de músicos y de productor.  Cuando este disco vio la luz, Rosendo llevaba casi veinte años subido a los escenarios, desde aquellas primeras luces con una banda de versiones llamada Fresa . Siguieron sus primeros pinitos con Jose Carlos Molina en los iniciáticos Ñu para acabar pasando a lo más gordo de la Historia de la música popular de nuestro país con Leño . Tras seis ...