viernes, 7 de febrero de 2014

Kris Kristofferson - "Me & Bobby McGee", 1971

Confieso que hace no demasiado tiempo Kris Kristofferson suponía para servidor poco mas que un atractivo cantante que había participado en un puñado de películas, normalmente del oeste, con mas pena que gloria.
Evidéntemente estaba equivocado, pues ni su carrera como actor merece tal simplificación, ni mucho menos su andadura como cantante y compositor es de recibo que sea considerada de forma tan fría, superficial y sobre todo injusta, además de quedar claro mi total desconocimiento sobre todo lo que a este artista hace referencia.

Un buen amigo, capitán de la nave blogera "The Mansion on The Hill" que ahora se encuentra en un merecido descanso, fue quien me saco del error gracias a la recomendación del último disco grabado por el texano y por extensión del resto de su brillante y meritoria carrera.
Y la verdad es que resulto reveladora la escucha de este último álbum titulado "Feeling Mortal", tanto es así, que no había manera de escuchar otra cosa durante unos días, en resumen que pedí sopitas a sabios del genero que viste botas y espuelas y mis plegarias fueron escuchadas, me acercaron los dos primeros trabajos del songwriter, y a partir de ahí la rendición que firmé, cosa que hice con gusto, me ha convertido en rehen de la música, la voz y el encanto intrínseco del sonido de este fantástico y genial autor e interprete de country, country en mayúsculas.


Pero hoy quiero hacer una humilde reseña de otro disco, de otro, vinilo lógicamente, que adquirí en la última feria del disco que se celebró en Bilbao hace aproximádamente un mes.
"Me & Bobbi McGee" fue uno de los discos que me acercaron, con un setlist coincidente en temas con el debut del músico, este es el segundo, mas breve, de la serie de los muchos, varias docenas, publicados por este, encima, prolífico artista, me atrapó de inmediato, igual que los otros que ya tenía computados hasta la fecha, así que verlo en los cajones, en buen estado y a un precio mas que razonable me hizo adquirirlo sin dudarlo ni un  minuto, y de esa manera ha llegado hasta aquí, hasta las paginas de La Comunidad del #FFVinilo este viernes.

Este segundo esfuerzo supone una continuidad estilística con respecto al álbum debut de Kristofferson, continuidad también en la esencia de los temas, basados de el virtuosismo interpretativo, maravillosa voz, que mantiene en la zona central de la tesitura un color y lustre vocal de incuestionable uniformidad tímbrica, con acentos broncíneos y oscura tonalidad pero que es capaz de elevarse a la zona aguda sin perder ni color ni anchura en el torrente, siempre controlado y discreto, lo que hace de su canto un ejercicio de balsámicas consecuencias para el oyente y queda plasmado como una demostración de aristocracia en cuanto al fraseo y elegancia en la impostura vocal, una delicia de cantante.
Las composiciones no se quedan atrás, ritmos cadenciosos y lineas amables, relajado discurso melódico y belleza en la estructura que permite que el vestido instrumental sea sutil y tenue, basado en acústicas que acompañan el discurso canoro y detalles sonoros que hacen de guarnición a la sencillez, divina sencillez, de la propuesta sónica, guarnición basada en algunos fiddles y cuerdas de innegable procedencia texana.
El set-list, compuesto por doce cortes que compiten entre si por demostrar cual de ellos cuenta con mas intensidad y emoción, una batalla que deja olor a maíz recién cocido y sabor en el gaznate a licor de zarzaparrilla, además de una sensación de paz, de estar agusto con uno mismo, la satisfacción de un trabajo, el de vivir, bien hecho.


Canciones para escuchar con la vista perdiéndose, libre, volando y dejándose llevar por los oníricos sonidos que exhala el ampli, en un rojo crepúsculo, al aroma de una pipa y una taza de té, mientras el whiskie ingerido diréctamente de la botella te ayuda a que sea el sueño reparador el que tome el relevo a Kris en la labor de relajación e intensificación de la recepción sensorial del feliz oyente que poco a poco cae presa de Morfeo...Mañana mas y mejor...
Por destacar algún corte, con lo que esto trae de injusticia por mi parte, destacare la apertura con la mas rica en el ámbito instrumental y con aire de marcha sureña y fuertes connotaciones polítias e ideológicas que abre el disco: "Blame It On The Stones" que eleva el espíritu en una suerte de tranquila euforia.


La célebre canción que da titulo al disco, por todos conocida en la voz de La grande, en la inolvidable versión de Janis Joplin para su último disco, que nada desmerece la versión original que aquí nos encontramos, mas generosa y confraternadora en la visión del artista de Brownsville.
Viva y con alegría en cada centímetro de su tejido discurre la juguetona "Best Of All Possible Words", inequívocos acentos country en la lírica y crepuscular "Help Me Make Me Throug The Night".
Un jinete huyendo de si mismo, vagando bajo el homicida sol del desierto, pensando en ella, es donde nos traslada la bella apertura de la cara B en la maravillosa "Casey's Last Ride".



Belleza y paz en las líricas y sencillas "Just The Other Side Of Nowhere" y "For The Good Times".
Y se acaba el disco, que se entrega a la eternidad con ese canto a la habitualidad que es "Sunday Mornin', Comin' Down".


Solo me queda agradecer a Mansion la demostración de sabiduría y generosidad proponiéndome la escucha de este grande y la disposición de Emi caballero y comandante de la comunidad Americana, por facilitarme este disco irresistible y emocionante.

1 comentario:

  1. Todo un soplo de sonidos añejos que se agradecen, de vez en cuando conviene dejarse llevar por la brisa campestre y tomarse unos jack daniels... ahora no puedo escuchar el "Blame It On The Stones" pero la versión que aparece en el festival de Whigt es una versión de lo mas beoda. Buen disco.

    ResponderEliminar