viernes, 22 de noviembre de 2013

The Beatles - "Revolver", 1966, Los Milagros existen...





Menos mal, me decía un compadre el otro dia, que siempres estas diciendo que los ochenta es la peor década para la música, y ambas cosas son ciertas, que es la peor década para la música, al  menos de las que servidor en su todavía distinguible juventud ha vivido, y que siempre lo estoy diciendo, aunque esto responde más a un caracter de claro tono pesadezco que uno tiene a mal de poseer de forma innata.
El comentario, lascivo y malintencionado venía a propósito de que mis tres primeras entradas en este santo lugar han tenido como protagonistas a tres discos, todos ellos ochenteros; y como la realidad es la que es y no tengo forma ni modo de despistarla, pues a asumir toca y claro, a cambiar de rumbo al menos esta semana, por narices.
Así que me puse a pensar sobre que elepé podía escribir algo, finalmente me decante por uno, setentero, agradable y de bonita portada además, que es conocido, pero no se trata del clásico manido y asimilado por nuestras neuronas hasta el rechazo por puro empacho auditivo.
Le hice unas fotos monísimas a la carátula y al vinilo, me lo pinche y lo recordé...un buen disco, hacia tiempo que no lo escuchaba...estaba todo preparado para empezar a trabajar en el texto.
Y de repente, todo se fue al carajo…¿Porqué?. porque hay cosas que son superiores al poder de la voluntad humana, momentos que son consecuencia de carambolas que de forma azarosa crean instantes, que aún durando escasos segundos, son capaces de filtrarse por tu piel y llegar cual estilete, a arañar, dulcemente eso si, tu corazoncito haciendo que tu voluntad de marcha atrás y donde dijo digo ahora diga Diego.
El tema fue el siguiente, caminaba con mi padre por la Gran Via bilbaina, allí donde confluye con la Plaza Circular, donde podemos, si queremos, ser testigos de la impúdica exhibición de especulación y consumismo, ambas venidas a menos,  representada a ras de acera y que tiene como intérpretes destacados a los más famosos almacenes de este país haciendo manitas con los bancos de más relumbrón, cojidos por el talle, coqueteando con uno fijado a su lado y haciendo ojitos, indecentemente infiel, al otro que desde la otra acera contesta con lascivos y grotescos movimientos de su boca de dorados pomos y gruesos vidrios, puerta donde entran y salen corazones, desesperados unos, ambiciosos otros, con síndrome de abstinencia de verde billete otros, en resumen un trio de engaño y traición que se presenta indecorosamente a la vista de todos, y todos son muchos, taxis, autobuses y furgonetas de reparto, maquinaria contaminando aires y cuerpos, paces y silencios, filtrándose en las conversaciones, inundando de ruido humeante los oídos y de humo ruidoso los pulmones de los no menos ruidosos ciudadanos que andamos, vista al frente, apresurados por cualquier cosa que sin duda puede esperar, ignorando desde nuestra estresante situación todo lo que ocurre a nuestro alrededor, todo, lo bueno también.


Yo el otro día estaba inspirado porque tuve un segundo de paz entre la vorágine de gente, el estrépito de móviles sonando, o siendo agredidos sus corazones de plástico por vociferantes conciencias que entienden como suyo el espacio de paz de los demás.
No se como pudo ocurrir pero entre los silbatos de los que se manifiestan a favor de la custodia compartida, los vendedores ambulantes vociferando la realidad de plastico de sus bolsos D&G y el claxon del jubilado pijo, pero ahora menos, y que en su hoy viejo mercedes esta apunto de sufrir un infarto porque llega tarde a recoger al bus al nieto, y es que hay que ahorrar que la gestoría familir no da para tanto como antes…
En este teatro de la decepción, este monólogo de la infelicidad, este ruidoso retrato de los escombros del estado de bienestar, hoy territorio comanche del monedero, entre todo este caos se produjo el milagro.
El milagro es, de tan puro sencillo desolador, deja en mal lugar a los milagros al cadecer de esa vitola de magia que se supone tiene que tener un milagro que se precie.
Entre el sonido gutural y sombrío del ser humano actual en su existir, un sonido, como venido del cielo y perdido en la ciudad, llegó a mis oídos, (como decía Risi), una melodía de guitarra acústica que salía explulsada de un viejo altavoz posado en la acera, una  melodía que daba un toque de paz a aquella ensalada de estrépitos, a aquella locura colectiva de centro neurálgico urbano en hora cumbre, una melodía osada, osada para adentrarse en ese laberinto de espejos que es la Gran Vía a últimas horas de la mañana cuando el enfado acumulado en el personal se mezcla con el hambre del mediodía y la falta de tiempo para atender a esta, y en ocasiones, la falta de dinero para darle un capricho.


Una melodía casi kamikaze, pues nace condenada a morir minutos después desintegrada por la indiferencia general que no le da las vitaminas que el arte necesita para vivir, que no le da los motivos que la música tiene para perdurar, que no le presta lo que tiene como objetivo intrínseco una obra artística: atención.
El efecto que su llegada provocó en mi fue casi violento, de una dulce y reconciliadora violencia, como un resorte agarre a mi padre, que caminaba por la acera como si de una pista de patinaje se tratara, esquivando viandantes más tranquilos y relajados en su caminar que mi desocupado y pensionista progenitor, asiéndole del brazo le obligue a detenerse, cosa que hizo con extrañeza y alarma en el rostro, nos detuvimos en la acera, dando la espalda al músico callejero que sentado en una banqueta de playa acariciaba una vieja guitarra electroacústica, la acariciaba con mimo y firmeza, haciendo vibrar las cuerdas con determinación y fuerza, con la energía que da la desesperación, con la entrega que da la esperanza, con el sentimiento que da el amor, el, a pesar de todo, amor a la música, a la belleza, a la vida…
Después de unos segundos escuchando esos sonidos, ese arpégio magistrálmente interpretado, después de unos segundos en los que el mundo se calló, al menos en mi cerebro se callo, cual minuto de silencio en ruidoso campo de fútbol, dió una tregua a mi semana, dejando que la vida me obsequiase con unos segundos de magia, afortunado yo, que estaba en el lugar oportuno y en el momento adecuado.
Con la última nota que subio a suicidarse a las alturas contaminadas del cielo de Bilbao, tras esa nota bella y demasiado pudorosa para mostrar su sacrificio a ras de suelo ante la indiferencia de todos, decidiendo disolverse en mis oídos, mezclarse para siempre en los caudales de sangre que circulan por mi interior dejando posos de belleza en los vericuetos que rigen la memoria en mi cerebro, dejando un momento inolvidable para siempre en mi...Después de pagar al guitarrista, argentino, que contesto con un sonrriente: -gracias-..Gracias a usted, contesté, gracias por intentarlo, gracias por tocar entre la locura una melodía tan hermosa como “Here, There and Everywhere”, gracias por traer a los Beatles mas románticos a la anticlimática e indecente realidad del tráfico enloquecido de Bilbao, por depositar en los adoquines sucios de la ciudad unas gotas de pedecero pero dulce nectar.


Inmediatamente decidí cambiar al protagonista del vinilo de esta semana, este solo podía ser el portador de el tema heróico y martir de la semana, solo podía ser este Revolver que The Beatles,quienes en plena efervescéncia creativa y social grabaron en 1966, continuando con la carrera hacia la inmortalidad músical que unos meses antes comenzaron con la grabación de Rubber Soul y que aquí continuaban pero mas intensamente, con mas influencias externas y con mas introspección.
Francamene pretendeer hacer una lectura renovada y que aporte algo a lo ya dicho sobre este disco, obra angular de sus autores y album imprescindible en la historia de la música popular, es absurdo e imposible, por lo cual seré tópico y redundante pero también escueto y breve.
En Revolver nos encontramos, dividido en 14 cortes a cual mas inspirado, una amalgamade estilos y particularidares musicales, que genialmente convinadas, por unos chicos en pleno big bang creativo, dan como resultado un disco coherente, cosa increible con todo lo que se junta en estos surcos, con influencias ya claras, de la música india que traen en las neuronas de sus recientes experiencias en oriente y que de la mano de John y principalmente George, Paul no tiene ni un ssegundo oriental en su aportación, nos dejan sonidos que aportan un toque meditabundo y exotico a los rocks acidos de “Taxman”, psicodélicos de “Dr. Robberts” y “I’m Only Sleeping” y melódicos de “I want to Tell You”.
Las baladas aparecen de la mano de un inspirado Paul McCartney que tras una breve experiencia en el cine como compositor de bandas sonoras, vuelve con unos sonidos en la cabeza de un cierto alejamiento del rock y un acercamiento mucho mas evidente a la música orquestal, esto se nota en el fabuloso y soulero “Gort to Get You Int My Life” y la maravillosa balada “Eleanor Rigby”, dos baladas acusticas, sencillas pero de una belleza inconmensurable nos transportan a un paraiso sonoro: “For No One” y nuestra protagonista “Here, There and Everywhere” compiten y empatan una vez tras otra en belleza, y lo único mas luminoso que la optimista “Good Day Sunshine” es la voz de Paul.


Rock bailable y pegadizo en la Lennoniana “And You Bird Can Sing”, tema absolutamente demoledor ritmica y melódicamente. Y psicodelia, pura y dura en “She Said She Said”, “Love You To” y principalmente en la extraña pero sugestiva “Tomorrow Never Knows”.
“Yellow Submarine” es un juguete de caprichosa melodía que esta injustamente menospreciado, entiendo que es un tema con un cometido claro y que lo cumple fielmente, ¿Quien no ha cantado en una noche etílica ese estribillo abrazado a los colegas?...pues eso.
Obra maestra sin posibilidad de debate a este respecto, albúm portador de varios temas que son delicatessen y masterpieces absolutas y en el que, al menos por esta semana, me váis a permitir que destaque “Here, There and Everywhere”.
Hasta la semana que viene.




4 comentarios:

  1. Uno de los mejores discos del grupo que, por suerte, tengo en mi pequeña colección. Su presentación, como siempre, magnífica!

    Saludos

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  2. Si el texto no deja mi cabeza tranquila, las fotos me han encantado. La mezcla de vinilo añejo con tecnología cibernética portátil me ponen, esa mezcla de cosa vieja y sílice del siglo xxi, de software de otra época con hardware del hoy en día. En fin, cosas mías. Si no mi disco favorito de The Beatles, el que, posiblemente, más he escuchado.

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  3. Sseñores: Todos de acuerdo que uno de los mejores de Fab Four, sin duda, celebro que os haya gustado el post, son paranoias mias que me gusta contar a los colegas y os aseguro que son veridicas, pero de las de verdad jajaja, lo de las fotos responde a algo mucho mas mundano que prometo te contare Rockoligi aTwit...
    Buen fiendesemana...

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