viernes, 14 de marzo de 2014

Motörhead - Another Perfect Day - 1983

Hay discos que por una u otra razón fueron mal recibidos en su día. Son ese tipo de discos malditos. Discos olvidados que merece la pena rescatar.

Este disco no es que lo tenga olvidado precisamente. De echo es uno de mis favoritos de la banda. Pero es un trabajo que en su día levanto muchas ampollas entre aficionados y crítica.

Como ya he dicho, es mi disco preferido de la banda porque fue con el que los descubrí.


Llevaba poco tiempo en esto del heavy metal pero por supuesto yo ya tenía mi sudadera de Motörhead, era la más fácil de conseguir por esos años, pero aún no había escuchado nada de la banda de Lemmy. Por referencias sabía que con mucho eran los tipos más sucios y peligrosos del territorio heavy. Una mañana de verano pasé por un quiosco y las letras rojas de una revista llamaron mi atención. HEAVY ROCK, y en ella aparecían Motörhead con su nuevo guitarrista, Brian Robertson. No me lo pensé dos veces y  la compré. Joder una revista de música heavy, y estaba recién parida ya que era el numero 4. Cuando llegué a casa la leí de cabo a rabo. Coño, que grupos más raros salían. Twisted Sister, con un tipo maquillado como una puta loca me dejaron flipando. También había una crónica de un concierto de Maiden en el Marquee y  tenían unas pintas cojonudas. Llegados al reportaje de Motörhead, ya daban a entender que la inclusión del nuevo guitarrista traería cambios en el sonido. Más melodía, punteos más largos y una perdida de suciedad en su sonido. Pero a mi me parecía lo más guay del mundo, así que corrí a la tienda y me hice con el.

En números sucesivos quedaba claro que el disco no había contentado a nadie  y el recibimiento que en los conciertos los fans más radicales, es decir, todos, hacían al nuevo guitarrista,  dejaban  claramente que este no era bienvenido. Insultos, escupitajos….. Y es que después de la trilogía “Bomber”, “Overkill” y “Ace of Spades” y el paréntesis que supuso “Iron Fist”, “Another perfect day” se alejaba bastante de los derroteros habituales del grupo.


Cuando la aguja comenzó a descifrar lo que se escondía en los surcos,  me quedé alucinado. “Back At The Funny Farm” comienza con el característico sonido del bajo de Lemmy, y es que jamás un bajo sonó tan bien. La áspera voz era como si te vomitasen encima y la batería aunque no se escuchaba demasiado bien, la producción dio más presencia a la guitarra de Robertson, sonaba demoledora. La labor de del nuevo guitarrista totalmente excepcional. El resto del disco, una autentica descarga electrizante que fue menospreciada por el público y por la propia banda,  que con el paso del tiempo, han retomado en sus directos canciones de este álbum que no tiene nada que desmerecer a sus obras más conocidas.

Acostumbrado a los desvaríos sinfónico-psicodelicos de Purple, Zeppelin o Uriah Heep, las descargas decibélicas en mi habitación cada vez eran más potentes, Judas, Maiden, AC/DC y las hordas de estos tres forajidos llenaron  mis oídos con música celestial. 

3 comentarios:

  1. Me encanta este álbum. Yo lo tengo en cedé y creo que el trabajo de Robertson encajaba muy mal en el estilo Motör, pero como obra musical independiente es una joya. Fantástico.

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  2. Yo también me compré el cd con el tiempo. Todos los vinilos de esa época que me gustan que son muchos, me los compré en cd. Puro vicio.
    Ciertamente el estilo de Robbo no pegaba ni con cola pero hace una gran labor y el disco suena demoledor.

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  3. Independientemente de "la marca" Motorhead, este disco es la leche, a mí me encanta el trabajo de Robertson. Bien es cierto que el propio Lemmy ha hablado pestes de él, aunque en estos últimos años han recuperado algún tema en los directos. Otro disco "incomprendido" por el "gran" público del rock.

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